SEMANA SANTA FE

Cerrar o abrir, esa es la cuestión

Ante la salida de Borgonovo, Perotti se enfrenta a una disyuntiva: recostarse sobre el círculo de confianza o integrar a otros sectores. No tiene apuro.

Omar Perotti no va a apurar el paso. Esteban Borgonovo estaba afuera del gobierno, lo sabía desde hacía rato. Solo se le adelantó al gobernador, que esperaba su salida a fin de año. Sin Plan B, el rafaelino consulta con su almohada el o la reemplazante del rosarino. Cerrarse sobre el círculo chico de confianza o jugar al aperturismo es la disyuntiva que lo inquieta.

 

Borgonovo y su equipo les habían adelantado la semana pasada a varias personas que darían un paso al costado, pero el gobernador no esperaba su movimiento. Nunca terminó de reconocerlo como su número dos, su interlocutor válido ante propios y extraños. Como vuelto, tras presentar la renuncia, el rosarino hizo una ronda de medios y acusó una “falta de respaldo explícito” por parte del mandatario.

 

Borgonovo también se metió con el estilo de conducción de Perotti, a quien le gusta “estar muy encima de todos los temas”, según el funcionario saliente. Dijo lo que el grueso del peronismo piensa y siente. El rafaelino concentra el poder al extremo y, por ese motivo, de ahora en adelante lo que se pone en juego en la designación es la característica central del post Borgonovo. “El tema no es el nombre, sino si puede realmente ser un negociador o un simple delivery de pedidos y respuestas”, dice un pasillero de la Casa Gris.

 

Perotti, que no larga prenda ni a sus manos derechas, se enfrenta entonces a un dilema. Ante la salida de la pandemia dura, podría relanzar su gabinete y presentar nuevos nombres, aires de renovación y frescura, pero puede, por otro lado, mantener lo conocido, el círculo de confianza que le es fiel y reporta sin condicionamientos.

 

Ese es el debate que se cocina por estas horas en la mesa chiquitísima del gobernador. Cerrar o abrir. Descansar en su círculo de confianza o apostar tomando riesgos. El gobernador es más propenso a recostarse sobre sus conocidos y conocidas, pero sus cercanos piensan que es momento de dar otro mensaje, de mayor apertura al peronismo que días atrás renovó su unidad.

 

 

 

Provisoriamente, el ministro de Gestión Pública, Rubén Michlig, absorbió Gobierno. Soldado amagó con renunciar más de una vez y es candidato a despedirse antes de la venida de la sidra y la fruta abrillantada, pero se mantiene estoico ante los desplantes y el enfrentamiento que tiene con su par de Economía. Marcos Corach, el secretario que se mueve como ministro o jefe de Gabinete, tiene toda la confianza de Perotti y es más que probable que ascienda en el organigrama.

 

Si la idea del rafaelino es contener al círculo chico, un nombre que suena y resuena es el de Celia Arena, como reveló Letra P. La actual secretaria de Estado de Igualdad y Género conoce a Perotti desde la universidad y fue su jefa de asesores en el Senado. Tiene todos los atributos para auto reconocerse como perottista.

 

 

 

Sin embargo, si el objetivo no es reacomodar sino rearmar, Perotti tiene una paleta de colores más amplia. El titular de Trabajo, Roberto Sukerman, ligado al ministro Agustín Rossi, es una opción. Significaría un enroque de piezas, pero el exconcejal rosarino podría dotarle de una impronta sustancial a la cartera política. En esa línea de apertura, el edil de Rosario Eduardo Toniolli fue sondeado varias veces en el año para integrar las filas del gobierno. También se menciona al exdiputado nacional Alejandro Ramos, enfocado en una consultora privada tras su paso por el Congreso.

 

La decisión es de Perotti. El nombre que elija hablará de su perfil. Renovará su estilo o ampliará sus márgenes. Después, le tendrá que dar juego a esa pieza. ¿Cuánto? Poco o mucho, se verá.

 

Maximiliano Pullaro, Pablo Javkin y Patricia Bullrich
Reunión de intendentes y presidentes comunales del peronismo de Santa Fe en la localidad de Pérez .

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