EL FUTURO NO LLEGA

El silogismo de Toto Caputo: narrativa versus realidad

El laberinto dialéctico del crédito, la mora, los ingresos y el despegue de la Argentina de Milei. El paraíso libertario, un espejismo en fuga. Olmos y peras.

En una entrevista que concedió a A24, Caputo reconoció que "se vende menos ahora" y que "el salario promedio de la economía es de 300 dólares". Nada de "pedos de buzo" ni de ingresos "volando".

Lo más interesante pasó por el diagnóstico del jefe del Palacio de Hacienda respecto del futuro y de la base material en la que trabaja para que Milei afronte 2027 sin la más mínima sombra de duda sobre el carácter inevitable de su reelección.

En referencia a la actividad de la industria automotriz, dijo que "es verdad que ahora se vende menos, pero eso también es función del crédito. Hoy está más estancado el crédito producto de todo lo que pasó el año pasado. Recién ahora se está empezando a recuperar".

El periodista Nicolás Wiñazki le habló entonces de los elevados niveles de mora que son, justamente, una traba para el crédito. Caputo respondió que "ese es un tema entre privados. O sea, hay un banco dándole un crédito a otro privado. No hay mucho que nosotros podamos hacer".

En ese sentido, señaló:

  • "Ahí entrás en el problema de lo que en inglés se llama moral hazard [riesgo moral] (…). Cada uno se tiene que hacer cargo de sus decisiones, porque si yo te ayudo a vos porque tomaste mal un crédito (…), ¿por qué no lo voy a ayudar a él?".
  • "Eso es parte también de la gimnasia de los bancos. Nosotros en su momento le dijimos a más de un banco: 'Escuchame, si estás prestando plata al 10% mensual y los sueldos crecen al 2%, lo más probable es que la gente no te pague'".
  • "A quien tomó el crédito, tal vez no le quedaba otra o tal vez pensó que venían las elecciones [legislativas], que el Presidente se iba y que la inflación le iba a licuar" la deuda.
  • "La mora con el tiempo va a ir cayendo porque se va a ir normalizando. Los bancos están haciendo un esfuerzo y los están refinanciando a tasas mucho más bajas, a plazos mucho más largos".
  • "Nosotros hablamos con los bancos, les decimos que traten de refinanciar a tasas más bajas y a más largo plazo. El Nación hace una campaña también, o sea que dentro de lo que podemos ayudar, ayudamos".
  • "Nosotros somos libertarios: que la gente haga lo que quiera". Más allá de lo evidente, ¿qué significará en el fondo esta definición?

Oro en polvo para la interpretación, sobre todo porque la indiferencia ante el problema de la morosidad ya es narrativa oficial, dado lo ratificado este domingo por Milei en La Nación +. "No es correcto que yo le haga pagar a usted" las insolvencias de deudores privados, dijo el Presidente y añadió. "Quienes se endeudan tienen responsabilidad, no les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo".

Como relato de campaña, hay que reconocer que es audaz.

Decodificando al ministro

Sin embargo, conviene volver a lo que dejó Toto Caputo en ese manojo de frases. Hay mucho más ahí.

  • En primer lugar, reconoce el problema de los ingresos insuficientes, pero no dice que eso es producto de salarios que él mismo hace evolucionar persistentemente por debajo de la inflación al pisar paritarias y al evitar que el INDEC presente un IPC descriptivo de la realidad.
  • Segundo, aunque sea parcialmente, vincula eso con el aumento de la morosidad.
  • Tercero, habla de "riesgo moral" –para el Gobierno, un pilar ideológico; para los afectados por sus políticas, 'te equivocaste, arreglate solo'– cuando su gestión, a través de su pata dependiente en el Banco Central, establece las condiciones que terminan fijando las tasas de interés.
  • Cuatro, postula que el Gobierno no puede –¿o no debe/quiere?– hacer nada ante "acuerdos entre privados" que pone en pie de igualdad.
  • Quinto, admite que los bancos aplican tasas insólitas y que no hace nada al respecto.
  • Sexto, culpa a las víctimas al decir que no sabe cuánto de esa mora responde a necesidades vitales de la gente y cuánto a especuladores que apostaron mal a la caída del Gobierno.

Res non verba

"En virtud del último dato de mayo 2026, la morosidad con entidades financieras, principalmente bancos, alcanzó a 7,6%, registrando un máximo que supera los registros de las últimas dos décadas", dijo el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) en un informe.

"A partir de noviembre 2024, la dinámica del ratio de irregularidad del crédito, tanto para el sistema general como para los segmentos de familias y empresas, comenzó a mostrar aumentos ininterrumpidos. Hasta mayo de 2026 se acumularon 19 meses de incrementos consecutivos en el indicador, pasando de 1,5% al mencionado 7,6%", agregó.

"En mayo, según la CENDEU [Central de Deudores del Banco Central], la cantidad total de deudores tanto con bancos como con billeteras virtuales alcanzó a 20,9 millones, mientras que los deudores morosos sumaron 5,8 millones. Mirando únicamente a estos últimos, los morosos se concentraron fundamentalmente en las billeteras virtuales, que explicaron por sí solas 3,4 millones, más de la mitad del total. Por su parte, los deudores solamente con bancos representaron 1,3 millones y los que mantienen deudas irregulares con ambos tipos de entidades alcanzaron a 1,1 millón", completó.

Como dijo el ministro, los salarios no alcanzan, pero él, que admite contar con más y mejor información que los analistas privados, atribuye el fenómeno, en parte, a una suerte de especulación en previsión de un supuesto colapso del Gobierno.

El "siga, siga" de Economía y el Central

Si el problema está hecho de necesidades acuciantes de gente que, por caso, se endeuda con las tarjetas de crédito para comprar alimentos, es imposible no tomar en cuenta qué tasas rigen en el sistema.

Para tomar como referencia los préstamos personales, hay que consignar que las tasas de los bancos oscilan entre 85 y 250% de CFTEA (costo financiero total efectivo anual), según se trate de cuentas sueldo o de no clientes.

Eso, claro, en comparación con una inflación que desde el año pasado evoluciona en el orden del 30 y poco por ciento anual. Una desmesura que involucra el riesgo de la mora creciente, pero también la tendencia a acumular superganancias de entidades a las que la autoridad monetaria les desata las manos desaprensivamente.

Si, en cambio, se incluye en el análisis a las fintech de primera línea –Mercado Pago, Ualá y otras–, hay que hablar de un CFTEA de, por lo menos, 200%. No sorprende que la morosidad en ese segmento trepe casi al 30%.

En sus préstamos personales, como el de esta simulación, Mercado Pago ofrece dinero a un costo financiero total efectivo anual (CFTEA), un poco ocultado, de 200,6% anual.

En sus préstamos personales, como el de esta simulación, Mercado Pago ofrece dinero a un costo financiero total efectivo anual (CFTEA), un poco ocultado, de 200,6% anual.

En tanto, en las financieras tradicionales, o "de mostrador", rige un 800% como piso y en las plataformas de minicréditos online en el acto, uno del 3.000%.

Y nadie hace nada. "Riesgo moral".

El silogismo de Toto Caputo (con corolario)

Otro ángulo, tal vez el más interesante para analizar lo dicho por Caputo, es evaluar qué implica en términos del futuro de la actividad, la que vuela como una gallina gorda: un metro para arriba, vuelta al piso… y volver a empezar.

Las declaraciones del ministro a A24 podrían resumirse en un silogismo hipotético encadenado o, más técnicamente, en un sorites hipotético. Así quedaría:

  • Si la economía sólo crece de manera sostenida cuando hay crédito y la expansión del crédito se encuentra bloqueada por los altos niveles de mora actuales, se deduce que la actividad sólo crecerá si se resuelve dicha mora. Sin embargo, dado que el Gobierno no puede intervenir para solucionarla por tratarse de un asunto estrictamente entre privados, la mora no se resolverá y, por lo tanto, la economía no va a crecer fuerte.

Hasta se le podría agregar a eso un corolario:

  • No hay posibilidad de una reactivación sostenida del crédito mientras los ingresos populares sigan pisados.

¿Hay, con todo, otro escenario posible en el marco del modelo vigente, más allá de recuperaciones parciales y en el margen?

Recalculando (todo el tiempo)

Las implicancias de esto son grandes, especialmente en lo electoral, y el propio funcionario parece advertirlo.

Como destacó entonces Letra P, hace tres meses y medio declaró que el país entró "en un proceso virtuoso, en el cual, a partir de abril, los próximos 18 o 20 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas".

Pasaron mayo, junio y julio, y nada. ¿Agosto?

El mes pasado salió a corregir aquel vaticinio en base a una mentirita blanca. "Los mejores de nuestro gobierno", corrigió a Luis Majul, en una entrevista, cuando el periodista le mencionó aquella definición.

En el reportaje del viernes, volvió a patear el pronóstico para adelante. "Que, en general, los años electorales en la Argentina son difíciles no se nos escapa. Entonces no es que nos estamos chupando el dedo y decimos 'bueno, a ver, ojalá que el año que viene sea mejor'. No. Estamos trabajando para garantizarle a la gente que el año que viene va a ser diferente. No te vas a dar cuenta por ahí hoy, mañana, [pero] tal vez en un par de meses van a empezar a darse cuenta y decir 'che, tal vez 2027 va a ser diferente'", viró.

Tal vez… ¿No era en abril?

Los frutos del olmo

Sería poca cosa quedarse en señalarle al ministro sus cambios de pronóstico. Es normal que los responsables de la economía declaren en pos de mejorar las expectativas para ayudar a que la rueda se ponga en marcha.

Lo que debe pensarse es por qué lo mejor siempre está por venir, pero nunca llega. Lo dice, implícitamente, el propio Caputo: porque el modelo pisa los ingresos populares para usarlos como un ancla –perversa, de patas cortas– contra la inflación.

El autor de esta nota siempre sostuvo que el equilibrio fiscal –sobre todo, en un contexto de restricción crediticia– es ineludible de cualquier política económica en la Argentina actual, pero siempre advirtió sobre su carácter excesivo, inequitativo y, en tanto dogma de hierro, a largo plazo contraproducente, incluso en sus propios términos.

Sin mejores salarios que sirvan por lo menos para que los trabajadores puedan levantarse cada día para volver a trabajar, sin jubilaciones mínimamente dignas, sin que se desenchufen de una vez la motosierra y la licuadora, no habrá paraíso. Por más inflador anímico que Caputo accione.

"Nosotros somos libertarios: que la gente haga lo que quiera", señaló Caputo, ahora encuadrado ideológicamente, bastante más allá del pragmatismo financiero que siempre se le conoció. Eso significa laissez-faire extremo en beneficio de la acumulación de capital.

Eso es el modelo. No corresponde pedirle peras al olmo.

Javier Milei y Toto Caputo cortándole las alas al dólar (imagen generada con IA). 
Javier Milei y su equipo: cadena nacional para fortalecer al Banco Central y blindar el modelo.

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