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“El proyecto de aborto legal del Presidente alinea al bloque oficialista”

La diputada del FdT Mónica Macha confía en que haya ley este año. Dice que están contando los votos. Le preocupan los ataques a quienes están a favor.

Por 27/10/2020 17:06

Mónica Macha es diputada nacional por el Frente de Todos y preside la Comisión de Mujeres y Diversidad, después del desdoblamiento de la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia (la otra es la de Familias, Niñez y Juventudes). “Todo lo que no era un varón héteronormado entraba en esa comisión", bromea en la entrevista con Letra P.

Macha destaca la cuarentena como estrategia para reforzar el sistema de salud, pero cree que faltaron otras miradas, como la de la psicología. “No lo digo por una cuestión corporativa, sino para poder ubicar los niveles de incertidumbre, de angustia, de malestar, que son absolutamente esperables en una situación como esta”, explica.

Entre los pendientes más relevantes, la diputada prevé empujar el tratamiento de la ley de Obstétricas en el Senado, la creación de Casas de Partos y Nacimientos (espacios con habitaciones preparadas para atender partos y nacimientos respetados), el proyecto de Paridad y Participación Equitativa en los medios de comunicación y, por supuesto, la interrupción voluntaria del embarazo.

 

BIO. Psicóloga, con una maestría en Epidemiología, Gestión y Políticas de Salud. Es “sanitarista”, dice, “para abreviar el nombre”. Compañera en la vida y en la militancia de Martín Sabbatella. Tuvo su primera responsabilidad política en el municipio de Morón, en 2003.

Zoom. Macha, con Letra P.

 

-¿Cree que la pandemia es un impedimento para que el Ejecutivo envíe el proyecto de legalización del aborto al Congreso Nacional?

-Hoy, a la complicación que tiene el sistema sanitario lo tensiona aún más esta situación de mujeres o personas con capacidad de gestar que llegan al hospital con un aborto incompleto, con un aborto clandestino, inseguro y ocupan camas de internación que son de terapia intensiva cuando se trata de pacientes graves y, si además requieren algún tipo de intervención quirúrgica, también quirófano. Todo esto se resolvería en términos sanitarios con la legalización. Además, los abortos seguros y los abortos vinculados a la gratuidad son acciones ambulatorias, de baja complejidad. La dificultad tiene que ver con la falta de movilización. En las fechas en que trabajamos el proyecto de interrupción voluntaria en 2018, la movilización enorme que tuvimos fue muy importante. En este contexto, sería imposible y me sale la palabra imposible porque es de mucho riesgo pensar en ese tipo de movilización para acompañar el proyecto.

-Sin embargo, a diferencia de 2018, esta vez podría tratarse un proyecto enviado por el Poder Ejecutivo, con otro peso.

-Sí, eso es una característica a favor. Es un proyecto del Presidente, el Presidente va a militarlo. Lo planteó en la campaña. Entonces, hay un acompañamiento importante y una situación política novedosa, inédita. Eso, de movida, al bloque oficialista lo alinea de otro modo, aunque sepamos que el corte de la votación es transversal e involucra a todos los bloques.

 

 

-Se supone que el proyecto debería entrar antes del final del año legislativo.

-Cuando empezó la cuarentena, decíamos que iba a tratarse en septiembre, como mucho. Ahora, al ver que la cuestión no puede abrirse del todo y estamos terminando el año legislativo, ahora ya sí se empieza a apurar para el Poder Ejecutivo y también para las organizaciones, algo absolutamente atendible. Las organizaciones, especialmente la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, han tenido un nivel de acompañamiento muy alto hasta ahora y hoy plantean “estuvimos bancando hasta este momento, ahora empezamos a presionar”.  

-Si no se trata ahora, difícilmente sea en 2021, año electoral.

-Es probable que no se toque en un año electoral, aunque no entiendo bien por qué. No es como en otra época, cuando se decía que de aborto no había que hablar. Por eso recalco que Alberto (Fernández) planteó su posición a favor de la legalización en campaña. Fue un tema del debate presidencial. El aborto salió del closet para siempre. No tiene tanto cuestionamiento discutirlo en campaña, pero preferiría que pudiéramos lograr la ley en 2020.

-¿Los votos están?

-Estamos trabajando en lograr un listado totalmente claro de quiénes acompañan, quiénes no y quiénes se abstienen. Estamos cada vez mejor, pero todavía tenemos un núcleo de gente que está indecisa o que no nos está diciendo cómo va a votar. El centro de votación está en la ciudad de Buenos Aires, pero cada diputado y cada diputada tiene una representación de sus provincias, que son muy heterogéneas. Es importante destacar que en 2018 recibimos muchísima violencia por parte de los grupos que están en contra de la interrupción voluntaria del embarazo. Nosotras discutimos, damos la cara, que es lo que corresponde. Somos legisladores y legisladoras. Pero el nivel de violencia que han tenido los sectores celestes en las provincias es preocupante y es más preocupante que sigan en esa misma línea. Sería importante que quienes tienen responsabilidad de conducción en la iglesia católica y en evangélica planteen una posición y digan lo que piensan sin agredir, sin violentar a los legisladores ni a las legisladoras, sin amenazar.

 

 

-En su trayectoria como militante política y como legisladora, ¿notó cambios en relación con el trato para las mujeres en la política en estos últimos años?

-Durante muchos años trabajé en el gobierno local de Morón. Ahí estaba en una burbuja, porque veníamos trabajando con perspectiva de género desde 2004. Cuando empecé a trabajar en el Senado de la provincia de Buenos Aires, me cayó de repente todo el patriarcado encima y además ingresé ya con el sello de feminista, que llevo con mucha honra y orgullo, pero en algunos ámbitos parecía que tenía que demostrar algo. Ingresé en 2013, antes del Ni Una Menos, pero ya estaba esto dando vueltas. Es cierto que (la situación) fue cambiando muy rápidamente. Cuanto más salíamos a la calle, cuanto más nos uníamos y más discutíamos y más planteábamos los temas de la agenda feminista, más se notaban los cambios. Las cosas que antes se hacían en público, se decían sin ningún tipo de cuidado, empezaron a reprimirse, a cuidarse. No sé si eso significa un cambio en la convicción o en la subjetividad de las personas, pero me fui dando cuenta de que implicaba un cambio en las conductas por temor a ser mal vistas y eso es importante.

-Las acciones afirmativas, como la paridad, son fundamentales, pero el acceso a la rosca no puede ser legislado. ¿Cómo se trabaja en ese sentido?

-En la medida en que más compañeras vayamos ocupando distintos lugares, nos fortalecemos y cada vez más compañeras pueden encabezar listas. Es un camino que transitaremos, algunas más rápido, otras más lento, pero vamos a transitarlo. Nuestra participación y la idea de cómo se construye poder desde el feminismo es todo un desafío, porque no sería bueno que tuviéramos más compañeras pero, a la hora de tener estas discusiones sobre la rosca y cómo se definen los lugares y demás, adoptásemos las mismas modalidades de los compañeros. Tenemos que poder discutir, construir y transformar las reglas de la política, porque, en definitiva, estamos pensando en cómo construimos y transformamos un país.