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Voto útil: Bullrich polariza con Cristina para aspirar electorado anti K

El candidato a senador bonaerense por Cambiemos relanzó la campaña en un evento con empresarios. Apelaciones a Vidal y la instalación de la idea de que en octubre se define entre dos modelos de país.
Por 30/08/2017 22:16

Síntoma casi natural teniendo en cuenta el escenario en el que se dio, la presentación del candidato a senador por Cambiemos Esteban Bullrich en el evento que organizó el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (Cicyp) generó expectativa fuerte entre los empresarios de mayor peso de la Argentina. En las dos ediciones anteriores, previas a las PASO, Sergio Massa y Florencio Randazzo se enfrentaron al mismo auditorio, que resultó ser un terreno bastante más hostil que para el ex ministro de Educación que Mauricio Macri eligió para encabezar la lista bonaerense. Es lógico: hace tiempo el Círculo Rojo, tal la denominación presidencial al grupo de hombres de negocios más influyentes, optó por acompañar la idea del oficialismo.

En el convite llevado a cabo en el coqueto Hotel Alvear, el bastonero y creador del espacio, Adrián Werthein, llegó más temprano incluso que la propia gente de la organización. Preocupado de que no se escapara ningún detalle a lo que entendía una convocatoria de público mayor que en las dos ocasiones previas. Para Bullrich fue casi un relanzamiento de la campaña en terreno confiable, mientras su antagonista, Cristina Fernández, realizaba en La Plata un acto con similitudes y diferencias. Así, Bullrich utilizó la ocasión para instalar la idea que más les ha rendido a los dos competidores que encabezan: polarizar con CFK en base a una “presidencialización” de la legislativa que confronta dos modelos de país, el K y el M.

 

 

“Es probable que se polarice un poco más en octubre, porque en el fondo elegimos entre dos caminos. Es blanco o negro”, explicitó el elegido por el oficialismo ante las preguntas del entrevistador del ciclo, Daniel Hadad. El empresario de medios le apuntó, atento, que notaba una cierta intención de evitar nombrar a la ex presidenta incluso en apelaciones a la grieta con los K. “¿Fue un consejo de Jaime (Durán Barba)?, inquirió con picardía. No, contestó Bullrich: “Jaime nos dice que seamos nosotros mismos”.

Bullrich, que también llegó temprano -acompañado sólo por su esposa- quiso saber cómo era el lugar y el formato del evento. Un rato antes que él había arribado uno de los hombres del momento por una circunstancia que fue furor en las redes sociales. “Ahí viene el ministro planta”, cuchicheaban dos altos mandos del mercado bursátil mientras Sergio Bergman, el ministro de Medio Ambiente, se acreditaba para el ingreso. “Mirá que laburo mucho, eh... y que haya salido en los medios por eso…”, contó a Letra P sobre el affaire que generó el atuendo de hojas y ramas que utilizó para concientizar sobre las políticas verdes. Mientras tanto, el rabino charlaba animadamente con un empresario que pintó de surreal el lobby del hotel cuando apareció con su caniche marrón en brazos, animal que soltó unos instantes para que pasee por el lugar.

El que esperó por el candidato de Cambiemos fue un lobby variopinto que incluyó al presidente de la Cámara de la Construcción, Gustavo Weiss; el padre del ministro Guillermo Dietrich, que a pesar de vender autos en su concesionaria llegó y se fue en moto; el empresario Martín Cabrales; Lili Sielecki, de laboratorios Elea (que acaba de comprar laboratorios Phoenix); el jefe de laboratorios Richmond, Marcelo Figueiras, y Teddy Karagozian, de TN Platex. El empresario hilandero más grande del país se paseaba con un papel que mostraba lo caro que es producir en la Argentina, información que compartió con el ex presidente de la UIA, Héctor Méndez. El líder de los plásticos, fiel a su estilo de agnóstico político, fue el más crítico: “Estos chicos no están haciendo todo bien y van a tener que afinar la puntería porque los K son terribles”, contó a este medio. Como tantos otros, Méndez confía más en el cambio político e institucional que en la marcha de la economía y la política productiva. Confesó que tiene en su planta de autopartes de San Juan a 400 personas paradas por la caída en la actividad.

 

 

LOS CUADERNILLOS DE CTERA Y LA TÉSIS CHURCHILL. Mientras degustaban espumante rosé y malbec de las Bodegas del Fin del Mundo, propiedad de Eduardo Eurnekian, los empresarios se acercaban a Bullrich a felicitarlo y darle el apoyo. “Tenemos que seguir remando”, respondía el candidato, que debió cortar con las sociales para encaminarse al escenario central. Ante esta necesidad de instalar la polarización para cazar votos anti k que entienden que pueden recuperar, Bullrich utilizó dos herramientas. Una vieja y una nueva, producto de la coyuntura. La primera idea, apelaciones constantes a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. “Es ella la que hace la campaña”, contaba un importante industrial a este medio mientras el invitado al evento aseguraba que “el cambio de María Eugenia es visible para todos”. La segunda idea, un “rechazo total” al “cuadernillo de la CTERA”. En el macrismo celebran por estas horas el proyecto de uno de los gremios docentes de instalar en las escuelas un debate sobre la desaparición que ya lleva casi 30 días del joven Santiago Maldonado. Lo que expresó Bullrich es lo que en Cambiemos entienden como un buen anzuelo para votantes que repudian cualquier intromisión de la política por fuera de la política, siempre bajo la lógica de este perfil de votante. Esa sí fue una movida rápida de Durán Barba, incluso la instalación en redes de un hashtag contra el cuadernillo de CTERA. Confesó Esteban que en los timbreos “hay gente muy enojada”, a la que hay que llegar “escuchando”. Pero resaltó la mayor muletilla que le rindió al Gobierno como lo fue el combate al narcotráfico. Tanto que contó la anécdota de un timbreo en el que “a eso de las diez de la mañana, despertamos a un hombre que se enojó mucho por despertarlo y porque no era votante nuestro”. Hombre que “mientras cerraba la puerta nos dijo, no le aflojen con el combate al narco”.

“Los 20.000 votos no cambian la gran elección que hicimos en Buenos Aires y en todo el país”, respondió Bullrich consultado sobre el recuento definitivo que dejó a CFK levemente por encima del oficialismo en terreno bonaerense. “Es una ventaja (cuando polarizan) porque ellos tienen una visión muy distinta a la nuestra”, detalló y hasta chicaneó a la ex mandataria asegurando que “estaría bueno que conteste dos o tres preguntas, como base”. Para el auditorio, a su estilo y sin estridencias, Bullrich hizo un relanzamiento de campaña sólido y con buenas chances de llegar a octubre más cerca del 40% que del 34% actual. Pero el establishment ve algunas cosas distintas respecto a la consideración que el Gobierno tiene sobre la coyuntura política y la gobernabilidad posteriores a la elección. Y lo hace saber. Werthein, un apasionado de articular y relacionar dentro y fuera de la política, inició el evento con una cita a los famosos seis tomos de la obra en la que Winston Churchill contó parte de la Segunda Guerra Mundial y la reconstrucción posterior. Casi que llamó a un nuevo Pacto de la Moncloa cuando aseguró que “para salir de épocas muy difíciles, hay que convocar a la gente que piensa distinto, a los partidos de la oposición”. Contó que eso mismo es lo que hizo Churchill para explicarles a los ingleses el camino a seguir. Cuando terminó el evento, muchos coincidieron con el anfitrión y se preguntaron si el Gobierno, después de la campaña, tomará o no un camino que hoy parece lejano si se miran los intentos polarizadores de ambos lados.