¿Giro a la izquierda en la segunda economía de la región?

Mexico elige presidente y el populista López Obrador es el favorito

Las elecciones presidenciales encuentran al país castigado por el narcotráfico, la corrupción y una pobreza estructural. Se espera un voto para torcer el rumbo.

La campaña más violenta de su historia moderna llegó a su fin, con más de 130 dirigentes políticos asesinatos, y México este domingo presidente para los próximos seis años con el populista Andrés Manuel López Obrador como favorito. Las encuestas coinciden además en darle una amplia ventaja a la lista de parlamentarios que lo acompaña, lo que podría darle la chance al candidato del MORENA de tener una poco usual mayoría absoluta en el Congreso.

 

Sus contrincantes son Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Jaime Rodríguez Calderón, (a) El Bronco. Anaya representa una curiosa alianza entre el centroderechista PAN y el centroizquierdista PRD, mientras que Meade es el candidato del oficialista PRI. El Bronco, por su parte, se inscribió como independiente y las encuestas lo ubican en un lugar marginal. Anaya es el principal retador, pero ningún sondeo previo lo da triunfador y Meade, representante del ala tecnócrata y promercado del PRI, no logró siquiera movilizar a fondo la poderosa estructura del histórico partido.

 

Paradójicamente -o no-, así como Mauricio Macri, Sebastián Piñera e Iván Duque deben en parte sus triunfos a Nicolás Maduro, AMLO – como lo conocen en México a López Obrador deberá el suyo, en caso de concretarse, en parte a la figura de Donald Trump, quien, con su prédica antimexicana primero y con su gestión anti inmigratoria después, logró que muchos mexicanos vieran en AMLO el líder mas conveniente para lidiar con un vecino hostil.

 

Pero claro, el AMLO que llega como favorito no es el mismo que jugó y perdió las dos (con fundadas sospechas de fraude incluidas) elecciones anteriores. Muchos analistas coinciden en marcar la semejanza de su campaña con la de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil en 2002. Al igual que el metalúrgico, AMLO moderó, en su tercera presentación, su discurso en lo económico, acordó con sectores empresariales, se alió con un partido evangélico (que le amputó sus propuestas en materia de género) y hasta logró el aval implícito del todopoderoso grupo mediático Televisa, a quien muchos señalan como el responsable de haber llevado al actual presidente Enrique Peña Nieto a la silla del águila en 2012.

 

De todos modos, la posibilidad de que AMLO llegue a la Presidencia de México ha puesto expectantes a los líderes centroizquierdistas y populistas de la región, que adelantaron  su respaldo vía Twitter. México parece ir en contra de la corriente en la región. Durante el siglo XXI, en plena “ola rosa”, eligió presidentes promercado más allá de los partidos políticos y ahora, a contramano de lo sucedido en las últimas elecciones presidenciales en Latinoamérica, todo indica que elegirá a un populista.

 

 

De todos modos, no está claro que haya una ola promercado en la región. A la posibilidad cierta del triunfo de AMLO se suma la persistencia de Lula como principal candidato en Brasil, amén del triunfo de Lenín Moreno en Ecuador en 2016 (más allá de su posterior ruptura con Rafael Correa) y la vigencia de presidentes de centroizquierda en Uruguay, Bolivia, El Salvador y -con sus particularidades- Nicaragua y Venezuela.

 

Volviendo a México, el desafío principal que encontrará el futuro presidente es el narcotráfico. Este azote se ha expandido por todo el país, corrompiendo las estructuras del Estado -la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa es el caso más emblemático – y llevando a que nada menos que el jefe de Gabinete de la Casa Blanca, John Kelly, dijera en una reunión con legisladores de su país que México era un estado fallido o que el Papa Francisco hablara de evitar la “mexicanización” de Argentina, en referencia al avance del Narco en el país del norte.

 

A la par del narcotráfico -que AMLO propuso combatir con una polémica propuesta de amnistía para los pequeños y medianos traficantes, que después retiró- el segundo problema que ha tenido centralidad en la campaña ha sido la corrupción. Un mal histórico de México (y de la región) que ha tenido una especial visibilidad durante el sexenio de Peña Nieto y cuyo combate, al menos en la imagen, encarna mucho mas AMLO que sus competidores Anaya y Meade.

 

 

 

López Obrador encarna además la línea histórica nacionalista del PRI, partido al que perteneció hasta la conformación del PRD. Aquella es heredera del ex presidente Lázaro Cárdenas y desde fines de los 80, con la asunción de Carlos Salinas de Gortari, fue excluida primero del PRI y luego de la residencia de Los Pinos, siendo todos los presidentes desde entonces afines a las políticas promercado. La propuesta de instalar políticas sociales activas y de que el Estado vuelva a tener centralidad en la economía, han sido también importantes para el ascenso de AMLO.

 

Anaya y Meade, en cambio, no pudieron o no quisieron, romper con la línea económica de Peña Nieto a quien sí, en el caso de Anaya, sobre todo, cuestionaron por la corrupción.

 

Los mexicanos decidirán quién sintonizó mejor sus demandas y mostrarán que en la región, a pesar de todo, todavía votamos.

 

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