Política

Malvinas: Viajar para fotografiarlo

Por Facundo Cottet

@facundocottet

 

“De a ratos les llegaba el zumbar de los aviones y el tableteo de la artillería del puerto. Era pleno día sobre el cerro. Tenían hambre, abajo, en el oscuro. Desde entonces, entre ellos, empezaron a llamarse “los pichis”. Así arranca uno de los primeros relatos sobre la Guerra de Malvinas; se llamó “Los Pichiciegos”, una novela escrita por Enrique Fogwill a principios de 1983, aunque clandestinamente el escrito comenzó a circular en 1982.Pasaron 31 años pero aquella herida y los vestigios de la guerra siguen latentes allá y acá, en las Islas y en la sociedad. Letra P charló con Pablo La Ferrara un fotógrafo y sociólogo  platense que acompañó a una brigada de ex combatientes durante una semana por las islas: impresiones, recuerdos, silencios, memoria, reivindicación y soberanía.

 

La Previa

 

¿Cómo surge la idea del viaje?

 

El viaje lo organiza Gonzalo Mainoldi, fotógrafo que dirige la escuela de fotografía QdlK, en función de un trabajo sobre Malvinas que venía haciendo desde hace 10 años. Me dice a principios del 2011 quién quiere ir. Yo no dudé ni un momento, este es un año histórico, son 31 años de Malvinas, 30 años de la guerra, casi 180 años de la usurpación, era un momento único. Cuando tuve esa oportunidad me mentalice para viajar y era como un sueño; fuimos en febrero de este año y no terminó el viaje. Sigue en el corazón, en la cabeza, seguimos de viaje

 

¿Cómo fue la preparación personal?

 

Todo el periodo anterior al viaje fue como de búsqueda de información, de lecturas, de películas, de entrar en la cuestión Malvinas; con algunas herramientas que tenía de la sociología. Empecé a hacerme algunas preguntas, a leer algunas cuestiones, no era un conocedor de la cuestión Malvinas. Tuve que hacer un esfuerzo para iniciar una búsqueda de materiales de fotos, de videos y demás para empezar a pensar qué era Malvinas

 

En Febrero fue cuando enviaron al príncipe de Inglaterra a las islas a entrenarse militarmente

 

Sí, hubo una serie de tensiones; estaba el principito con su helicóptero haciendo pruebas militares, se anunciaba el envío de un submarino nuclear que llegó hace unos meses y el buque de guerra que también llegó. Nosotros estábamos acá, muertos de miedo, con anuncios de suspensión de vuelo o algo parecido a eso. Era todo como muy raro pero siempre con las ganas de ir, a pesar de todo eso que venía pasando a nivel político, diplomático.

 

Las Islas

 

Contame la llegada a las islas

 

Primero tenés que ir a Río Gallegos, te quedas un día ahí; es una ciudad muy desolada, con un viento muy frío, construida sobre una meceta, muy extraño el lugar. Al otro día de estar en Río de Gallegos salis en un vuelo chileno a las Malvinas, es un viaje de una hora y llegás. No es mucha la emoción; llegas a una base militar que es Mont Pleasant una ciudad verde, militarizada y es la base militar más grande del atlántico sur. Hay misiles, armas nucleares, aviones de guerra y además de todo eso funciona como centro de diversiones de los isleños que van a ver cine, a jugar con juegos de teconologías. Es raro llegar a Malvinas y encontrarse con alambres de púas y aviones verdes por todos lados. Después uno sí se emociona.

 

¿Dónde se alojaron?

 

Para viajar a la isla hicimos contacto con un argentino que fue el que arma el circuito de traslado y alojamiento en la casa de una isleña que se dedica a recibir gente, es una casa grande simple sencilla. El trato era mínimo, se limitaba a hola y chau y si queríamos desayuno con fritos y demás. El último día nos quería hacer dormir en el fondo de la casa, debajo de un árbol porque venía un isleño a instalarse unos días, fue como medio raro. Mandamos al contacto nuestro a que le diga que no y lo entendió. El fundamento era que venia gente inglesa y teníamos que ir a fuera.

 

¿El trato con Isleños cómo era?    

 

La tensión diplomática se traducía en la calle, en el trato que tuvimos con los isleños; nunca fuimos bienvenidos. Los argentinos son invasores, ese es el recuerdo de la guerra a 31 años que tienen. Para ellos el fin de la guerra, el 14 de junio, es el día de la liberación; entonces por ser Argentinos y por todo el contexto fue muy difícil el trato con los isleños. Hubo, agresiones verbales, algunas corridas en la calle. Nos echaban de los bares o de algunos lugares a los que íbamos de compras. Era bastante agobiante el clima y relacionarse con los ingleses que ya de por sí son bastante fríos y hostiles. Si bien el clima de la isla ya es hostil, es duro, por el viento, por el frío, se hace más difícil relacionarse con los Kelpers aunque ellos se dicen Isleños o Falklander,

 

¿Cómo es la organización de la sociedad?

 

Hay un colegio secundario, una cancha de fútbol. Los pibes estudian ahí, otros se van a Londres a hacer la universidad y no vuelven. El pueblo es chico hay, hay un hospital, una iglesia grande, construida en el siglo XIX. Muchos bares con miles de marcas de cervezas, bares que abren todo el día. Hay una gran zona portuaria que recibe cruceros de todo el mundo Puerto Argentino es un pueblito bien ingles, cuidadito. Hay partes que están medias abandonadas pero la imagen típica son las casitas de maderas, típicas

 

¿Y el nivel de vida?

 

Tenés la comida básica de hamburguesas, coca-cola y pizza y es muy barato, con monedas podes comer, si querés levantar un poquito el nivel es caro, es caro el alojamiento. Nosotros estábamos pagando a una relación de 7 a 1. Es todo muy caro

 

¿Hay argentinos viviendo?

 

Sí hay 40 argentinos. Son argentinos que han logrado adaptarse al estilo ingles, apoyando políticas colonialistas; no dicen Malvinas, dicen Falkland, la pasan bien con los subsidios y los trabajos que les dan los ingleses, por eso se quedaron en esa isla usurpada

 

¿Qué opinan lo isleños de la autodeterminación?

 

Hay varias posiciones con respecto a la política de Malvinas, están los que apoyan la política militar proteccionista de Londres que son los que apoyan a Cameron, reciben los búques militares con alegría y manifiestan este apoyo a esa política de militarización del atlántico sur. Hay otra postura que es el de la autodeterminación, que coincide con esto de apoyar a Cameron pero en principio no puede funcionar nunca porque la isla es usurpada. Los isleños son ingleses trasladados desde la usurpación y ahora está naciendo la posición de considerar a las islas como un territorio autónomo. Independiente de Gran Bretaña pero es una posición que están construyendo y no sé qué viabilidad tiene. Lo cierto es que es una colonia que reclama el principio de autodeterminación que no funciona y es contradictoria porque los isleños reclaman ese principio y las autoridades principales llegan desde Londres en avión. Las elige la reina, las saca la reina cuándo lo determina necesario. No eligen sus autoridades, eligen 3 o 4 concejales que no tienen la autoridad que tiene el gobernador de las islas.

 

La guerra

 

 ¿Fuiste con ex combatientes?

 

Tuvimos la suerte de coordinar el viaje con la Decima Brigada que son ex combatientes de Malvinas que dejaron a tres de sus compañeros en la isla, tres de ellos mueren en la guerra y están sepultados en el cementerio de Darwin. Nos conocimos ahí y por suerte ha quedado un lazo muy fuerte del viaje que no terminó, que sigue. Y estar con los ex combatientes fue fundamental; ellos tenías los relatos, las historias, conocían los lugares, reconocían sus posiciones, sus pozos. Algunos pozos los encontraron, se sacaron fotos y a cada lugar que íbamos íbamos acompañados de esos relatos. Sino hubiese sido bastante difícil de entrar en un clima de Malvinas, hubiera sido bastante difícil estando solos conocer qué había pasado en el territorio

 

¿Se encontraron con elementos de la guerra?

 

Hay un monton de vestigios de la guerra que han quedado; desde balas, hasta cañones o helicópteros. Han quedado ahí después de 30 años, vimos un helicóptero cerca de un monte. Cartuchos de balas de fusil en Monte London. Hay agujeros en la tierra que son los bombazos que dese el mar o el aire tiraban los ingleses durante la noche y hay enterrados en la trinchera, como supo encontrar uno de los ex combatientes, papeles de caramelos. Fue muy fuerte ver papeles de caramelos, yo tengo 35 y a los 5 años comía ese caramelo que ahora estaba ahí.

 

¿Cómo es el Cementerio Darwin?

 

Queda a 90kilometros de Puerto Argentino que es la capital de la isla, se llama Puerto Stanley, nosotros le decimos puerto argentino y para que te des una idea la base militar Mont Pleasant que a donde llegas, es 10 veces más grande que el pueblo. Las Islas Malvinas son prácticamente una base militar con civiles para legitimar ciertas políticas coloniales. Darwin queda a 90 kilometros de Puerto Argentino, es un viaje largo por camino de ripio. Está ubicado en el medio de un lugar desolado. El cementerio fue reformado hace unos años, pusieron unas paredes de mármol y tiene unas cruces blancas de maderas con unos collares. El viento golpea los collares con las maderas y es fuerte estar ahí, sabiendo que están los soldados que dejaron la vida. Cuando fuimos con los ex combatientes, ellos fueron a rendir un homenaje a sus tres compañeros que se quedaron ahí para siempre, custodiando. Fue lo más impresionante del viaje. Nadie habla en ese lugar, todos nos callamos y se escucha el viento y los rosarios que pegan en la madera de las cruces y es fuerte, ese sonido de los rosarios pegando contra las cruces y el viento no te olvidas más. Ahí se dio una situación particular porque en ese momento sacamos las banderas de Argentina y a los 5 minutos cae un jeep militar con unos ingleses militares para vigilar desde una loma. Fue como bastante extraño porque nunca los vimos salir de ningún lado; ellos controlan y vigilan todo el tiempo. Se guardaron las banderas y a otra cosa.

 

Fotos de viaje

 

¿El viaje cambió tu búsqueda fotográfica, qué decir en una foto?

 

Este viaje fue útil para entender la fotografía como un testimonio, como un hecho político y una forma de poder vincular
algún hecho con nuestra historia, con nuestra memoria con la identidad. La cuestión Malvinas ha sido tan silenciada desde el primer momento por los militares como también por la sociedad civil. Ese silencio fue costoso tanto en los soldados que volvieron, que no soportaron el silencio y tuvieron que elegir entre vivir o morir y también para la sociedad; es una herida que sigue abierta. El viaje fue fundamental para comprometerme con la fotografía, no tengo muchos años en esto. Me sirvió para darme cuenta de una serie de cuestiones

 

¿Qué opinión tenés de la causa Malvinas?

 

Se han dado pasos de relevancia histórica en cuanto la legitimidad del reclamo sobre Malvinas y esto está reflejado en los apoyos que ha conseguido el reclamo. Actualmente se puede decir que Malvinas es una causa latinoamericana apoyada por gran parte de la comunidad internacional. Esto permite volver a malvinizar, volver a pensar Malvinas, volver a indagar sobre una herida silenciada, ocultada, una herida de un gobierno terrorista. Volver a hablar, pensar o fotografía o lo que sea sobre Malvinas. Es plantear el tema de la memoria, de la soberanía, de la verdad, de la justicia.

 

¿Volverías?

 

Sí, tal vez si. No sé si el año que viene pero volvería. Volvería a visitar lugares que no vi y a estar ahí otra vez, haciendo nuevas fotos. Este viaje me sirvió para repensar la fotografía como un medio, como una disciplina, testimonio, un documento de identidad. Tendría que volver a las Malvinas y si tuviera que volver volvería para buscar las fotos que no encontré en ese viaje. Fue un viaje de dejarme sorprender un poco por un lugar desolado, usurpado, sorprenderme por esa sensación.

 

Todas las fotos pertenecen a Pablo La Ferrara. 

 

Maximiliano Pullaro a los abrazos, aquí y allá. 
Paoltroni, en la negociación por la ley ómnibus

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