Detrás de escena

CGT, lado B: críticas al “peronismo light” y a la “mesa chica” de los Gordos

En el análisis económico y social de la crisis que le endilgan a Macri, también hubo dardos a los intendentes peronistas. Con cabeza en Pablo Moyano, se cuestionó el juego propio de algunos gremios.

Lejos de los flashes y el anuncio de acompañamiento de la CGT a la marcha de Camioneros planeada para el 22 de febrero, la reunión del Consejo Directivo de la central obrera giró sobre dos ejes bien marcados: la crítica fina a los ausentes y un análisis de los responsables de la proliferación de la crisis que le atribuyen al gobierno de Mauricio Macri. El tono del encuentro fue extremadamente crítico con la gestión de Cambiemos, se repasaron los despidos, sobre todo en empresas del Estado, y se diagnosticó con preocupación lo que observan como una “inflación creciente” en un escenario pre paritario.

 

La novedad en este sentido fue que, además de los palos al oficialismo, hubo tiempo para una descarnada crítica a los partidos de la oposición. “Hay un peronismo light que no se preocupa por la situación social”, disparó uno de los triunviros. La cabecera de la mesa la ocuparon Juan Carlos Schmid, Carlos Acuña y, a un costado, el líder de los Encargados de Edificios, Víctor Santamaría, que se sentó en la silla vacía del mayor ausente con aviso de la velada, el jefe de Sanidad, Héctor Daer. La definición -se precisó con posterioridad- apuntaba a la liviandad de los intendentes peronistas que nunca estuvieron a la altura de la situación y casi que le hicieron el juego al Gobierno en materia de alianzas que, según el prisma CGT, terminaron atentando contra los trabajadores. Se refirieron particularmente a la poca participación en la discusión de la reforma previsional. A esa altura, Santamaría y otros dirigentes de Luz y Fuerza que integran ese “peronismo light” miraban para otro lado, pero sabiendo que en la afirmación había un mensaje a leer. También hubo cuestionamientos a los gobernadores, por las votaciones parlamentarias.

 

La segunda mitad del encuentro, que duró casi dos horas y se llevó a cabo en la sede cegetista de la calle Azopardo, se centró en el ya famoso Punto 5 del Documento de Mar del Plata, que debía refrendar el acompañamiento de la CGT a la marcha del 22F que organizó Camioneros. La votación fue masiva a favor, pero hay cautela por varias razones. Una de ellas, que los acompañamientos puedan variar de acá al 22, porque entienden que, en ese interín, el Gobierno puede empezar a cerrar paritarias con sectores estratégicos.

 

La otra cautela está vinculada al vacío que generó en la reunión la ausencia de los gremios denominados “Gordos”. No sólo faltó Daer –muy enfrentado con Pablo Moyano-, sino que no fueron de la partida Andrés Rodríguez (UPCN), Gerardo Martínez (UOCRA), José Luis Lingeri (Aguas) y Roberto Fernández (UTA), entre otros.

 

Daer adujo vacaciones, pero la realidad indicó que, a la misma hora del convite, estaba tuiteando fotos en su cuenta personal en un sanatorio de su gremio. Vale decir que, en las últimas reuniones de Comisión Directiva, cuando estuvo Pablo no estuvo Daer y viceversa. Fue incluso Schmid quien blanqueó ante la prensa las diferencias internas con Daer, al que tildan de ser el más afín al Gobierno o el que más creyó en la negociación con medio para alcanzar objetivos.

 

 

 

Esta ausencia del jefe de Sanidad le abrió paso a los Moyano. No sólo a Pablo, sino, también, a Facundo y a Huguito, el abogado de la familia y más respetado internamente en la CGT. Fue particular la manera en la que Pablo Moyano encaró la crítica a los ausentes. “Que me explique, quisiera saber qué es esa mesa chica, ésa que negocia por atrás de la Comisión Directiva”, afirmó, en un tiro directo a los Gordos. Lo acompañaron casi todos, que les endilgan a esos gremios negociaciones particulares por fuera de la CGT. “Vienen acá, se sientan y después arreglan la de ellos”, remató el camionero resignificando a esa “mesa chica”.

 

Pero el estrellato de los Moyano boys duró poco. Pablo dejó la reunión una hora después de empezada y Facundo, un rato antes. “Tienen su agenda propia”, explicó un alto dirigente a Letra P. Muchos refunfuñaron por el “humo” de Facundo, al que lo observan en otro juego más vinculado al marketing.

 

Por último, hubo una referencia a la “demonización que nos hace el Gobierno con sus equipos de comunicación”. Uno de los más altos dirigentes pidió cerrar la comunicación a medios internos: “Cada vez que salimos nos cagan a cachetazos”, explicó. Lo calmaron: no era momento de sumar otra batalla ante enemigos con probado poder de fuego.

 

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