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Los candidatos a gobernador de Santa Fe Bonfatti, Perotti y Corral participaron de un intercambio televisado en el que sólo se polemizó en lo que respecta a seguridad y justicia.

Antonio Bonfatti (Frente Progresista), Omar Perotti (Frente Juntos) y José Corral (Cambiemos) se encontraron este sábado en los estudios de Televisión Litoral en el marco del #SantaFeDebate. El formato de la transmisión fue muy similar a la del domingo anterior, cuando tuvo lugar la contienda entre los candidatos a intendente por la ciudad de Rosario: dos minutos de “autopresentación” y, luego, el debate estructurado sobre los ejes Seguridad y Justicia, Política económica, Políticas sociales, salud y empleo (este fue el único ausente la vez anterior), Educación y Plan Santa Fe 2030; más dos minutos de epílogo para cerrar sus intervenciones.

#RosarioDebate y #SantaFeDebate se caracterizaron, justamente, por el desdibujamiento del debate propiamente dicho o el escamoteo de la confrontación de opiniones más allá de alguna que otra chicana esperable. La única excepción a esta tendencia fueron el bloque destinado a la presentación de los contendientes y aquel en el que se discutió sobre seguridad y justicia, ambos momentos donde los interlocutores asumieron un tono más confrontativo. Sin embargo, algunas diferencias entre las dos trasmisiones merecen resaltarse pues marcan una clara distancia entre los candidatos a Intendente y a Gobernador de cada uno de los partidos. Mientras Pablo Javkin, tal como dijimos en una nota anterior, se distanció del oficialismo y se mostró, por momentos, por fuera de ese Frente Progresista, Bonfatti se ocupó de marcar todo el tiempo una continuidad entre lo hecho y lo que se seguirá haciendo, con un uso imperturbable del nosotros inclusivo. En este sentido, enumeró distintos planes que el socialismo ha puesto a funcionar en la provincia y tomó a Santa Fe como modelo a nivel nacional. Por su parte, también Roy López Molina se distanció, el pasado domingo, de las figuras de Cambiemos a las que escasamente nombró; muy distinta a la estrategia que desplegó Corral quien se inscribió sin ambages en el colectivo cambiemista y refirió, por ejemplo, tanto a la Ministra de Seguridad nacional, Patricia Bullrich, como a la actual gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. Cierta diferencia también se pudo ver entre Roberto Sukerman y Perotti: el primero, abierto a la participación de otros sectores e invitando, incluso, al propio Monteverde y a Capiello a participar de su posible gobierno; el segundo, por su parte, se inscribió más fuertemente en el imaginario peronista.

#RosarioDebate y #SantaFeDebate se caracterizaron, justamente, por el desdibujamiento del debate propiamente dicho o el escamoteo de la confrontación de opiniones más allá de alguna que otra chicana esperable.

Por otra parte, resulta interesante centrarnos en un aspecto sobre el cual nos permite reflexionar todo debate y que se vincula con las formas en que el discurso ajeno habita en el propio, esto es, los diferentes modos de incorporar la palabra del adversario político en la propia alocución, ya sea explícita o implícitamente. La polémica, como aspecto constitutivo del discurso político, deja huellas que indican distintos modos de distanciamiento con la palabra del contradestinatario (ese enemigo discursivo) que se quiere atacar, rechazar, refutar. Algunos (pocos) ejemplos de ello pudieron observarse en los tres candidatos. Del lado del oficialismo, Bonfatti se opuso a “los que tienen propuestas vacías y eslóganes” en una clara referencia a Corral y a Perotti. También cuando dijo “dicen que los delincuentes no los votan y yo les digo que ganaron las elecciones en las cárceles”. En una suerte de desmitificación, Bonfatti buscó atacar el discurso del adversario mostrando lo que hay detrás de ese discurso, aquello que lo revela como poco honesto o directamente mentiroso. El uso de la tercera persona del plural (“ellos”) opera de manera implícita dejando que la audiencia reponga aquello que no se dice. Otro tipo de mecanismo argumentativo utilizó, por su parte, el candidato del kirchnerismo al afirmar “yo sí voy a conducir a la policía, me voy a hacer cargo, cargo de las facultades que la Constitución le da al gobernador”. Es ese “sí” el que, precisamente, marca la distancia y confronta, en este caso, con Bonfatti: si se dice que “yo sí” es porque “otros no”. A esto pareció responder el ex gobernador iniciando su siguiente minuto con “no voy a contestar falsedades” y leyendo una lista de personas a las que el socialismo apresó. Retrucó Corral, a continuación, afirmando “esto no es una falsedad” y empleando el recurso de la presentación efectiva: mostró una par de esposas he hizo alusión a la fuga de presos en la autopista Rosario-Santa Fe ocurrida los primeros días de mayo.

El cierre del debate, para el que cada candidato dispuso de dos minutos, tuvo una impronta claramente distinta al de la semana anterior cuando, recordemos, el componente pasional fue protagonista. Esta vez, tanto Perotti, como Corral y Bonfatti utilizaron los minutos finales para continuar desplegando sus plataformas electorales; aunque llama la atención el empleo del discurso figurado por parte del ex gobernador: “yo soy un piloto de tormentas”, dijo Bonfatti —desatinadamente al estilo de Mauricio Macri—, que está “con las manos limpias y las uñas cortas”.

El tipo de puesta en escena adoptado y la arquitectura de la pantalla no permitieron, por ejemplo, observar los rostros y posibles expresiones de los demás candidatos cuando uno tomaba la palabra o lo confrontaba.

Una última cuestión, para invitar a la reflexión, tiene que ver con lo que propicia o inhabilita el formato que se utilizó tanto en #SantaFeDebate como en #RosarioDebate. El tipo de puesta en escena adoptado y la arquitectura de la pantalla no permitieron, por ejemplo, observar los rostros y posibles expresiones de los demás candidatos cuando uno tomaba la palabra o lo confrontaba. Ese diálogo tampoco se mostraba en cámara. Algo diferente al respecto pudo verse durante el debate a Gobernador de Tucumán, en el que, al finalizar, los participantes contaron con un momento de “debate libre” de ocho minutos. Allí también se incorporaron algunas propuestas que la audiencia hacía llegar a través de las redes sociales, entre las cuales los candidatos seleccionaron para responder.

El propio formato pautado, la performance de los candidatos —en esta ocasión, demasiado presionados por el reloj, algo que padeció especialmente Bonfatti, quien leía y se mostraba más nervioso que el resto— y la actuación de los periodistas-cronometradores —Analía Bocassi, María Luengo y Martín Pigazzi— redujeron el evento televisivo a un momento de mera exposición de propuestas y revisión de lo hecho por una gestión. En otras palabras, primó eso mismo que cada uno de los partidos y candidatos realiza de por sí mediante otras tantas vías de comunicación: panfletos, cartelería callejera, spots publicitarios en radio o televisión, publicaciones en plataformas de redes. Todo esto pese a que se trata de un producto característico de la política en tiempos de sociedades mediatizadas que supo cumplir un rol más relevante en otros contextos electorales, tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

#SantaFeDebate, la puesta en escena de los candidatos a gobernador

Los candidatos a gobernador de Santa Fe Bonfatti, Perotti y Corral participaron de un intercambio televisado en el que sólo se polemizó en lo que respecta a seguridad y justicia.

Antonio Bonfatti (Frente Progresista), Omar Perotti (Frente Juntos) y José Corral (Cambiemos) se encontraron este sábado en los estudios de Televisión Litoral en el marco del #SantaFeDebate. El formato de la transmisión fue muy similar a la del domingo anterior, cuando tuvo lugar la contienda entre los candidatos a intendente por la ciudad de Rosario: dos minutos de “autopresentación” y, luego, el debate estructurado sobre los ejes Seguridad y Justicia, Política económica, Políticas sociales, salud y empleo (este fue el único ausente la vez anterior), Educación y Plan Santa Fe 2030; más dos minutos de epílogo para cerrar sus intervenciones.

#RosarioDebate y #SantaFeDebate se caracterizaron, justamente, por el desdibujamiento del debate propiamente dicho o el escamoteo de la confrontación de opiniones más allá de alguna que otra chicana esperable. La única excepción a esta tendencia fueron el bloque destinado a la presentación de los contendientes y aquel en el que se discutió sobre seguridad y justicia, ambos momentos donde los interlocutores asumieron un tono más confrontativo. Sin embargo, algunas diferencias entre las dos trasmisiones merecen resaltarse pues marcan una clara distancia entre los candidatos a Intendente y a Gobernador de cada uno de los partidos. Mientras Pablo Javkin, tal como dijimos en una nota anterior, se distanció del oficialismo y se mostró, por momentos, por fuera de ese Frente Progresista, Bonfatti se ocupó de marcar todo el tiempo una continuidad entre lo hecho y lo que se seguirá haciendo, con un uso imperturbable del nosotros inclusivo. En este sentido, enumeró distintos planes que el socialismo ha puesto a funcionar en la provincia y tomó a Santa Fe como modelo a nivel nacional. Por su parte, también Roy López Molina se distanció, el pasado domingo, de las figuras de Cambiemos a las que escasamente nombró; muy distinta a la estrategia que desplegó Corral quien se inscribió sin ambages en el colectivo cambiemista y refirió, por ejemplo, tanto a la Ministra de Seguridad nacional, Patricia Bullrich, como a la actual gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal. Cierta diferencia también se pudo ver entre Roberto Sukerman y Perotti: el primero, abierto a la participación de otros sectores e invitando, incluso, al propio Monteverde y a Capiello a participar de su posible gobierno; el segundo, por su parte, se inscribió más fuertemente en el imaginario peronista.

#RosarioDebate y #SantaFeDebate se caracterizaron, justamente, por el desdibujamiento del debate propiamente dicho o el escamoteo de la confrontación de opiniones más allá de alguna que otra chicana esperable.

Por otra parte, resulta interesante centrarnos en un aspecto sobre el cual nos permite reflexionar todo debate y que se vincula con las formas en que el discurso ajeno habita en el propio, esto es, los diferentes modos de incorporar la palabra del adversario político en la propia alocución, ya sea explícita o implícitamente. La polémica, como aspecto constitutivo del discurso político, deja huellas que indican distintos modos de distanciamiento con la palabra del contradestinatario (ese enemigo discursivo) que se quiere atacar, rechazar, refutar. Algunos (pocos) ejemplos de ello pudieron observarse en los tres candidatos. Del lado del oficialismo, Bonfatti se opuso a “los que tienen propuestas vacías y eslóganes” en una clara referencia a Corral y a Perotti. También cuando dijo “dicen que los delincuentes no los votan y yo les digo que ganaron las elecciones en las cárceles”. En una suerte de desmitificación, Bonfatti buscó atacar el discurso del adversario mostrando lo que hay detrás de ese discurso, aquello que lo revela como poco honesto o directamente mentiroso. El uso de la tercera persona del plural (“ellos”) opera de manera implícita dejando que la audiencia reponga aquello que no se dice. Otro tipo de mecanismo argumentativo utilizó, por su parte, el candidato del kirchnerismo al afirmar “yo sí voy a conducir a la policía, me voy a hacer cargo, cargo de las facultades que la Constitución le da al gobernador”. Es ese “sí” el que, precisamente, marca la distancia y confronta, en este caso, con Bonfatti: si se dice que “yo sí” es porque “otros no”. A esto pareció responder el ex gobernador iniciando su siguiente minuto con “no voy a contestar falsedades” y leyendo una lista de personas a las que el socialismo apresó. Retrucó Corral, a continuación, afirmando “esto no es una falsedad” y empleando el recurso de la presentación efectiva: mostró una par de esposas he hizo alusión a la fuga de presos en la autopista Rosario-Santa Fe ocurrida los primeros días de mayo.

El cierre del debate, para el que cada candidato dispuso de dos minutos, tuvo una impronta claramente distinta al de la semana anterior cuando, recordemos, el componente pasional fue protagonista. Esta vez, tanto Perotti, como Corral y Bonfatti utilizaron los minutos finales para continuar desplegando sus plataformas electorales; aunque llama la atención el empleo del discurso figurado por parte del ex gobernador: “yo soy un piloto de tormentas”, dijo Bonfatti —desatinadamente al estilo de Mauricio Macri—, que está “con las manos limpias y las uñas cortas”.

El tipo de puesta en escena adoptado y la arquitectura de la pantalla no permitieron, por ejemplo, observar los rostros y posibles expresiones de los demás candidatos cuando uno tomaba la palabra o lo confrontaba.

Una última cuestión, para invitar a la reflexión, tiene que ver con lo que propicia o inhabilita el formato que se utilizó tanto en #SantaFeDebate como en #RosarioDebate. El tipo de puesta en escena adoptado y la arquitectura de la pantalla no permitieron, por ejemplo, observar los rostros y posibles expresiones de los demás candidatos cuando uno tomaba la palabra o lo confrontaba. Ese diálogo tampoco se mostraba en cámara. Algo diferente al respecto pudo verse durante el debate a Gobernador de Tucumán, en el que, al finalizar, los participantes contaron con un momento de “debate libre” de ocho minutos. Allí también se incorporaron algunas propuestas que la audiencia hacía llegar a través de las redes sociales, entre las cuales los candidatos seleccionaron para responder.

El propio formato pautado, la performance de los candidatos —en esta ocasión, demasiado presionados por el reloj, algo que padeció especialmente Bonfatti, quien leía y se mostraba más nervioso que el resto— y la actuación de los periodistas-cronometradores —Analía Bocassi, María Luengo y Martín Pigazzi— redujeron el evento televisivo a un momento de mera exposición de propuestas y revisión de lo hecho por una gestión. En otras palabras, primó eso mismo que cada uno de los partidos y candidatos realiza de por sí mediante otras tantas vías de comunicación: panfletos, cartelería callejera, spots publicitarios en radio o televisión, publicaciones en plataformas de redes. Todo esto pese a que se trata de un producto característico de la política en tiempos de sociedades mediatizadas que supo cumplir un rol más relevante en otros contextos electorales, tanto en el ámbito nacional como en el internacional.