Mariano Recalde volvió a aparecer como un posible protagonista en la carrera por la Jefatura de Gobierno porteño. El senador, presidente del PJ de la Ciudad, reúne un volumen institucional y político que lo mantiene siempre cerca de cualquier discusión electoral en el fuerte PRO.
Hace un año y medio, su candidatura parecía una posibilidad remota. Hoy, su entorno no la descarta. Al contrario, señalan el nuevo equilibrio de poder que dejaron las últimas elecciones para las dos estrategias que encaró el peronismo porteño: la vía vecinalista que impulsaron Leandro Santoro y Juan Manuel Olmos no logró imponerse en las urnas y convertirse en una estrategia ganadora. Al mismo tiempo, la oferta más peronista y nacionalizada, encabezada por Recalde en octubre, consiguió ordenar mejor el espacio y mejorar el resultado.
Por eso, su potencial postulación no se explica únicamente por su nombre, sino por una discusión más amplia. Recalde aparece como una alternativa posible en un peronismo porteño que todavía no resolvió si para volver a competir por la Ciudad necesita ampliar hacia el centro con una identidad más localista o apoyarse nuevamente en una pertenencia nacional y la estructura partidaria.
Mariano Recalde y el peronismo porteño
Recalde no necesita construir desde cero una credencial porteña. Fue candidato a jefe de Gobierno en 2015, preside el PJ local y desde diciembre del año pasado transita su segundo mandato como senador en el Congreso. Esa combinación lo ubica como una de las dos o tres figuras de mayor peso dentro del peronismo porteño.
Además de las responsabilidades institucionales, tiene una pertenencia política nítida. Es uno de los dirigentes más reconocidos de la vieja guardia de La Cámpora y conserva un vínculo orgánico con Cristina Fernández de Kirchner, una identidad que algunos sectores creen que limita la competencia en la Ciudad, pero que en el último turno electoral volvió a aparecer como un activo político que dio resultados en medio de la debacle nacional del peronismo.
Esa es una de las novedades de esta etapa. Lo que antes podía ser visto como un techo, en un contexto de grave retroceso de las diferentes versiones del peronismo, se configura como una base sólida. En un distrito donde el peronismo suele debatirse entre la ampliación hacia sectores no peronistas y la reafirmación de su identidad, Recalde representa la segunda opción con un dato a favor: viene de mejorar el rendimiento electoral del espacio. Eso, claro, no quiere decir necesariamente que tiene margen para crecer más allá de lo cosechado hasta hoy.
El límite de la vía vecinalista en la Ciudad
La candidatura de Santoro en la última elección porteña fue la expresión más clara de otra estrategia que buscó municipalizar la disputa. Olmos fue el principal arquitecto de esa apuesta que se inclinó por construir una oferta con eje local, correr el peso de la identidad peronista, hablarle a sectores progresistas, radicales e independientes y disputar el territorio desde una lógica vecinalista.
La experiencia no fue irrelevante. Santoro consiguió un resultado competitivo e instaló una marca electoral propia en un escenario en el que el PRO está asediado por La Libertad Avanza (LLA). Pero no alcanzó para ganar ni para dejar una hoja de ruta indiscutida hacia 2027.
El problema no fue solo el número final. La estrategia también mostró dificultades para ordenar al conjunto del peronismo. Algunos sectores jugaron por afuera, con bajo impacto electoral, pero con ruido simbólico y presencia en la conversación pública. Ese dato abrió una pregunta interna: cuánto se puede ampliar hacia afuera sin perder capacidad de contención hacia adentro.
Fuerza Patria y el resultado que reordenó la interna
La elección nacional posterior modificó parte del diagnóstico. Con una impronta más peronista, más kirchnerista y más atada a la disputa nacional, Recalde encabezó la lista de Fuerza Patria y consiguió un mejor resultado que la oferta vecinalista de Es Ahora Buenos Aires. Ese dato no define por sí solo una candidatura, pero abonó un reordenamiento de la conversación interna.
En el entorno del legislador destacan, además, que ese armado llegó a la elección sin fugas significativas. Sectores que habían jugado por afuera en el round anterior, como los vinculados a Guillermo Moreno y al espacio de Juan Manuel Abal Medina, se incorporaron al esquema electoral nacional. La diferencia fue política antes que aritmética: el peronismo llegó más contenido.
Esa comparación robustece a Recalde. No porque cierre el debate estratégico, sino porque le da un argumento: una propuesta más reconocible para el electorado propio y más ordenada hacia adentro puede mejorar el punto de partida del peronismo porteño.
La candidatura de 2027 y el dilema del PJ porteño
En el peronismo porteño nadie puede ni quiere definir aún el tablero de 2027. Las decisiones que se van a tomar dependen de una serie de elementos que todavía no se alinean. El calendario electoral, la continuidad de las primarias, la fortaleza del Gobierno nacional, el lugar que ocupe CFK en la campaña, la estrategia del PJ, el rol de Santoro, los movimientos de Olmos y el desdoblamiento o no de la elección porteña son algunos de los factores clave.
Por ahora, el apellido Recalde circula. En un peronismo porteño que sigue sin candidato definido, eso ya marca un cambio: lo que hace algunos años parecía remoto hoy volvió a ser una posibilidad firme.