El escándalo Manuel Adorni pone contra las cuerdas al Presidente, el único que sostuvo al exfuncionario hasta el final. El papel del PRO y los aliados.
Estuvo dispuesto a sostenerlo hasta el final, le creyó, proclamó su inocencia y dilapidó capital político, pero la racionalidad política se impuso, Karina Milei presionó y a Javier Milei no le quedó otra que entregar a Manuel Adorni, que tuvo que renunciar este sábado después de someter al Gobierno a un desgaste que duró más de tres meses.
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"Manuel es inocente. Yo soy súper optimista de que no va a tener ningún tipo de problema”, había insistido Milei, obstinado, el viernes temprano desde España, donde le preguntaron por la situación de su jefe de Gabinete. Para entonces, en la Casa Rosada aún no había estallado la nueva bomba sobre los excesivos gastos gamers de Adorni. Si la situación ya era delicada, horas más tarde se tornó insostenible.
Con el Presidente en España, en la Casa Rosada se aceleraron las reuniones para definir la salida del jefe de Gabinete. Karina confirmó que está al mando del Gobierno. Se puso al frente de las conversaciones con Lule y Martín Menem y con Santiago Caputo, con quien firmó un alto el fuego, al menos temporal. En medio de la guerra, la hermana del Presidente y el asesor estrella coincidían en que la situación de Adorni no daba para más.
Con el ascenso, que se confirmaría este domingo, de Santilli a uno de los cinco lugares que tiene la cúpula libertaria, gana el sistema político, la rosca y la profesionalización del Gobierno
En los últimos días, la secretaria general de la Presidencia había explorado posibles salidas para quien fuera uno de sus funcionarios más cercanos. Se había hablado de una designación “en comisión” en un consulado que no requiriera de la intervención del Senado. Pero Milei no quería ceder. Estaba “convencido” de que Adorni no había “hecho nada malo”, según relataba ante Letra P un diputado que chatea con el Presidente. No pensaba “entregárselo al periodismo” ni a la oposición.
A nadie le sorprendía que Milei actuara, una vez más, a contramano de lo que indican todos los manuales de la política. Es su marca registrada. Pero en la Casa Rosada crecía la impaciencia ante un daño extendido que parecía no encontrar piso. “El Gobierno está paralizado, el Congreso está paralizado, el gabinete está incómodo, nadie puede hablar. Es imposible seguir así”, protestaba el viernes, por lo bajo, un funcionario que trajina los pasillos de Balcarce 50.
Mientras, los aliados avisaban que el tiempo se había terminado y pisaban el acelerador. El viernes por la tarde, ya con los rumores de renuncia instalados con fuerza, desde Mar del Plata, Mauricio Macri anunciaba que el PRO había decidido, por fin, votar la interpelación del jefe de Gabinete. El Congreso echaría a un ministro coordinador por primera vez desde que se creó el cargo. Las redes de protección de los últimos meses se terminaban de caer. Al Presidente no le quedaba otra que capitular.
El daño del affaire Manuel Adorni al PRO
Macri podría decir que advirtió, desde el primer momento, que Adorni no era la persona indicada para asumir la jefatura de Gabinete. Lo escribió en sus cuentas de redes sociales el mismo día que el Presidente le pidió la renuncia a Guillermo Francos, antecesor en el cargo. “No parece buena noticia”, escribió. Podrá colgarse esa medalla.
Ayer fui invitado a comer por el presidente Milei en Olivos, en agradecimiento por el apoyo que le di en la semana más difícil de su gobierno antes de las elecciones. En el encuentro hablamos sobre los temas pendientes. La idea era pensar la mejor manera de reforzar los equipos y…
Sin embargo, la decisión de Milei de sostener a Adorni más tiempo de lo recomendable metió al PRO en una crisis de identidad que quedó de manifiesto con la renuncia de Esteban Bullrich, que se fue del partido con críticas públicas luego de que el bloque de diputados que conduce Cristian Ritondo auxiliara a La Libertad Avanza (LLA) para estirar la vida política del ahora ex jefe de Gabinete.
A pesar de los esfuerzos denodados del macrismo por relativizarlo, el episodio fue más que un problema partidario circunstancial. La carta del exsenador puso de relieve la incomodidad que atraviesa a gran parte de la dirigencia amarilla, que se dirime entre alinearse completamente con la Casa Rosada o sostener su propia identidad.
El desenlace final de la renuncia metió el problema debajo de la alfombra, pero lo cierto es que el PRO se había confiado en que la sucesión de escándalos terminaría por empujar a Adorni fuera del poder mucho antes de este sábado, sin necesidad de la actuación del Congreso. La decisión del Presidente de sostener hasta el final al ahora exfuncionario los puso contra las cuerdas.
Ritondo fue el encargado de desarmar el embrollo. En contra de los deseos de Macri, que pedía avanzar con la interpelación, el jefe del bloque del PRO fue quien le sugirió a Martín Menem que el propio oficialismo convocara a la comisión de Asuntos Constitucionales para tratar los proyectos que involucraban a Adorni. Así, Karina y los Menem ganaron tiempo para convencer al Presidente de que le pidiera la renuncia.
"Por primera vez en la historia, un ex presidente le dio las herramientas a otro de un partido distinto. Eso no es conveniencia — es convicción. La prueba de que el cambio vale más que cualquier bandera partidaria. Sin el PRO no hay cambio posible. Blindarlo nos obliga a pelear… pic.twitter.com/joJzuW2hKi
El viernes por la tarde, ya con la certeza de cuál sería el desenlace, Ritondo se mostró junto a Macri en una cumbre del PRO, en Mar del Plata, donde el expresidente confirmó que su partido avanzaría con la interpelación. “Mantener a Adorni destruye el cambio”, dijo el exmandatario, ya con información concreta de que el Presidente le pediría la renuncia al funcionario.
Ritondo hace malabares para conciliar sus intereses. El presidente del bloque del PRO juega en tándem con Diego Santilli, su socio histórico, que mantiene un vínculo fluido con Karina Milei, con el Presidente y también con Santiago Caputo. Este sábado, el ministro del Interior quedó como número puesto para reemplazar a Adorni. Macri podrá decir, también, que el PRO puso al nuevo jefe de Gabinete. Pero hace tiempo que Santilli abandonó a su exjefe político para ponerse el buzo violeta.
La apuesta de Ritondo es que Santilli se quede con la gobernación de la provincia de Buenos Aires en un acuerdo entre el PRO y La Libertad Avanza. Lo mismo quiere Jorge Macri del otro lado de la General Paz, donde hace denodados esfuerzos por hacer coincidir sus lineamientos con el planteo libertario. El Jefe de Gobierno porteño busca su reelección con apoyo violeta. En el PRO de la Ciudad algunos hablan, incluso, de una fórmula compartida con la legisladora Pilar Ramírez, mano derecha de Karina. El expresidente no quiere saber nada.
Objetivo Patricia Bullrich
No solo Macri quedó golpeado esta semana por la defensa de Milei a Adorni. La relación de la Casa Rosada con Patricia Bullrich entró en una crisis que ya alimentó versiones de que la senadora podría dejar la jefatura del bloque de La Libertad Avanza en el Senado. En el corto plazo no sucederá. “La van a mantener, pero no le queda mucho hilo”, se sincera una figura del oficialismo en el Congreso.
Bullrich fue la primera en decir públicamente que Adorni tenía que dar un paso al costado. Lo planteó en público y en privado. El martes por la noche, la senadora enfureció cuando Adorni tuiteó que estaba “disponible” para presentarse en el Senado el 2 de julio. Hacía minutos que la jefa del bloque de LLA había anunciado lo contrario en el Senado.
Estoy a disposición para presentarme el día 2 de Julio próximo al Honorable Senado de la Nación para brindar el informe de gestión como marca la Constitución Nacional.
El posteo de Adorni sorprendió hasta a los senadores libertarios a los que había recibido esa misma mañana en la Casa Rosada. Habían quedado en la suspensión de la visita, pero el todavía jefe de Gabinete redobló la apuesta. Nadie entendió bien por qué.
“Se envalentonó”, interpretaron en el bloque. Le dijeron que habían conseguido los votos para sostener el rechazo a la interpelación porque las negociaciones con los gobernadores aliados habían dado frutos. En paralelo, la Casa Rosada había recibido mensajes alentadores en el plano judicial, donde el ministro Juan Bautista Mahiques y su segundo, Santiago Viola, se movieron con más energía en las últimas semanas.
Los funcionarios de Comodoro Py “dispuestos a ayudar” enviaron un mensaje lapidario después de la entrevista con LN+ en la que Adorni habló de las inversiones en bitcoins de 500 mil dólares. “Que se calle”, dijeron. La causa judicial, interpretaron, podía al menos congelarse.
El exjefe de Gabinete no volvió a hablar, el Gobierno nombró nuevo vocero a Adrián Ravier y les pidió paciencia a los aliados, ya furiosos por la inacción de Milei. Mientras, Bullrich montaba en cólera por la desautorización, pero también por haber detectado, en las últimas semanas, el proceso de intervención de la Casa Rosada en las negociaciones del Senado.
Enviados por Karina, los Menem y Caputo habían establecido canales paralelos de negociación. “Se terminó eso de Patricia como dueña del Senado”, apuntan en el karinismo. La secretaria general de la Presidencia no olvidará que Bullrich hizo punta de lanza en la ofensiva contra Adorni, aunque haya tenido razón.
Por ahora, tiene otra prioridad: sacar a su hermano, el Presidente, del pozo en el que lo hundió el escándalo del exjefe de Gabinete, al que sostuvo en soledad hasta el final.