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La titular de Salud, Zulma Ortiz, entró por la ventana al gabinete y se quedó con un casillero que era para la UCR. Doble comando, reproches de intendentes y creciente tensión gremial.
Redacción 18/05/2016 11:49

Con sólo cinco meses en el cargo, al que llevó por el lobby a su favor de la cadena Farmacity, la ministra de Salud de la provincia de Buenos Aires, Zulma Ortiz, no la está pasando bien. Se instaló la idea de que conduce la cartera en una suerte de doble comando informl con el ex director del Hospital El Cruce de Florencio Varela Arnaldo Medina; varios secretarios de Salud de municipios oficialistas de la Tercera se quejan porque no les solucionan los reclamos y las internas dentro del Ministerio se calientan semana tras semana. Todo, sumado al colapso en los hospitales y la cada vez más tensa relación con los sindicatos que agrupan a los trabajadores de la red sanitaria pública. En este contexto desfavorable, la funcionaria pierde apoyo al interior del frente gobernante Cambiemos.

En el mes de diciembre, cuando la gobernadora María Eugenia Vidal y sus colaboradores más cercanos llenaban los casilleros del armado del gabinete, los radicales se disputaban el ministerio que dejaba vacante Alejandro Collia. Todo parecía indicar que ese puesto sería para la UCR, pero una interminable interna que el vice Daniel Salvador no pudo resolver le puso fin a las intenciones de los socios del PRO. Hoy, muchos dirigentes radicales siguen lamentándose y pasándole facturas al presidente del Senado: dicen que privilegió la promoción de su amigo personal Jorge Elustondo a la cartera de Producción y, así, perjudicó a la estructura partidaria.

Fueron los directivos de la cadena de farmacias Farmacity quienes, con énfasis, le acercaron a Vidal el nombre de Ortiz. La presentaron como una médica reumatóloga especialista en salud pública, con un máster en Epidemiología, Gestión y Políticas de Salud de la Universidad de Lanús y coordinadora de distintos programas internacionales. Y le pidieron que la recibiera.

Durante el mes de noviembre de 2015, Farmacity estaba participando de la campaña solidaria "Redondee en favor de los niños", en conjunto con UNICEF, donde Ortiz se desempeñaba como especialista en salud, además de ser miembro del Comité Asesor en Investigación para la Salud de OPS. Se trata de un trabajo en conjunto, sustentado en gran parte por la ayuda de los clientes que realizan donaciones cuando abonan sus compras. Esa relación entre la empresa y el organismo internacional unió a Ortiz con los directivos de la cadena y, al cabo, le abrió las puertas del gobierno provincial.

De esta manera, Ortiz asumía un desafío enorme, que esperaba poder superar principalmente gracias a la ayuda de sus más cercanos, porque no tenía experiencia en cargos públicos de esta relevancia. El antecedente más cercano era  su participación en la gestión de Ginés González García –uno de sus mentores- en el Ministerio de Salud de la Nación, durante el gobierno de Néstor Kirchner.

Ya en la Provincia, llevó como jefe de Gabinete al cordobés Roberto Chuit, quien se propuso reordenar el Ministerio pero lentamente comenzó a verse superado por el sinfín de inconvenientes que se le fueron presentando a diario. Ortiz, que tiene un perfil más técnico, se inclinó por alguien que se ocupara con más dedicación de los aspectos más políticos de la gestión. Chuit había sido ministro de Salud de su provincia, en el gobierno de José Manuel de la Sota, hasta que renunció en el año 2006 para dedicarse a su carrera política.

Ortiz comenzó su trabajo al frente de la cartera ubicada en la avenida 51 de La Plata con una polémica, cuando trascendió que, a menos de un mes de haber asumido, se tomó unos días para ir a Londres y Ginebra por cuestiones ajenas a su tarea en el ministerio, en el marco de un proyecto en el que venía trabajando desde hacía tiempo. Luego, fue teniendo varias dificultades al momento de gestionar y hoy, a cinco meses de haber asumido, mantiene un fuerte enfrentamiento, por ejemplo, con funcionarios de algunos municipios de Cambiemos de la Tercera sección electoral, quienes se muestran molestos porque no encuentran quién atienda y resuelva sus problemas en la Provincia.

Puntualmente, hubo cortocircuitos con los dos directores de Hospitales que lleva la gestión Vidal: primero con Alberto Lazo, el hombre que respondía al ex intendente de Merlo Raúl Othacehé y que renunció al poco tiempo de haber asumido, y luego con el actual jefe del área, Leonardo Busso.

DOBLE COMANDO. Busso responde a Arnaldo Medina, ex director del Hospital El Cruce de Florencio Varela de buena relación con la Ministra. Ortiz, formada en Isalud -la fundación de González García-, conoció ahí a los médicos vinculados a ese centro público de salud.

En las últimas semanas, un funcionario municipal de un distrito del conurbano estalló de furia al reiterarle por enésima vez un reclamo a Busso. Cansado por la situación, levantó el teléfono y llamó al jefe político del funcionario. Quienes conocen la historia aseguran que al día siguiente, tenía el problema solucionado gracias a la colaboración, además, de un intendente del Frente para la Victoria. Con lo cual, hay un comentario que se propaga entre los municipios de la Provincia: "El ministerio de Salud está manejado por el ex director de El Cruce".

TENSIÓN SINDICAL. Es sabido que uno de los principales problemas y dolores de cabeza de Vidal es la relación con los gremios, cada vez más caliente en el marco de un proceso accidentado de negociaciones paritarias. Puntualmente en Salud, Ortiz mantiene una disputa importante con el sindicato CICOP, que agrupa a los médicos del sistema público provincial y viene realizando paros de manera regular. La protesta no se agota en la exigencia de una recomposición salarial acorde a la escalada del costo de vida, sino que apunta a obtener compromiso oficial para mejoras edilicias y de equipamiento y a denunciar la crisis que atraviesa el sistema de salud bonaerense.

Todo este combo ha puesto en una situación incómoda a Ortiz, que ya era mirada de reojo como una extranjera por el núcleo duro de Cambiemos y ahora recibe los palos que, como dice un viejo axioma de la política, son los más fuertes: los de adentro.