03|12|2020

Trump y Biden coquetean con una crisis inédita que Argentina mira de reojo

28 de octubre de 2020

28 de octubre de 2020

Un proceso discutido como nunca. La relación con la región no es prioridad, pero el país tiene mucho que ganar y que perder. La negociación con el Fondo. 

Las elecciones del martes próximo en los Estados Unidos enfrentarán dos modelos con marcadas diferencias a nivel interno y similitudes en el externo, en un contexto polarizado. Son casi nulos los puntos de acuerdo entre el republicano Donald Trump y el demócrata Joseph Biden, pero uno de ellos es la magnitud que le brindan a estos comicios que no han dudado en calificar como “los más importantes de la historia”. No es la primera vez que se dice esto, pero no hay dudas de que, este caso, el pueblo estadounidense elegirá algo más que al inquilino de la Casa Blanca. La región y la Argentina, atentas. 

 

Como indica la tradición vigente desde 1845, el próximo martes se realizarán las elecciones indirectas para elegir a los 538 integrantes del Colegio Electoral, que serán los encargados de designar a la fórmula presidencial ganadora en diciembre. Además, se renovarán las 435 bancas de la Cámara de Representantes, un tercio de los asientos del Senado (34) y 11 gobernaciones, entre otras votaciones subnacionales y referéndums estaduales. El contexto nacional está marcado por una superposición de distintas crisis: la sanitaria, con récords recientes de más de 80 mil contagios de covid-19 diarios; la económica, con predicciones del FMI sobre una caída anual del 8% del PBI, y la social, con las protestas contra el racismo endémico más importantes de los últimos 60 años. 

 

 

Fuente: Johns Hopkins University.

 

 

Para ser presidente de los Estados Unidos, no se trata de ganar la elección popular a nivel nacional, sino de obtener la mayoría de 270 miembros en el Colegio Electoral. Esto hace que la jornada se defina en los swing states, una serie de estados que cambian de partido ganador de una elección a otra. Este año, los más importantes serán Michigan, Pennsylvania, Carolina del Norte, Arizona, Florida y Wisconsin. Si no ocurre ningún imprevisto mayor en los próximos días, Biden ganará el voto popular, pero eso no le garantizará ser presidente. Su partido ganó en votos seis de las últimas siete elecciones, pero solo llegó al poder en cuatro oportunidades. La última derrota fue justamente contra Trump, que recibió casi tres millones de sufragios menos que Hillary Clinton. El voto popular y las encuestas muestran hoy como vencedor a Biden, pero lo mismo decían en 2016 y los que festejaron fueron los republicanos en el hotel Hilton de Manhattan.

 

 

 

Este año, las elecciones tienen dos agregados extra peligrosos: la pandemia y las denuncias de fraude hechas por Trump, en lo que se inscribe su negativa a garantizar una transición pacífica del poder en caso de perder.

 

El covid-19 generó un voto masivo por adelantado y por correo -que Trump denuncia como potencialmente fraudulento-, algo que podría generar un retraso en el recuento de algunos swing states, como Michigan. Su secretaria de Estado, Jocelyn Benson, anunció que el escrutinio que comenzará el martes a la noche podría tardar “una semana”.

 

 

 

Un escenario en el cual ambos postulantes se proclamen ganadores en distintos estados y que sea la Justicia la que deba definir al vencedor en un proceso lento y burocrático, con una sociedad polarizada y en buena medida armada, se vuelve más probable a medida en que se acerca la jornada. El país que se proclama como bastión de la democracia mundial corre el riesgo de adentrarse en una crisis institucional. 

 

 

 

El ganador de esta nebulosa electoral será uno de los líderes más importantes del mundo, por lo cual la región y Argentina esperan la decantación del proceso para acomodarse al devenir de las relaciones. La política exterior no estuvo en la agenda preelectoral, pero los comicios son determinantes para el mundo por el carácter de potencia de Estados Unidos. Los candidatos muestran muchas diferencias fronteras adentro, pero algunas coincidencias hacia afuera: el control del ascenso de China al primer nivel mundial es el principal tema a tratar y ninguno coloca a América del Sur como prioridad.

 

Para la Argentina, del otro lado de la balanza bilateral hay un presidente conocido pero imprevisible y un candidato, Biden, por conocer.

El gobierno argentino espera con atención el resultado en clave económica debido a la influencia de Washington en la reestructuración de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), uno de los puntos que coacciona la política exterior de Alberto Fernández. En diálogo con Letra P, el director de la Maestría en Política y Economía Internacionales de la Universidad de San Andrés, Federico Merke, aseguró que, “hasta ahora, Fernández manejó bastante bien” la relación bilateral.

 

Si bien destacó que “puede tener más similitudes con Biden”, eso no significa que “compartan una mirada del mundo”, porque el demócrata se muestra más cercano a forjar alianzas con Europea y el Pacífico. 

 

Para la Argentina, del otro lado de la balanza bilateral hay un presidente conocido pero imprevisible y un candidato por conocer, ya que Biden fue vicepresidente cuando Barack Obama encabezó un gobierno con el que al kirchnerismo, aseguró Merke, “le costó alcanzar un equilibrio fructífero”. “Trump se muestra más transaccional y egoísta, mientras que Biden lo hace como más dialoguista y multilateral”, profundizó. “Es probable que Fernández vea en Biden un líder con quien hablar de cooperación, solidaridad y multilateralismo, palabras que hoy están en el centro de nuestro interés nacional”, agregó. 

 

Para ningún candidato la región es una prioridad y no difieren demasiado sobre los temas de agenda: crisis venezolana, relaciones económicas e inmigración con México, el futuro cubano y frenar el ascenso chino.

 

 

 

“Trump no tuvo una mirada regional sobre América Latina”, aseguró Merke y recordó que solo realizó un viaje a la región: la Cumbre del G20 en Buenos Aires. “Biden intentaría construir una narrativa cercana a la de un futuro compartido y buscaría introducir otros temas como la pobreza, el cambio climático o la inversión en infraestructura”, completó. 

 

A menos de una semana de unos comicios trascendentales, distintos estados y diferentes esferas del poder en Washington buscan evitar una crisis nacional a partir del resultado. El mundo, la región y la Argentina también esperan, pero para evitar posibles convulsiones que atenten contra sus intereses. A ninguno le conviene fallar.