10|10|2021

Motivado por los sondeos, el PT quiere volver a hablar “el lenguaje del pueblo”

26 de octubre de 2018

26 de octubre de 2018

¿El partido de Lula dejó de representar las demandas populares? ¿Tiene tiempo para hacerlo?Bolsonaro viene bajando en las encuestas, aunque todavía tiene amplia ventaja.

SAN PABLO (Enviado) El avión que despegó el jueves a la mañana de Buenos Aires con destino a esta ciudad traía a un importante grupo de apesadumbrados hinchas del Palmeiras. El 0-2 de visitante frente a Boca, en el marco de la Copa Libertadores de América, parece, a priori, dificil de dar vuelta en la revancha que se jugará la semana próxima en el mundialista estadio Allianz Parque. La misma sensación tenían los militantes del Partido de los Trabajadores (PT) cuando, en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, el ex capitan Jair Messias Bolsonaro se alzaba con un sorprendente 46% de los votos frente a un escualido 29% del profesor Fernando Haddad, que apenas le permitía la modesta victoria de pasar a la segunda vuelta.

 

Pero en el fútbol, como en la vida, los partidos hay que jugarlos y los simpatizantes de Haddad, como aquellos que no lo son, pero están unidos por el espanto a Bolsonaro, tienen una leve esperanza sostenida en la baja, leve pero persistente, que viene sufriendo el favorito en las encuestas después de una previsible suba por el efecto euforia del triunfo inicial.

 

 

La última encuesta de la reputada empresa DataFolha achicó la ventaja, que llegó a ser de 59% a 41%, a 56% a 44%, es decir, solo seis puntos de diferencia y con otro dato tal vez más alentador, el rechazo a Bolsonaro crecía al 41% (aquellos que nunca lo votarían) y el de Haddad bajaba a 40%. 

 

Hay que atender, antes de seguir dos cuestiones. La primera, que, como dicen algunos politólogos audaces, las encuestas se basan en dos supuestos falibles: que los encuestados saben efectivamente a quién van a votar y que entienden perfectamente por qué lo hacen -o lo dejan de hacer en caso del voto por la negativa. 

 

En un modesto y nada pretencioso muestreo, este cronista conversó aquí con varios votantes que aseguraban que, si se hubiera podido presentar, hubieran votado al ex presidente Lula Da Silva, pero que, ante su ausencia, prefieren respaldar a Bolsonaro. Las encuestas profesionales marcan que ésta es una decisión política extendida y que se da, sobre todo, en aquellos sectores populares beneficiados por las políticas sociales de Lula y afectados por el deterioro económico -y social, con la inseguridad a niveles altísimos- que se dio casi sin interrupción en el recortado mandato de Dilma Rouseff y su "sucesor", el presidente Michel Temer

 

En la lectura de trazo grueso que hacen las mayorías a la hora de votar, muchos consideran a Temer, más allá de las diferencias discursivas y de gestión, como una continuidad de los gobiernos petistas en los que efectivamente participó dos veces como vicepresidente y, si se lo incluye en esa cuenta, la era petista se extendió por 16 años. Para gran parte de la población joven de Brasil, efectivamente el PT es El Sistema y expresan su rechazo hacia el mismo con el voto a quien tiene probablemente una única virtud que goza de cierto consenso por su condición de marginal -en parte, por sus  posiciones políticas pseudo violentas- que no fue parte del sistema de prebendas que, con mayor o menor intesidad, reina en la política brasileña desde antes incluso de que Lula fuera presidente. 

 

 

 

Por otra parte, hizo ruido en el ambiente político que Haddad le diera la razón a un popular rapero llamado Mano Brown que dijo que  "el PT no estaba consiguiendo hablar la lengua del pueblo". El candidato petista dijo que esto era cierto y que había que "abrir los corazones para hablar con la gente de las perisferias".

 

La definición de Brown es generalista y no es el jóven musico un analista politico, pero expresó una duda creciente que atormenta a los espacios populares y/o de izquierda: ¿Porque los pobres votan a la derecha?

 

 

 

La respuesta tiene múltiples aristas también con la inseguridad seguramente como eje principal, pero es notorio cómo los demócratas en EE.UU, los socialdemócratas en Alemania, Italia y Francia; el peronismo en Argentina y finalmente el PT en Brasil han ido perdiendo respaldo en los sectores populares a medida que, en paralelo, fueron alejándose de sus demandas y dándoles prioridad a las de las minorías. Se alejaron de su sujeto político histórico, el trabajador, y se acercaron a uno más difuso cuyos intereses muchas veces chocan con los del trabajador. 

 

Es cierto que el PT sigue ganando en el Nordeste pobre de toda pobreza y que el núcleo duro de Bolsonaro son los blancos, de clase media, del rico sureste del país, pero Bolsonaro ganó en todas las favelas de Río de Janeiro y San Pablo, ganó (con amplia ventaja) en los suburbios industriales de San Pablo y, de la mano de su promesa de actualizar el monto del Plan Bolsa Familia, viene creciendo en los bastiones petistas del nordeste, donde es importante aclarar que los gobernadores son mayoritariamente del PT y, ante la ausencia de emprendimientos privados, la ayuda del Estado es casi cuestión de vida o muerte. 

 

En este marco, la agenda de género sigue siendo, junto a corrupción e inseguridad, una de las armas principales de Bolsonaro. El jueves, Haddad tuvo que volver a desmentir que durante su gestión como ministro de Educación haya promovido la difusión en las escuelas primarias de libros sobre identidad de género. En esa línea, días atrás, en una entrevista realizada por Página 12, el ex presidente ecuatoriano Rafael Correa dijo algo que hasta ahora solo se repetía en voz baja en los comandos de campaña del PT: que, tras la marcha feminista denominada EleNao (El No) contra Bolsonaro, éste subió seis puntos en las encuestas. 

 

 

También el giro estético y de contenido en la campaña del PT habla de que éste es un tema recurrente. Pasaron del rojo furioso en la primera vuelta a los colores de la bandera de Brasil en la segunda y de los spots promoviendo la agenda de género de la candidata a vicepresidenta, la comunista Manuela Davila, a los encuentros de Haddad con sacerdotes y pastores prometiendo que no se va a despenalizar el aborto con él como presidente. 

 

Sucede que la mayoría de la militancia y la dirigencia de los espacios políticos mencionados pertenece a la clase media o alta y ahí sí, en esa elite que no solo es económica sino, sobre todo, cultural, la agenda de género y las demandas de las minorías tienen respaldo e interés inversamente proporcionales a los de los sectores populares y, en ese tránsito, se corre el riesgo de que, como dice el francés Michele Houllebecq, "las elites terminen odiando al pueblo". El domingo se verá si la advertencia de Mano Brown llegó a tiempo o no.