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Negri salió tarde a una sala que se cubrió de agonía hasta bien entrada la noche. Carrió apuntó a Frigerio y el candidato derrotado se despegó del Gobierno. El clima tenso en un VIP caliente.
Por 12/05/2019 22:56

Tan complicada fue la noche para Mario Negri que, cuando aguardaban que avance la carga de votos de la capital para acercarse al menos a los guarismos que esperaban, llegó la noticia de la muerte del diputado Héctor Olivares, baleado días atrás a cuatro cuadras del Congreso en un hecho que la Justicia aún investiga. En paralelo a esa trágica novedad, el escrutinio oficial no solo ratificaba la amplísima ventaja que vaticinaban las encuestas en favor del gobernador Juan Schiaretti: los números que se iban cargando mostraban que la respuesta de las urnas al candidato de la Casa Rosada eran todavía peores a esas previsiones.

Hay pocas cosas más gráficas para mostrar el contraste de estados de ánimo en una elección que el clima de los búnker y Córdoba no fue una excepción. Mientras en el hotel Quórum, centro de operaciones de Schiaretti, cientos de personas cantaban y celebraban al ritmo del cuarteto y hasta con algún mensaje para Buenos Aires –“un minuto de silencio para Macri que está muerto”-, en el salón que reservó Negri en el Holiday Inn la presencia la ponía exclusivamente la prensa, con los parlantes tomados por música funcional al estilo de una FM porteña. El único movimiento era el de los propios periodistas, hacia los televisores, cada vez que salía a hablar alguno de los dirigentes en los búnker de Schiaretti y del radical Ramón Mestre.

 

 

En la sede de Córdoba Cambia no hablaba nadie. A las 22.20, todavía no había hablado nadie. Absolutamente nadie. En el aire se respiraba agonía. La única novedad fue el tuit con el que Negri, apenas unos minutos antes, felicitó a Schiaretti por el triunfo. Tampoco había llegado Elisa Carrió, fiel ladera durante el tramo final de la campaña y compañera de almuerzo del candidato –asaron un cabrito- y ni siquiera había garantías de que aparezca. Con la honestidad que habilita el off the record, cerca de Negri deseaban que no llegue, no sabían lo que podía decir en un clima así. Finalmente llegó, aunque con menos pirotecnia de la habitual. Una Lilita con pólvora mojada. O casi.

 

 

Tampoco estaba Luis Juez, candidato a intendente de la capital, otro que sumó algunos porotos en el reparto de culpas por su resistencia a poner la cara en el búnker. Lo hizo cerca de las 22.30. Ahí ocuparon los tres, Negri, Juez y el candidato a vicegobernador, Héctor Baldassi, el escenario.

“Las derrotas se asumen, no se comentan”, arrancó Negri, tras pedir disculpas por las demoras, que justificó porque faltaban cargarse votos del interior y “el 60% de la capital”.

“No tengo nada que decirle ni agradecerle al gobierno nacional”, se despachó el cordobés. A ese tren se subió Lilita, a quien invitaron finalmente a subir al escenario. Desde allí, la líder de la Coalición Cívica deseó que “algún ministro del Interior hubiera acompañado más”. El mensaje a Rogelio Frigerio fue un dardo teledirigido: previamente había destacado como, desde el Gobierno, se había beneficiado a Córdoba con obras y un reparto de coparticipación que le permitió a la provincia “crecer”.

 

 

ENTRE CULPAS Y CULPABLES. El clima en el primer piso, donde se instaló el VIP, era de bronca y angustia. Más allá de la tristeza que provocó el fallecimiento de Olivares –miembro del bloque que conduce el cordobés en la Cámara de Diputados-, los resultados fueron un golpe durísimo. Negri cruzó llamadas y datos con el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Fueron al menos cuatro comunicaciones en un puñado de minutos.

Mucho más temprano, antes del cierre de la elección, hubo otro contacto también con la Casa Rosada. En ese momento Negri supo que la cosa venía más complicada que lo previsto, que ya era malo.

Uno de los dirigentes con más peso en el PRO cordobés explotó en el VIP, con insultos y acusaciones, contra un hombre: Nicolás Massot. El armador de Cambiemos en Córdoba, que estuvo en la provincia pero no pisó el Holiday Inn, fue el blanco de una furia que necesitaba válvulas de escape. Los gritos del dirigente sacudieron el silencio sepulcral que dominó esa sala durante todo el domingo y dejó boquiabierto a varios.

Cuando le tocó hablar, Negri hizo una mención sobrevolada a “quienes tenían más responsabilidades” en el armado de Cambiemos y lamentó que “los tres partidos” que lo integran no hayan podido ir juntos a las urnas.

Culpas, culpables y un mensaje a la Rosada en un búnker que reflejó la debacle

Negri salió tarde a una sala que se cubrió de agonía hasta bien entrada la noche. Carrió apuntó a Frigerio y el candidato derrotado se despegó del Gobierno. El clima tenso en un VIP caliente.

Tan complicada fue la noche para Mario Negri que, cuando aguardaban que avance la carga de votos de la capital para acercarse al menos a los guarismos que esperaban, llegó la noticia de la muerte del diputado Héctor Olivares, baleado días atrás a cuatro cuadras del Congreso en un hecho que la Justicia aún investiga. En paralelo a esa trágica novedad, el escrutinio oficial no solo ratificaba la amplísima ventaja que vaticinaban las encuestas en favor del gobernador Juan Schiaretti: los números que se iban cargando mostraban que la respuesta de las urnas al candidato de la Casa Rosada eran todavía peores a esas previsiones.

Hay pocas cosas más gráficas para mostrar el contraste de estados de ánimo en una elección que el clima de los búnker y Córdoba no fue una excepción. Mientras en el hotel Quórum, centro de operaciones de Schiaretti, cientos de personas cantaban y celebraban al ritmo del cuarteto y hasta con algún mensaje para Buenos Aires –“un minuto de silencio para Macri que está muerto”-, en el salón que reservó Negri en el Holiday Inn la presencia la ponía exclusivamente la prensa, con los parlantes tomados por música funcional al estilo de una FM porteña. El único movimiento era el de los propios periodistas, hacia los televisores, cada vez que salía a hablar alguno de los dirigentes en los búnker de Schiaretti y del radical Ramón Mestre.

 

 

En la sede de Córdoba Cambia no hablaba nadie. A las 22.20, todavía no había hablado nadie. Absolutamente nadie. En el aire se respiraba agonía. La única novedad fue el tuit con el que Negri, apenas unos minutos antes, felicitó a Schiaretti por el triunfo. Tampoco había llegado Elisa Carrió, fiel ladera durante el tramo final de la campaña y compañera de almuerzo del candidato –asaron un cabrito- y ni siquiera había garantías de que aparezca. Con la honestidad que habilita el off the record, cerca de Negri deseaban que no llegue, no sabían lo que podía decir en un clima así. Finalmente llegó, aunque con menos pirotecnia de la habitual. Una Lilita con pólvora mojada. O casi.

 

 

Tampoco estaba Luis Juez, candidato a intendente de la capital, otro que sumó algunos porotos en el reparto de culpas por su resistencia a poner la cara en el búnker. Lo hizo cerca de las 22.30. Ahí ocuparon los tres, Negri, Juez y el candidato a vicegobernador, Héctor Baldassi, el escenario.

“Las derrotas se asumen, no se comentan”, arrancó Negri, tras pedir disculpas por las demoras, que justificó porque faltaban cargarse votos del interior y “el 60% de la capital”.

“No tengo nada que decirle ni agradecerle al gobierno nacional”, se despachó el cordobés. A ese tren se subió Lilita, a quien invitaron finalmente a subir al escenario. Desde allí, la líder de la Coalición Cívica deseó que “algún ministro del Interior hubiera acompañado más”. El mensaje a Rogelio Frigerio fue un dardo teledirigido: previamente había destacado como, desde el Gobierno, se había beneficiado a Córdoba con obras y un reparto de coparticipación que le permitió a la provincia “crecer”.

 

 

ENTRE CULPAS Y CULPABLES. El clima en el primer piso, donde se instaló el VIP, era de bronca y angustia. Más allá de la tristeza que provocó el fallecimiento de Olivares –miembro del bloque que conduce el cordobés en la Cámara de Diputados-, los resultados fueron un golpe durísimo. Negri cruzó llamadas y datos con el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Fueron al menos cuatro comunicaciones en un puñado de minutos.

Mucho más temprano, antes del cierre de la elección, hubo otro contacto también con la Casa Rosada. En ese momento Negri supo que la cosa venía más complicada que lo previsto, que ya era malo.

Uno de los dirigentes con más peso en el PRO cordobés explotó en el VIP, con insultos y acusaciones, contra un hombre: Nicolás Massot. El armador de Cambiemos en Córdoba, que estuvo en la provincia pero no pisó el Holiday Inn, fue el blanco de una furia que necesitaba válvulas de escape. Los gritos del dirigente sacudieron el silencio sepulcral que dominó esa sala durante todo el domingo y dejó boquiabierto a varios.

Cuando le tocó hablar, Negri hizo una mención sobrevolada a “quienes tenían más responsabilidades” en el armado de Cambiemos y lamentó que “los tres partidos” que lo integran no hayan podido ir juntos a las urnas.