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FÚTBOL & POLÍTICA

Rosario: renunció la principal pata peronista en Newell's y expuso la interna en la comisión directiva

Pablo Cerra, dirigente de la UOM, dejó su cargo en medio de la crisis futbolística. El impacto en la relación con la provincia y el equilibrio de poder.

La renuncia de Pablo Cerra sacudió a Newell’s Old Boys de Rosario en un momento delicado y dejó al descubierto una crisis que empieza a exceder los resultados deportivos. La salida de una pieza clave del armado del presidente Ignacio Boero expuso tensiones internas y un equilibrio político cada vez más frágil.

Cerra, dirigente de la UOM y vocal titular, dejó su cargo tras la derrota ante Acassuso por Copa Argentina. En público, habló de “cuestiones personales” y respaldó a la conducción. Puertas adentro, la lectura fue otra: la convivencia dentro de la comisión directiva, que accedió al poder hace apenas tres meses y medio, estaba rota.

La pata peronista que se cae

Cerra no ocupaba un lugar menor. Para muchos dentro del club, representaba la expresión más clara del peronismo en el esquema que llevó a Boero a la presidencia. Fue uno de los encargados de tejer vínculos políticos durante la campaña, incluida la foto con Sergio Massa y los primeros contactos con la AFA.

cerra massa

Ignacio Boero obtuvo su foto con Sergio Massa a instancias de Pablo Cerra

Su salida, en ese sentido, tiene un peso que excede lo institucional. “Se cayó la pata peronista del armado y el puente que había con Massa, que es quien maneja la AFA”, resumieron cerca de la dirigencia.

El impacto también se sintió fuera del club, en el peronismo santafesino, donde Cerra tiene terminales propias. “Parece que sino te disciplinas no podes hacer política con el pullarismo”, deslizó un dirigente del PJ que apoyó a Boero, un empresario de paladar radical con aceitados vínculos con el gobernador de la provincia. La decisión fue leída como una señal de desgaste interno.

Cruces, internas y una convivencia imposible

Aunque el comunicado oficial evitó los detalles, dentro del club reconocen que la salida respondió a diferencias profundas. Uno de los focos de conflicto fue la relación con el vicepresidente primero, Juan Manuel Medina, con peso propio en la estructura y vínculos con el socialismo.

Según reconstruyen en el entorno dirigencial, los cruces escalaron tras la noche de Rafaela y terminaron por volver inviable la continuidad de Cerra. “La relación con gente muy cercana a Boero esta rota, es imposible seguir siendo parte de la CD”, expresó una persona cercana al dirigente gremial.

Seguridad, policía y un conflicto que escala

Otro eje de tensión fue la seguridad. Cerra venía cuestionando la relación entre el club y las autoridades provinciales, con críticas a operativos recientes. “No puede pasar esto, vendemos gran relación con Pullaro y la policía nos entrega”, fue una de las quejas tras el clásico rosarino, en referencia a situaciones de represión en accesos al estadio y el operativo del último clásico, lcuando el micro de Rosario Central fue acompañado por hinchas canallas en motos hasta las inmediaciones del Coloso.

Dentro de Newell’s, algunos dirigentes hablan directamente de una “zona liberada”, una lectura que tensó el vínculo con el gobierno provincial. Desde Seguridad relativizaron las críticas: “Son operativos normales, no hay privilegios para nadie, no se detengan en chiquiteces”.

Una salida que reconfigura el tablero

La renuncia de Cerra abre interrogantes hacia adelante. No solo por el lugar que deja vacante, sino por lo que representa en términos de equilibrio político: la conducción de Boero pierde a uno de sus articuladores más importantes en el vínculo con el peronismo y con el mundo AFA. Y lo hace en un contexto donde el frente futbolístico no acompaña y las tensiones internas empiezan a hacerse visibles.

En público, el mensaje de Cerra es de continuidad y respaldo. En privado, la preocupación crece porque entienden que no se trata solo una salida individual, ven una señal.

A pocos meses del inicio de la gestión, la primera ruptura fuerte deja en evidencia que el armado que ganó las elecciones empieza a mostrar fisuras. Y que, cuando el fútbol no ordena, la política aparece.

En el Parque, el clima cambió. Y la pregunta ya no es solo cómo salir de la crisis deportiva, sino cómo sostener el poder hacia adentro.

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