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¿Volvieron los nazis a Alemania?

Con resultados magros, Merkel se encamina a un cuarto gobierno consecutivo, pero el mundo puso sus ojos en el tercer lugar obtenido por el populista de derecha Alternativa por Alemania.

¿Volvieron los nazis en Alemania? En principio nada de eso, pero el mundo amaneció este lunes con la certeza de que nada menos que en Alemania, la cuna del nazismo, por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, un grupo que podría ubicarse en la extrema derecha (según los cánones ideológicos europeos) ocupará un espacio en el Bundestang, el Parlamento alemán.

 

La canciller (primera ministra) casi seguro seguirá siendo – por cuarta vez, ¡atentos populistas! – Angela Merkel, pero su de por sí opaco triunfo (su partido, el CDU, obtuvo el 33% de los votos) se vio empañado por la llegada al podio de Alternativa por Alemania (AfD), expresión del populismo de derecha que ya venía creciendo en los parlamentos regionales y al que las encuestas auguraban el finalmente obtenido tercer lugar.

 

Los candidatos de Alternativa para Alemania. La ultra derecha vuelve al Parlamento germano.

 

 

Ahora bien, ¿porque crece AfD? ¿Es como dice Twitter la película “Ha vuelto” (un film cuasi documental que retrató la añoranza persistente en muchos alemanes contemporáneos para con Adolfo Hitler) la única explicación? Las razones del voto, como suele ocurrir, son múltiples, complejas y más emocionales que racionales, pero vale la pena intentar un acercamiento.

 

Más que con el nazismo, AfD se emparenta con el Frente Nacional francés de Marine Le Pen (que llegó a la segunda vuelta en mayo pasado), el Partido de la Independencia en el Reino Unido (UKIP) - promotor del Brexit – o los partidos gobernantes en Hungría, Polonia e incluso en Rusia, desde donde Vladimir Putin ha alentado, con palabras y recursos económicos, a muchos de ellos. ¿Qué los une? El rechazo a la globalización, pero no solo en sus términos económicos, como lo hace la izquierda (Die Linke es su expresión alemana, como Podemos en España o Francia Insumisa en Francia), sino también y probablemente, sobre todo, en sus términos culturales.

 

Puesto en claro: la corrección política que tanto regodea a las elites europeas (y a las de acá también) genera mucho rechazo en aquellos que no la terminan de aceptar como algo inevitable en la evolución de Occidente como les dicen, sino que la ven como un aceleramiento hacia su (auto) destrucción.

 

La llegada de 900 mil inmigrantes provenientes de la guerra civil siria aceleró este proceso. Salvo alguna queja aislada de los socios regionales bávaros de Merkel, todo el sistema político, cultural, social y económico de Alemania abrió la puerta para el ingreso de las víctimas del conflicto en Medio Oriente en nombre de la tolerancia y la solidaridad, pero ese “todo” no expresaba a “todos” y aquellos que recelaban de esa apertura encontraron en AfD un voto representativo de sus temores y sus miserias, aunque también de sus orgullos.

 

 

La canciller Merkel. Triunfo con sabor a poco para su cuarto mandato.

 

 

Yendo por partes. La propuesta de Merkel de crear un superministerio europeo de finanzas generó el rechazo tanto de la izquierda como hasta de sus posibles socios de gobierno, los liberales del FDP. La precarización laboral fue reprochada en la campaña a Merkel por todos los partidos del sistema y el crecimiento de la pobreza en los últimos años tuvo que ser reconocido como un déficit de su gestión por la propia canciller germana.

 

Pero los únicos que, por ejemplo, criticaron la creciente presencia del Burka (el velo islámico) en las calles fueron los líderes de AfD. Los únicos que dicen que no quieren que se abran más mezquitas en el país son los de AfD. Los únicos que apuntan como negativo que la tasa de natalidad alemana baje a la par que sube la de los inmigrantes son los de AfD. En definitiva, los únicos que dicen que quieren cerrar las fronteras para evitar que se diluya la “cultura alemana” son ellos.

 

¿Qué está mal? ¿Qué son racistas y xenófobos? Probablemente. El nacionalismo de los países ricos y poderosos de Europa, a diferencia del latinoamericano, por ejemplo, ha sido tradicionalmente ofensivo, racista y con afanes imperialistas, pero no es la intención de esta columna juzgar sino entender qué es lo que está pasando en Europa.

 

Lo que han hecho estos populismos de derecha o nacionalistas es apelar a los instintos primarios del ser humano. Instintos de supervivencia que, pese a los años transcurridos, siguen vigentes y no desaparecerán de un día para el otro. La idea de que lo que hay no alcanza para todos y hay que cuidarlo de los de afuera, de las otras tribus, de los otros está presente en el ADN humano aun cuando ya no existan más que como atractivo turístico los castillos y las fortalezas y lo que alguna vez fueron razas estén hoy todas mezcladas.

 

 

 

Otra vez: las elites han comprado a sobre cerrado el discurso políticamente correcto, pero muchos en Alemania y fuera de ella asocian ese discurso de tolerancia, feminismo, género, identidad multicultural, familias ensambladas o sin hijos (Merkel no casualmente es divorciada y no tiene hijos) con el desmembramiento del Estado de bienestar, el resquebrajamiento del sistema de pensiones, la precarización laboral, la caída de los servicios públicos y la baja calidad de la educación y la salud públicas.

 

Para colmo, seguro de sí mismo, ese discurso se ha vuelto paradójicamente intolerante con quienes no lo abrazan con devoción religiosa y esa intolerancia empujó a los márgenes a quienes no se sienten contenidos en esa línea argumentativa. Alemania, además, es un país rico, pero es también un país que se siente aún controlado por quien a la postre – tras la desaparición de la URSS – quedó como el principal triunfador de la Guerra, Estados Unidos. La ausencia de FF.AA. en el país, más allá de su valoración simbólica, es en gran parte producto de ese control y no tanto de una decisión soberana.

 

¿Y de donde provienen finalmente los votos de un partido que hace solo cinco años no existía y hace cuatro no había podido superar el umbral del 5% para tener representación parlamentaria? Los resultados están frescos aún, pero la caída de los dos partidos tradicionales (los socialistas con 20% hicieron la peor elección desde 1949) señalan que parte de ese voto migró allí con motivaciones diferentes, los ex votantes del CDU probablemente lo hicieron disconformes con la política inmigratoria (de hecho, uno de los líderes de AfD es un ex dirigente de la CDU) y los ex socialistas reniegan de que su partido SPD ha sido el impulsor de la flexibilización laboral antes que llegara Merkel (la Agenda 2010 de Gerhard Schröder) y después siendo co-gobierno en 2005/09 y 2013/17.

 

En definitiva: los nazis por suerte no han vuelto (en la campaña se recurrió a calificar así a los dirigentes de AfD para descalificarlos, pero las leyes alemanas prohíben la reivindicación abierta del nazismo y, más allá de alguna mención a reivindicatoria a los “soldados” alemanes, AfD no ha cruzado esa línea roja), pero la democracia tiene desafíos similares a los que tuvo antes con el nazismo y también con el comunismo. Esto es hacer sentir a los ciudadanos que los beneficios del sistema siempre son mayores a los perjuicios que ocasiona.

 

Sucede que las demandas del Mercado para con el sistema democrático son cada vez más y, en el afán por satisfacer al Dios dinero, se ofrecieron y se ofrecen en su altar leyes y beneficios concretos de seguridad social que llevaron al menos cien años conseguir. En ese hueco de incertidumbre sobre el futuro que se genera, “pescan” los ultras alentando los instintos primarios y aprovechando que la izquierda hace tiempo – Mayo francés mediante-  cambió clase por identidad y obreros por minorías. Pero eso es para otro artículo.

 

José María Carambia, se enfrentó a Javier Milei por las regalías mineras. 
Axel Kicillof junto a Verónica Magario

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