Enfoque

Masacre de Orlando: ¿todo ganancia para Trump?

Las especulaciones sobre el impacto en las elecciones de EE.UU. ¿Suma automáticamente para el discurso islamofóbico del republicano o beneficia a los demócratas, que promueven la restricción de armas?

A la hora de evaluar el impacto que el atentado terrorista del pasado domingo en Orlando tendrá en las elecciones presidenciales de Estados Unidos hay que atender primero a la fecha. Los comicios serán el 8 de noviembre próximo, por lo que, presumiblemente, la influencia del ataque se verá amortiguada por la cantidad de nuevos episodios que se sucederán hasta los comicios, que también determinarán el comportamiento de los electores.

 

De todos modos, la magnitud del ataque –el peor en territorio norteamericano desde 2001– abre un nuevo escenario en la contienda electoral, donde los posicionamientos de los principales candidatos quedaron claros y bien distantes. En sintonía con el presidente Barack Obama, la candidata demócrata, Hillary Clinton, insistió en la necesidad de regular la venta de armas en un país donde su portación no solo forma parte de su idiosincrasia cultural, sino que, consecuentemente, está garantizada constitucionalmente. Mientras tanto, Donald Trump, el representante republicano, abundó en su discurso radical contra –valga la redundancia– el islamismo radical y volvió a proponer la prohibición temporal del ingreso de musulmanes a EE.UU.

 

Una primera mirada indicaría que el miedo que previsiblemente afecta tras este suceso a gran parte de la sociedad norteamericana llevaría agua al molino de Trump. Sin embargo, los primeros sondeos hablan de apenas una leve baja en las encuestas de la candidata oficialista –en definitiva, responsable de la política de (in) seguridad actual– y de que esos votantes no se pasan automáticamente a la oposición sino que se suman a la larga lista de indecisos que se nutre del rechazo que generan ambos candidatos.

 

Desmintiendo la idea de una masiva traslación de votantes asustados a los brazos del “cowboy” Donald, aparece también la postura del líder republicano en el Congreso, Paul Ryan, que desautorizó la propuesta del candidato de su partido contra los musulmanes. Es cierto que la elite partidaria del GOP (Grand Old Party) hace rato que perdió su pelea con Trump, pero su base electoral es imprescindible para el millonario si quiere llegar a la Casa Blanca. La postura de Ryan no es unipersonal: refleja el sentir de muchos republicanos.

 

Hay otro elemento que pone en duda la idea de que todo sea ganancia para el magnate. Cada vez empieza a quedar más claro que la masacre de Orlando fue un episodio de terrorismo doméstico. Esto es, que el asesino actuó por cuenta propia y le “ofrendó” su acto al Daesh (Ejército Islámico) pero sin haberlo consultado previamente ni haber recibido ningún tipo de colaboración de parte de esa organización.

 

Más aún, los primeros datos que surgen de la investigación muestran a un personaje desequilibrado que osciló entre su propia homosexualidad y la homofobia y entre la adscripción –a distancia– a grupos antagónicos como Hezbollah y Daesh, que, aunque comparten su adhesión a la lucha armada y la creencia en Alá, son enemigos entre ellos porque los primeros son chiitas y los segundos, sunnitas. En Occidente, sería como igualar a católicos y protestantes solo porque ambos creen en Jesús.

 

Cobra fuerza, entonces, la visión demócrata de que el principal problema es la venta indiscriminada de armas y no el terrorismo islámico globalizado. La eventual restricción de la venta de esos mecanismos es tarea colosal por los obstáculos legales que conlleva: mayorías especiales en el Congreso y adhesión de mayorías especiales en los estados.

 

Sin embargo, hay antecedentes que benefician a Trump y que no casualmente fueron recordados estos días por el presidente Obama. La mayoría de los norteamericanos creyó que verdaderamente había armas de destrucción masiva en el Irak de Sadam Hussein y, fundada en esa creencia –que luego quedó demostrado que era falsa–, acompañó al entonces presidente George Bush en su ofensiva contra Hussein con amplias mayorías en la calle y en el Congreso.

 

No puede descartarse que el temor al terrorismo vuelva a ser clave en la formación de opinión pública y, montado sobre ese sentimiento, Trump sume voluntades que lo acerquen a su objetivo presidencial. De hecho, se habló mucho de lo oportuno que sería para Trump que hubiera un atentado terrorista pocas semanas antes de las elecciones. Pero no es lo mismo un atentado “formal” pocos días antes de las elecciones que uno “informal” cinco meses antes.

 

Por eso, hay que volver al punto de partida. De acá a noviembre, habrá muchas más noticias que moverán el tablero electoral estadounidense y la seguridad es solo una de las preocupaciones del electorado norteamericano, que mira con mayor o igual atención la economía, terreno que le ha dado probablemente a Trump muchos más votos en las primarias que sus posiciones xenófobas, aunque no tienen la misma repercusión mediática. 

 

Victoria Villarruel, en el Senado.
El bloque oficialista de Martín Llaryora, Hacemos Unidos por Córdoba, está dispuesto a consensuar modificaciones en la ley del juego online con la oposición.

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