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El PJ porteño espera un acuerdo nacional, mientras mira de reojo la intervención

Todos los sectores celebran la crisis del Gobierno y aspiran a un acuerdo amplio. Las diferencias en torno a la construcción: ¿quiénes y cómo? Elecciones relegadas y una “oportunidad” al massismo.
Por 03/06/2018 10:11

La señal de unidad y acuerdo entre el peronismo del Congreso y los gobernadores para sancionar la ley anti tarifazo, luego frustrada por el veto de Mauricio Macri, envalentonó al Partido Justicialista porteño. El “clima de esperanza” había comenzado meses atrás con la unión entre el sindicalismo y las organizaciones sociales que se expresó en las calles para protestar contra el gobierno de Cambiemos.

Los caudillos del PJ capitalino perciben un contexto de malestar social que, según su visión, pudo reflejarse en las manifestaciones contra la reforma previsional o la marcha del 21F a la que convocó el líder de Camioneros, Hugo Moyano. En paralelo, sostienen que el Gobierno está “debilitado” tras la crisis cambiaria y el pedido de auxilio al FMI, que podría concretarse en los próximos días.

Según esta corriente, si esa conjunción de factores y la negociación política permiten una fusión de estos sectores en un espacio común podría soñarse con un ballotage nacional en 2019. En el peronismo porteño se ilusionan con replicar ese escenario en la Ciudad de Buenos Aires, aunque saben que en frente está Horacio Rodríguez Larreta, líder de las encuestas de imagen positiva e intención de voto en el distrito y con un contexto político distinto al que afronta Macri.

Por ahora, el peronismo capitalino trabaja a sottovoce (aunque cada vez más visible) para aglutinar a los sindicatos, a un sector del progresismo y al kirchnerismo en un frente común que pueda dar pelea en 2019 y forzar un ballotage también en la Ciudad.

 

 

Cada movimiento irá en espejo de lo que ocurra a nivel nacional. No habrá definiciones hasta tanto no se despeje la incógnita mayor: qué pasará con el PJ nacional. Hay una multiplicidad de factores que nublan la posibilidad de garantizar hoy un escenario político de cara a 2019, pero los últimos acontecimientos políticos y económicos reactivaron la ingeniería electoral.

Además de las diferencias en torno al formato (el quién y el cómo), sucede que el PJ está intervenido y en manos de Luis Barrionuevo. Como contó Letra P, el gastronómico espera un fallo favorable de la Cámara Nacional Electoral para comenzar rápido a correr al kirchnerismo de los PJ distritales. Una de sus víctimas podría ser la Ciudad.

El fantasma de la intervención sobrevuela al PJ capitalino que comanda Víctor Santa María. El titular del SUTERH conduce al peronismo hace años y, como no hubo acuerdo para renovar autoridades, sigue al frente gracias una prórroga por tiempo indefinido. La posibilidad de una intervención abrió una grieta entre quienes preparan la defensa y quienes no verían con malos ojos la embestida. A este último grupo adhieren quienes piden menor protagonismo del kirchnerismo porteño en el partido.

 

 

No obstante, el diálogo entre el kirchnerismo y el peronismo atraviesa un buen momento. Se puede corroborar en la Legislatura porteña, donde Carlos Tomada, María Rosa Muiños y Mariano Recalde encontraron un camino común y conversan cada ley a votar.

ACERCAMIENTOS. Mientras tanto, el peronismo vinculado a UPCN acerca posiciones con el armado porteño de Sergio Massa. El vocal del ENTE Fernando Barrera y el legislador Claudio Heredia, ambos del riñón de Andrés Rodríguez, animan esta probabilidad. En la misma línea se expresa Juan Manuel Olmos, que en 2017 alentó esa opción, finalmente pulverizada por el kirchnerismo. Los diálogos y las “coincidencias” con Marco Lavagna, convencido en dar la pelea por la Jefatura de Gobierno en 2019, aumentan semana a semana.

Este sector del peronismo quiere al massismo en el PJ y en la boleta porque saben que una lista de Massa en una elección presidencial puede superar los 10 puntos y lograr la temida división del voto peronista. La lista de Massa en 2017 fragmentó el sufragio y colaboró con la estrategia de Rodríguez Larreta, como insinuó hasta el hartazgo Martín Lousteau durante la campaña.

 

Barrera y Lavagna de recorrida por la Comuna 8 (FOTO: Archivo)

En la Ciudad ocurre el mismo dilema que en la discusión presidencial: la riña es por el formato y los nombres. Mientras un sector de los gobernadores pide acuerdo con el kirchnerismo, otros mandatarios reclaman una construcción peronista apoyada en la CGT y las organizaciones sociales, pero sin ningún vestigio kirchnerista en la boleta. Para sumar más confusión, parte del PJ considera propicio una PASO entre una lista kirchnerista y una lista peronista. A esta corriente adhieren quienes repiten: “Con Cristina no alcanza, sin Cristina no se puede”.

El PJ Capital sufre las mismas incertidumbres. Sin embargo, buena parte de sus referentes coincide en desplazar al kirchnerismo del partido. Naturalmente, es el mismo sector que no haría mucho esfuerzo por frenar una intervención que, justamente, buscaría quitarle los cargos partidarios al kirchnerismo. El objetivo es invertir la mesa de poder de lo que fue el Frente para la Victoria en la Ciudad. El primer paso fue en 2017: el armado peronista abandonó el nombre, ultra referenciado con Néstor Kirchner y Cristina, que utilizó durante años.

 

 

Junto a la discusión por el formato, es decir, el “cómo” encarar la elección, hay un debate por quiénes deberían liderar ese proceso. El formato incluye nombre, propuesta y, además, si es preciso una interna o una lista unificada. La reyerta por los nombres es histórica, ocurre en todos los espacios políticos y siempre dejará más heridos que ganadores. Pero el PJ cree que la lapicera debe quedar de su lado y el kirchnerismo, en especial en la Ciudad, ceder el protagonismo.

En este mar de incertidumbres e internas cuenta con una única certeza: para forzar un ballotage en 2019, el espacio del PJ y el kirchnerismo en la Ciudad debe ampliarse, encontrar una estrategia común con el sindicalismo y parte del progresismo. Es en lo único que todos acuerdan. Nuevamente, los obstáculos que ralentizan esta construcción son dos: quiénes y cómo. Mientras parte del peronismo quiere abrir las puertas al massismo y darle más protagonismo al sindicalismo, otro trabaja para desplazar al kirchnerismo. En la otra esquina, La Cámpora, plagada de internas y sin un conductor legitimado, apuesta a mantener el esquema de poder y definición de listas al que se acostumbró hasta 2015.

Por ese entonces, desde la Casa Rosada, Cristina aprobaba y vetaba las listas de candidatos en la Ciudad, con una clara tendencia en favor de los candidatos de la agrupación juvenil. A contramano de lo que plantean actualmente, la conducción del PJ jamás se opuso a esas directivas. Ahora buscan revertir ese esquema, pero el kirchnerismo retruca con mantener la conducción y figura de Cristina como caballito de batalla para disputar una elección en el distrito que gobierno el macrismo desde 2007. El planteo no es casual ni caprichoso. Se basa en una premisa, reflejada en las encuestas: “Los votos son de ella”.

El PJ porteño espera un acuerdo nacional, mientras mira de reojo la intervención

Todos los sectores celebran la crisis del Gobierno y aspiran a un acuerdo amplio. Las diferencias en torno a la construcción: ¿quiénes y cómo? Elecciones relegadas y una “oportunidad” al massismo.

La señal de unidad y acuerdo entre el peronismo del Congreso y los gobernadores para sancionar la ley anti tarifazo, luego frustrada por el veto de Mauricio Macri, envalentonó al Partido Justicialista porteño. El “clima de esperanza” había comenzado meses atrás con la unión entre el sindicalismo y las organizaciones sociales que se expresó en las calles para protestar contra el gobierno de Cambiemos.

Los caudillos del PJ capitalino perciben un contexto de malestar social que, según su visión, pudo reflejarse en las manifestaciones contra la reforma previsional o la marcha del 21F a la que convocó el líder de Camioneros, Hugo Moyano. En paralelo, sostienen que el Gobierno está “debilitado” tras la crisis cambiaria y el pedido de auxilio al FMI, que podría concretarse en los próximos días.

Según esta corriente, si esa conjunción de factores y la negociación política permiten una fusión de estos sectores en un espacio común podría soñarse con un ballotage nacional en 2019. En el peronismo porteño se ilusionan con replicar ese escenario en la Ciudad de Buenos Aires, aunque saben que en frente está Horacio Rodríguez Larreta, líder de las encuestas de imagen positiva e intención de voto en el distrito y con un contexto político distinto al que afronta Macri.

Por ahora, el peronismo capitalino trabaja a sottovoce (aunque cada vez más visible) para aglutinar a los sindicatos, a un sector del progresismo y al kirchnerismo en un frente común que pueda dar pelea en 2019 y forzar un ballotage también en la Ciudad.

 

 

Cada movimiento irá en espejo de lo que ocurra a nivel nacional. No habrá definiciones hasta tanto no se despeje la incógnita mayor: qué pasará con el PJ nacional. Hay una multiplicidad de factores que nublan la posibilidad de garantizar hoy un escenario político de cara a 2019, pero los últimos acontecimientos políticos y económicos reactivaron la ingeniería electoral.

Además de las diferencias en torno al formato (el quién y el cómo), sucede que el PJ está intervenido y en manos de Luis Barrionuevo. Como contó Letra P, el gastronómico espera un fallo favorable de la Cámara Nacional Electoral para comenzar rápido a correr al kirchnerismo de los PJ distritales. Una de sus víctimas podría ser la Ciudad.

El fantasma de la intervención sobrevuela al PJ capitalino que comanda Víctor Santa María. El titular del SUTERH conduce al peronismo hace años y, como no hubo acuerdo para renovar autoridades, sigue al frente gracias una prórroga por tiempo indefinido. La posibilidad de una intervención abrió una grieta entre quienes preparan la defensa y quienes no verían con malos ojos la embestida. A este último grupo adhieren quienes piden menor protagonismo del kirchnerismo porteño en el partido.

 

 

No obstante, el diálogo entre el kirchnerismo y el peronismo atraviesa un buen momento. Se puede corroborar en la Legislatura porteña, donde Carlos Tomada, María Rosa Muiños y Mariano Recalde encontraron un camino común y conversan cada ley a votar.

ACERCAMIENTOS. Mientras tanto, el peronismo vinculado a UPCN acerca posiciones con el armado porteño de Sergio Massa. El vocal del ENTE Fernando Barrera y el legislador Claudio Heredia, ambos del riñón de Andrés Rodríguez, animan esta probabilidad. En la misma línea se expresa Juan Manuel Olmos, que en 2017 alentó esa opción, finalmente pulverizada por el kirchnerismo. Los diálogos y las “coincidencias” con Marco Lavagna, convencido en dar la pelea por la Jefatura de Gobierno en 2019, aumentan semana a semana.

Este sector del peronismo quiere al massismo en el PJ y en la boleta porque saben que una lista de Massa en una elección presidencial puede superar los 10 puntos y lograr la temida división del voto peronista. La lista de Massa en 2017 fragmentó el sufragio y colaboró con la estrategia de Rodríguez Larreta, como insinuó hasta el hartazgo Martín Lousteau durante la campaña.

 

Barrera y Lavagna de recorrida por la Comuna 8 (FOTO: Archivo)

En la Ciudad ocurre el mismo dilema que en la discusión presidencial: la riña es por el formato y los nombres. Mientras un sector de los gobernadores pide acuerdo con el kirchnerismo, otros mandatarios reclaman una construcción peronista apoyada en la CGT y las organizaciones sociales, pero sin ningún vestigio kirchnerista en la boleta. Para sumar más confusión, parte del PJ considera propicio una PASO entre una lista kirchnerista y una lista peronista. A esta corriente adhieren quienes repiten: “Con Cristina no alcanza, sin Cristina no se puede”.

El PJ Capital sufre las mismas incertidumbres. Sin embargo, buena parte de sus referentes coincide en desplazar al kirchnerismo del partido. Naturalmente, es el mismo sector que no haría mucho esfuerzo por frenar una intervención que, justamente, buscaría quitarle los cargos partidarios al kirchnerismo. El objetivo es invertir la mesa de poder de lo que fue el Frente para la Victoria en la Ciudad. El primer paso fue en 2017: el armado peronista abandonó el nombre, ultra referenciado con Néstor Kirchner y Cristina, que utilizó durante años.

 

 

Junto a la discusión por el formato, es decir, el “cómo” encarar la elección, hay un debate por quiénes deberían liderar ese proceso. El formato incluye nombre, propuesta y, además, si es preciso una interna o una lista unificada. La reyerta por los nombres es histórica, ocurre en todos los espacios políticos y siempre dejará más heridos que ganadores. Pero el PJ cree que la lapicera debe quedar de su lado y el kirchnerismo, en especial en la Ciudad, ceder el protagonismo.

En este mar de incertidumbres e internas cuenta con una única certeza: para forzar un ballotage en 2019, el espacio del PJ y el kirchnerismo en la Ciudad debe ampliarse, encontrar una estrategia común con el sindicalismo y parte del progresismo. Es en lo único que todos acuerdan. Nuevamente, los obstáculos que ralentizan esta construcción son dos: quiénes y cómo. Mientras parte del peronismo quiere abrir las puertas al massismo y darle más protagonismo al sindicalismo, otro trabaja para desplazar al kirchnerismo. En la otra esquina, La Cámpora, plagada de internas y sin un conductor legitimado, apuesta a mantener el esquema de poder y definición de listas al que se acostumbró hasta 2015.

Por ese entonces, desde la Casa Rosada, Cristina aprobaba y vetaba las listas de candidatos en la Ciudad, con una clara tendencia en favor de los candidatos de la agrupación juvenil. A contramano de lo que plantean actualmente, la conducción del PJ jamás se opuso a esas directivas. Ahora buscan revertir ese esquema, pero el kirchnerismo retruca con mantener la conducción y figura de Cristina como caballito de batalla para disputar una elección en el distrito que gobierno el macrismo desde 2007. El planteo no es casual ni caprichoso. Se basa en una premisa, reflejada en las encuestas: “Los votos son de ella”.