Los ADR –acciones de empresas argentinas que cotizan en Wall Street cayeron ayer hasta 5,8% –como fue el caso de Mercado Libre–, pero en promedio perdieron 0,82%. En tanto, la merma del mes alcanza a 7,42% y la acumulada en el año, a 6,76%. Como se ve, las retracciones recientes borraron con creces las ganancias de los no tan lejanos tiempos del optimismo con la reelección.
Más notable, el riesgo país, que hace menos de un mes estaba a punto de perforar a la baja el nivel clave de los 400 puntos básicos, volvió a crecer y cerró ayer a 471. Sólo desde el último lunes 3, ese indicador trepó 14,6%.
Fuente: Ámbito Financiero.
El sueño del ministro de Economía –y la exigencia del FMI, deseoso de empezar a cobrar y de reducir la enorme exposición a su mayor deudor– de refinanciar vencimientos de deuda en el mercado voluntario a tasas razonables –con un riesgo de entre 300 y 350 puntos– se aleja.
With a little help from my friends
El repunte del riesgo soberano vuelve más desafiante en lo financiero el año electoral, cuando el Tesoro deberá afrontar pagos de 27.000 millones de dólares, 6000 de ellos para honrar vencimientos con el Fondo Monetario Internacional. Además aleja la chance de que financiamiento externo permita aflojar el ajuste fiscal en momentos en que ni siquiera parece sólido el pilar de doble filo del superávit fiscal.
Con un mercado local en el que enero de 2027 opera como un deadline que pesa cada vez más en las licitaciones del Tesoro y, como se señaló, sin aval del mercado externo, crece la dependencia del Gobierno de la ayuda de un Donald Trump que no se sabe qué representará políticamente después de las midterms de noviembre, acaso de la buena voluntad del FMI y –tremenda herejía– de China, gracias al swap renovado por el equivalente a casi 20.000 millones de dólares.
Atrapado entre la necesidad y el riesgo geopolítico en el que lo mete su alineamiento canino con Trump, el Presidente juega con fuego: sería bueno que, para preservar la paciencia de Pekín, deje de cerrarles la puerta a sus empresas en licitaciones y de hacer la vista gorda ante las amenazas estadounidenses como la sufrida por la cooperativa neuquina CALF. Visto desde el interés nacional, que no se le sume –como advirtió el lunes este newsletter – un "costo Milei" a la economía.
La locuacidad de Toto Caputo
El deterioro del clima financiero es un problema de ida y vuelta. Por un lado refleja una mayor conciencia de los inversores sobre los problemas político-electorales del Gobierno –que en el fondo son eminentemente económicos–, pero por el otro presagia una previa electoral más turbulenta que la deseada por Milei y Caputo.
No por nada, si se presta atención, el jefe del Palacio de Hacienda sale cada vez más seguido a repetir que la reelección es un hecho inevitable, que no habrá corrida cambiaria en 2027 y que la economía va a estar más tonificada. De crecimientos históricos ya no habla, claro.
Ayer nomás dijo en la Bolsa de Comercio de Córdoba que "el flujo de dólares es cada vez más alto. Esto garantiza que no vamos a tener problemas con el tipo de cambio como supimos tener en el pasado. Van a estar entrando muchas más inversiones".
Milei, añadió, va a ser refrendado en las urnas "porque es irreemplazable".
Se ve que hacen falta aclaraciones.
¿Desconfianza política o aplazo en economía?
Si, a diferencia de lo que proclama Caputo, el mercado ya no considera inevitable la reelección de Milei, el problema de fondo no es político, sino económico.
No se trata sólo de que no arranca la actividad doméstica –industria, construcción, comercio, empleo formal, ingresos populares y consumo privado–. El drama es que el plan oficial no cierra ni siquiera en sus propios términos.
La economía no crece "como pedo de buzo" porque los ingresos están atrasados. Estos sufren por políticas oficiales deliberadas –limitación de paritarias, licuación continua de los haberes mínimos que cobra el 60% de los jubilados–, por una morosidad que se cocinó con tasas desreguladas y demenciales, y porque la inflación se mantiene estancada desde hace un año en niveles del 2% mensual o incluso más.
La novedad del IPC de julio, que se conocerá hoy, no hará más que prolongar ese estado de cosas y poner en entredicho una vez más la narrativa de un gobierno que considera el fenómeno como unicausalmente monetario, noción de la que abusó hasta el extremo de hundir la actividad, para peor, sin lograr el efecto deseado. Herramienta, aparte, en la que insistirá el jefe del Palacio de Hacienda, más allá de sus remilgos, por orden superior.
La base de todo ese plan contrahecho es el superávit fiscal, pero incluso ese objetivo nodal hace agua.
¿Un superávit de fantasía?
No hay sorpresa: el dogma de un ajuste que no se detiene ni en el empobrecimiento de trabajadores estatales o jubilados, en las necesidades de financiamiento de la educación y la salud públicas y en el mandato –¡económico!– de mantener y ampliar la infraestructura deviene en "trampa de austeridad", esto es caída de la actividad, caída de la recaudación impositiva y recortes que se muerden la cola.
La forzada narrativa del superávit fiscal ya no se limita a la conocida contabilidad creativa con la que el Gobierno hace pasar los intereses capitalizables de las LECAP y los BONCAP como deuda y no como gasto financiero, algo puntualizado incluso por el FMI.
Se supo gracias a un aporte de Chequeado que "en junio de 2026, el Fondo Fiduciario de Infraestructura Hídrica mantenía más de 290.000 millones de pesos invertidos en Letras del Tesoro y 49.000 millones en depósitos", recursos desviados de su finalidad específica.
Esto se suma a lo revelado por La Nación respecto de una apropiación por parte del Tesoro del 74% de los recursos del Sistema Vial Integrado (SisVial), el fondo fiduciario que financia la construcción y el mantenimiento de rutas nacionales. Como esos recursos son de aplicación obligatoria, la práctica constituye delito.
Para peor, el destino de esos recursos manoteados de prepo se vuelve vidrioso.
"Durante los primeros cinco meses de este año, el Ministerio de Economía giró más de 33.000 millones de pesos para obras viales a un puñado de provincias cuyos legisladores, a continuación, acompañaron al oficialismo en las sesiones más sensibles del Congreso, según reconstruyó La Nación a partir de balances contables, informes mensuales de cuenta y otros documentos oficiales obtenidos mediante múltiples pedidos de acceso a la información pública", escribió ayer Hugo Alconada Mon.
"Las partidas llegaron a esas provincias a través del Sistema Vial Integrado (SisVial), un fondo fiduciario que capta una porción del impuesto a los combustibles líquidos para financiar la construcción, el mantenimiento y la rehabilitación de la red vial, pero que el Gobierno destinó a colocaciones financieras por más de un billón de pesos, como plazos fijos y Letras del Tesoro, según reveló La Nación en su edición del domingo", añadió.
La diputada Marcela Pagano, cuña del palo paleolibertario, fue más allá.
En un explosivo hilo de X, expuso el presunto tarifario de leyes específicas y los eventuales beneficiarios políticos de los giros financiados con el impuesto que paga cada usuario que carga combustible en una estación de servicio. ¿Investigará la Justicia?
La política arde y el mercado lo sabe.
Que tengas un muy buen día. Hasta mañana.