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Junto a candidatos, hicieron un virtual lanzamiento de campaña con un acto de diseño. Clima festivo, bromas y arengas con cerco de la fuerza que está en el ojo de la tormenta.
Por 19/09/2017 16:08

Al bajar de la autopista Buenos Aires-La Plata ya se podía respirar una mañana atípica en el sur del conurbano. Una dotación de efectivos de la Policía Local monitoreaba a la vera de la rotonda los vehículos que accedían al corazón de Quilmes por la avenida Isidoro Iriarte. Al comenzar a transitar por Primera Junta, la disposición de uniformados con motos se repetía en todas las intersecciones hasta llegar a Mitre, donde ya no se podía avanzar motorizado.

El primer filtro a pie pudo sortearse sin mayores inconvenientes, pero el segundo checkpoint disparó un interrogatorio más profundo para la prensa y una negativa rotunda al avance para aquellos vecinos que pretendían eludir la barrera policial. “No voy al acto, voy a hacer compras acá”, señalaba una señora que, bolsa ecológica en mano, direccionaba su dedo hacia uno de los comercios apostados casi en la esquina con calle Lavalle, ya infranqueable.



 

En esa zona, el color del control comenzó a cambiar en el cruce con Moreno. Un nutrido racimo de camionetas blancas y unidades de traslado verdes daban cuenta de quién estaba al mando: Gendarmería Nacional. En un significativo número de vehículos y agentes, la fuerza que está en el ojo de la tormenta tras la desaparición de Santiago Maldonado, fue la que el presidente Mauricio Macri eligió para confiar la gruesa custodia de su desembarco al club El Porvenir de Quilmes, donde, en compañía de la gobernadora María Eugenia Vidal y los principales candidatos de Cambiemos en el orden bonaerense, hizo un virtual lanzamiento de la campaña de cara a octubre, enmarcado en una actividad enfocada en los adultos mayores.

Luego de un tercer filtro -con cacheo de armas incluido-, el agreste contexto fue superado para ingresar a un ecosistema completamente opuesto.
 


“Yo soy lo que soy, no soy lo que ves”, parecía aclarar el arranque del tema “Somos uno”, de Axel y Abel Pintos, pista predilecta para ambientar la actividad y que subió en su volumen para los dos momentos culminantes: la llegada de Vidal y la irrupción en el escenario del jefe de Estado, anunciado con arenga de presentadora por la propia mandataria bonaerense.

Minutos antes, el intendente local, Martiniano Molina; la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, y los candidatos Esteban Bullrich, Héctor “Toty” Flores, Graciela Ocaña, Gladys González y Guillermo Montenegro se tomaron las infaltables selfies con el grueso de jubilados ubicados en la pequeña platea apostada justo enfrente de la tarima donde se emplazaron las cámaras de TV. En el resto del reducido gimnasio de este club de barrio, las plateas ilustraban un predominio de funcionarios y dirigentes de Cambiemos de la Tercera sección.

Ya en el escenario 360, Vidal eligió el mejor ángulo, frente a las cámaras, para enfocar su mensaje: “Hoy nos convocan todas buenas noticias”, comenzó, al tiempo que remarcó que los jubilados “han vivido muchos gobiernos, entonces saben lo que es un cambio de verdad, cuando es profundo no cosmética”.

 

 

“No hay atajos, no hay caminos rápidos”, subrayó la mandataria provincial para asegurar: “Ya empezamos a ver el cambio de hacer de verdad. Podemos decir que todos los jubilados van a cobrar una jubilación que va a superar la inflación”. Así, tras ponderar la “reparación histórica", que la tarjeta Argentina está “funcionando en serio por primera vez” y que el “Turismo para grandes” permite viajes a Mar del Plata con el “40% de descuento”, Vidal anunció un aumento del 20% en asignaciones familiares y jubilaciones en la Provincia.

“Ya pasó el tiempo de las palabras, tuvimos muchas palabras, muchos discursos, mucho de hablar, llegó el momento de hacer. Si todos creemos que es el camino correcto es ahí que se puede”, alzó la voz la mandataria para hacer estallar el grito de guerra de Cambiemos: “Sí, se puede”.



 

Pero el acto estilo PRO se completó con la, también infaltable, crítica a la herencia: “No nos convoca la agresión, no nos convoca el pasado, no nos convoca la descalificación, nos convoca el poder. Nos convoca el hacer, pero no el poder del escritorio, de la secretaria, el poder que conocimos antes”.

Al llegar el turno de Macri, el Presidente siguió esa línea discursiva: “Durante muchos años nos hicieron creer que los argentinos somos el problema. No somos el problema, somos los protagonistas de la solución”.

Tras hacer una humorada por pisar un chicle en pleno escenario, el jefe de Estado también recurrió al chascarrillo para responderle a un jubilado que le gritó que ya se había gastado lo que le quedaba en la tarjeta Argenta: “Te la gastaste en la camiseta de Boca, está bien”.

Para cerrar, sostuvo en tono de campaña: “El cambio se está produciendo, ésta es la generación que vino a cambiar la historia para siempre, en base a dar pasos sólidos todos los días, ningún salto al vacío, ninguna locura, ninguna propuesta mesiánica”.

El “Sí, se puede” volvió a copar el ambiente entremezclándose con las voces de Axel y Abel Pintos que nuevamente se filtraban por los parlantes. Con un cordón de custodios, Macri se retiró raudamente del gimnasio. La Gendarmería lo aguardaba en las inmediaciones para acompañar su salida. Mientras, la música seguía sonando: “Somos tan distintos e iguales. El lobo, el cordero, y el mismo Dios...”