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Milei y los claroscuros de la reelección

Javier Milei y su estratega Santiago Caputo suelen repetir que la reducción de la inflación es el criterio excluyente que aplicará la ciudadanía cuando se vuelvan a abrir las urnas. Sin embargo, el dogmatismo con el que el Gobierno aborda ese proceso, basado en el atraso del dólar y los ingresos populares, y en una amplia apertura importadora, hace que el remedio pueda generar perniciosos efectos secundarios. ¿Cuál será el camino del Presidente hacia su revalidación y el inicio de una era de hegemonía, o su retiro de la escena?

Toto Caputo entiende que la desinflación es crucial, pero su análisis no se limita a ella. Eso, más su necesidad de evitar en todo lo posible las zozobras cambiarias propias de cualquier proceso electoral, hizo que apelara al inflador anímico al prometer, allá por abril, la inminencia del mejor año y medio de nuestras vidas. Que días atrás haya tenido que recoger ese barrilete cósmico y aseverar que, en verdad, se había referido a la mejor etapa de la actual administración –lo que es falso– resulta suficiente prueba de los mencionados efectos adversos de sus políticas.

Si Milei y Santiago C. tuvieran razón, sería necesario pensar cuáles serían las chances de que, para octubre del año próximo la inflación sea un tema resuelto.

Si, en cambio, la tuviera Toto C., habría que revisar qué posibilidades habría de que el auge de las actividades extractivas de exportación genere el derrame suficiente como para cambiar un mal humor social que se hace cada vez más perceptible.

La economía de 2027

De acuerdo con las proyecciones privadas recogidas en el Relevamiento de expectativas de mercado (REM), el informe mensual que elabora y difunde el Banco Central, el IPC que mide –y subestima– el INDEC debería oscilar apenas por debajo del 2% hasta fin de año, lo que dejaría la inflación del año previo al electoral en torno a un 30%, similar a la de 2025.

Para que baje otro escalón, al 20%, esos especialistas apuntan recién al final del año próximo.

Con todo, cabe ponerle un ojo al escenario internacional: si Donald Trump sigue desquiciando al mundo con sus guerras y sus cortes y quebradas retóricos y decisionales, Argentina podría ver algo más complicado ese frente, sobre todo por efecto de eventuales disrupciones cambiarias. Pero eso hoy es especulación.

Como sea, la ciudadanía no irá a votar, como dijo el inolvidable Manuel Adorni a mediados de agosto de 2024, con la inflación como "un tema que, desde lo técnico, está terminado" y menos con la "liquidación" prometida para agosto próximo por el propio jefe de Estado en base a la lectura de los manuales de política monetaria que miran el mundo desde el espacio exterior.

Acaso él mismo y su asesor político pronto comiencen a pensar que, dadas así las cosas, al plan de reelección le hagan falta otros condimentos económicos.

Un martillo y un clavo: la caja de herramientas de Milei

¿Qué pasa entonces con esos otros elementos?

Tras la buena nueva del 1,9% de junio –inferior al 2% por primera vez en diez meses–, para el mes en curso se proyecta un panorama parecido.

De acuerdo con la consultora LCG, "consolidar el proceso de desinflación va a demandar algo más que ancla cambiaria, apertura comercial y actividad poco pujante. Posiblemente se requieran otras herramientas complementarias para coordinar mejor expectativas y remarcaciones, y llevará más tiempo". La cuestión es si dichos instrumentos existen dentro de la caja de instrumentos de Milei, de la que hasta ahora se conocen apenas un martillo rudimentario y un único clavo.

Por lo pronto, no se advierte ninguna corrección de esos elementos perniciosos del plan de estabilización.

Solamente en abril –último mes con datos disponibles–, hubo 1814 empresas en funcionamiento menos que en marzo, y en el primer cuatrimestre ese saldo resultó negativo en 5654 unidades productivas. De la mano de eso, se produjeron en entre enero y abril 43.680 despidos de trabajadores.

El daño en toda la era Milei ya alcanza a 28.262 compañías: la "destrucción creativa" schumpeteriana, por ahora, sólo involucra el primero de esos términos en la Argentina paleolibertaria.

En ese contexto y con una inflación que inevitablemente demorará en ser "liquidada" la recuperación de los ingresos populares se hace difícil.

De ese modo, siempre según el REM, las expectativas de crecimiento general del producto bruto interno (PBI) resultan llamativamente iguales de acá a 2028, siempre, dentro de la lógica del modelo, con auge de los sectores primarios y financieros, y dificultades para la industria y el comercio que proveen de bienes, servicios y salarios a la población. La economía libertaria da para lo que da y, así planteada, no se le puede pedir más.

Milei, y ese "algo más"

Consultado por desPertar respecto de si la desinflación será la lente excluyente a través de la cual la ciudadanía examinará los resultados del mandato de Milei, Ricardo Delgado, presidente de la consultora Analytica, respondió: "Tengo la impresión de que no va a ser así".

"Obviamente, llegar a una elección en condiciones macroeconómicas desordenadas es el peor escenario para cualquier gobierno y, en ese sentido, el actual tiene chances de que el dólar no esté en la discusión y de que la dolarización natural de los meses previos a las elecciones no sea un problema serio. Sin embargo, dados los instrumentos de política elegidos, la configuración de tasa de interés, tipo de cambio, salarios y gasto público va a hacer que la economía llegue en condiciones, diría, no pujantes en términos de la 'temperatura' del bolsillo medio del argentino", añadió.

Más allá de eso, completó, "lo demás va a estar dado por la oferta electoral de la oposición y si esta logra resolver su interna feroz y, de ese modo, entusiasmar a los ciudadanos".

El malestar en la mileinomía

Si, como se dijo, las jubilaciones y los salarios perdieron como en la guerra en el marco de la estrategia intiinflacionaria elegida por Milei, la de una economía led o de bajo consumo, es natural que la preocupación por la carrera entre precios e ingresos salte al primer plano en las encuestas más recientes. Incluso, de modo relevante, entre la parte más joven y popular del padrón juvenil, clave en 2023 para el ascenso de quien entonces era un outsider y ya es "casta".

De acuerdo con la consultora Atlas Intel, el 62% de los consultados señaló que la situación económica es mala y el 49% consideró que va a empeorar en los próximos seis meses.

De más está señalar que las expectativas –esas que con suerte diversa trata de inflar el ministro de Economía– son un combustible importante de la actividad.

En la misma línea, Giacobbe & Asociados, de resultados generalmente favorables a la extrema derecha gobernante, arrojó que la situación material está empeorando para el 54,7% de las personas relevadas y que está estancada para otro 8,7%.

En términos más políticos, según el último trabajo de la Universidad de San Andrés, el mandatario anarcocapitalista no logra recuperar la pérdida de imagen del primer cuatrimestre y hoy aparece con una aprobación del 34%.

Así, integra el lote de dirigentes con niveles de ponderación negativa superiores al 60% junto a compañías que seguramente no son de su agrado, como las de Cristina Fernández de Kirchner, Sergio Massa, Mauricio Macri y hasta Guillermo Moreno.

Un rechazo del 60% puede resultar crítico: nadie que aspire al voto de menos del 40% de la ciudadanía podría ser reelecto, ni siquiera con las peculiaridades del sistema electoral argentino. Acaso esa falta de garantías haga la reforma política –la liberación de las donaciones privadas y el reino de los lobbies, así como la cancelación de las primarias– ranquee tan alto entre las prioridades de la Casa Rosada.

Pero cabe volver al sondeo de la Universidad de San Andrés para encontrar algo todavía más interesante. Si se votara hoy, el 25% lo haría por el peronismo, mientras que 24% se volcaría por La Libertad Avanza (LLA).

Estadísticamente, 25 o 24% son la misma cosa. En eso, justamente, anida lo impactante.

Más allá de que la polarización de una campaña real seguramente estire ese número y que la falta de rivales mantenga a Milei como favorito provisionalmente, ¿la fidelidad de un cuarto del electorado no parece escaso para un presidente en busca de reelección?

Además, ¿cómo es posible –hoy, tan preliminarmente– que haya tantos argentinos dispuestos a votar al oficialismo como a la oposición peronista? En este sentido, ¿cómo, cuando ni siquiera se sabe qué cosa es ese magma caótico en que se ha convertido el movimiento de Juan Domingo Perón?

Milei va a necesitar más que bajar la inflación para ser reelecto. ¿Le dará el autodestructivo peronismo lo que la economía le pueda quitar?

Que tengas un excelente fin de semana. Hasta el lunes.

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