Liturgia PRO recargada para abrir el año electoral en auditorio áspero
Para acompañar un mensaje de neto corte proselitista, el oficialismo se esforzó para recrear un clima triunfalista. La hostilidad K. Ausencias llamativas. La polémica post discurso.
El canto resonó varias veces en el recinto de la Cámara de Diputados en las voces de diputados y senadores de Cambiemos, que agitaron sus brazos alentando. “¡Sí, se puede! ¡Sí, se puede!”, gritaron de pie los representantes del oficialismo para respaldar a Mauricio Macri, que intentaba elevar el tono en su discurso en modo de arenga, haciendo oídos sordos a las acotaciones de la oposición sobre los escándalos que más lastiman políticamente al Gobierno: el acuerdo por el Correo, el caso Avianca, el conflicto con los docentes, la detención de Milagro Sala y los recortes al Conicet.
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“Sos un cínico, Macri, ¡endeudaste al país otra vez!”, gritó la diputada de La Cámpora Mayra Mendoza cuando el Presidente dijo que “ya no hay más lugar para cinismos”. Los cruces entre el discurso presidencial y las acotaciones de los diputados del Frente para la Victoria fueron constantes, aunque Macri solo respondió directamente cuando se refirió al líder de docente Roberto Baradel. “No creo que necesite que nadie lo cuide”, contestó cuando el kirchnerismo le pidió protección para el gremialista, que recibió amenazas. “Llamá a la paritaria nacional”, apuntó Edgardo Depetri cuando el Presidente dijo que los docentes “tienen un papel clave” en el futuro.
Desde que empezó a leer su discurso, a las 11.25, Macri escuchó en varias oportunidades alusiones a los despidos. "Cada día vamos a estar mejor", repitió el primer mandatario, que insistió en que "la principal preocupación es reducir la pobreza".
Desde los palcos bajaron las ovaciones. En la galería del primer piso aplaudió el único sindicalista que aceptó la invitación oficial, Gerónimo “Momo” Venegas, líder de los trabajadores rurales. Otros secretarios generales, como Antonio Caló (UOM), Gerardo Martínez (Uocra), Hugo Moyano (Camioneros) y Andrés Rodríguez (UPCN), estaban incluidos en la nómina que manejó ceremonial pero no aparecieron por el Congreso. Venegas se ubicó al lado del presidente de la UCR, José Corral, a dos palcos de distancia del titular de la Sociedad Rural, Luis Etchevehere, que fue invitado especialemente por la vicepresidenta Gabriela Michetti.
“La obra pública dejó de ser un sinónimo de corrupción”, dijo el Presidente antes de pedirle al Congreso que sancione una ley de responsabilidad empresaria para combatir la corrupción del sector privado. “Calcaterra, Calcaterra”, le gritaron desde el FpV, en referencia a su primo Ángelo, dueño de la constructora IECSA.
En otra de las galerías aplaudían la secretaria de Relaciones Parlamentarias, Paula Bertol; el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger; el titular de la Anses, Emilio Basabilvaso, y el filósofo Alejandro Rozitchner, asesor presidencial y uno de los autores del discurso.
“Tenemos que trabajar para lograr la felicidad de todos los argentinos, especialmente de aquellos preocupados por la inseguridad”, siguió el Presidente, que pidió dar un debate sobre un nuevo sistema de responsabilidad penal juvenil. "Los sentimientos, las emociones son lo más real que tenemos. Y de eso está hecho el país. Una sociedad es una inmensa red afectiva", siguió.
En el recinto hubo algunas ausencias notorias -Máximo Kirchner estaba en su despacho de la Cámara de Diputados pero prefirió no sentarse en la banca. En cambio, sí estuvieron otros representantes de La Cámpora, como Andrés Larroque, Eduardo "Wado" de Pedro, Juan Cabandié y Axel Kicillof. También estuvo el presidente de la bancada del FpV, Héctor Recalde, pero no asistió la mayoría de los senadores del sector cristinista, como Anabel Fernández Sagasti y Virginia García.
"No al ajuste en Ciencia", "Libertad a Milagro Sala", "Yo te vi endeudar de nuevo al país", se leía en los carteles que los diputados del FpV ubicaron sobre sus bancas. "No al ajuste y los despidos", fue la leyenda de la bandera que desplegó el Frente de Izquierda.
"Tenemos que trabajar en equipo", arengó el Presidente, que recurrió en muchas oportunidades a los conceptos de "entusiasmo" y "felicidad", aunque se refirió al Gobierno kirchnerista como "la década de despilfarro y corrupción". "Correo, Correo", gritaba el camporista Marcos Cleri. "Avianca", remató Cabandié. A la derecha del Presidente escucharon, atentos, los miembros de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco, Juan Carlos Maqueda, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz. No estuvo la procuradora general, Alejandra Gils Carbó, quien aseguró que no fue invitada, pese a que figuraba en la lista oficial. Más a la derecha se ubicaron los ministros del Gabinete nacional, a quienes acompañó el ex presidente Eduardo Duhalde, único ex mandatario presente en el recinto.
Del otro lado, a la izquierda de la presidencia, se sentaron los gobernadores María Eugenia Vidal, Juan Manuel Urtubey, Claudia Ledesma, Miguel Lifschitz, Sergio Uñac, Sergio Casas, Alberto Rodríguez Saa, Alfredo Cornejo y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta.
Tras una hora en la que alternó lectura con improvisación, pausas con arenga y algunos gritos, el Presidente cerró elevando el tono: "La Argentina se está poniendo de pie. Hoy, más que nunca, tenemos que confiar en nuestra capacidad de hacer juntos".
"Para unir a los argentinos hay que tener un discurso moderado. Macri tuvo un discurso soberbio, de antagonismo permanente", señaló Felipe Solá una vez terminada la Asamblea Legislativa. El diputado del Frente Renovador aludió también a los dichos del Presidente sobre Baradel y los calificó como "una provocación torpe". En línea con esas críticas estuvo el presidente del bloque Justicialista, Oscar Romero. "A los representantes sindicales hay que respetarlos. La representatividad se la dan los afiliados, eso merece respeto. Fueron palabras muy desafortunadas", cuestionó.
"Fue cínico y provocador. No sale de la mención a los 12 años del gobierno del Frente para la Victoria para hablar de las cosas que no puede resolver. El discurso fue una provocación permanente", afirmó la diputada del FpV Teresa García. Pese a los cruces que proliferaron durante casi todo el discurso, Depetri consideró que el kirchnerismo estuvo "moderado". "Lo de los carteles lo inauguraron ellos cuando venía Cristina. Y la abucheaban cada vez que hablaba", apuntó.
"Nosotros nunca pusimos carteles un 1 de marzo. Y hasta hemos aplaudido las cosas con las que estábamos de acuerdo. Hoy el FpV no aplaudió siquiera la mención al reclamo de soberanía por Malvinas", disparó el diputado Pablo Tonelli, del PRO. Para Daniel Lipovetzky, en cambio, el clima no fue hostil. "No hubo excesos. Fue en el marco de respeto que esta Asamblea requiere, más allá del griterío, que es normal. Los que vivimos la dictadura y vimos este Congreso cerrado valoramos que venga un presidente a inaugurar el período de sesiones ordinarias", señaló el diputado de Cambiemos, bajando el tono de lo que fue el paso áspero del Presidente por un recinto caliente.