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VACA MUERTA Y GASODUCTO

El potencial y los límites de la gran oportunidad argentina

El país, ante la promesa del desarrollo postergado. El trabajo que falta para evitar la decepción. ¿Estará la dirigencia a la altura de un desafío tan exigente?

La inauguración oficial del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner (GPNK) supone un momento trascendente para la Argentina en varios niveles. De menos a más, implica la exhibición de un logro importante de gestión en medio de una campaña electoral en la que el oficialismo panperonista encuentra dificultades de enorme calado. Asimismo, supone un alivio presente y, mucho más, futuro en términos de balanza energética y restricción de divisas. Por encima de eso, la chance de encontrar en la actividad hidrocarburífera no convencional que tiene centro en Vaca Muerta una oportunidad enorme para el postergado desarrollo nacional. Por último y de la mano de lo anterior, una pregunta algo inquietante: ¿estará la dirigencia a la altura de un desafío que se mediría en lustros y en la continuidad de una política de Estado inmune a la grieta?

La cita es en Salliqueló, oeste de la provincia de Buenos Aires, terminal del primer tramo del GPNK y, a la vez, punto de partida de buena parte de lo que falta, esa prueba ácida sobre la vocación de futuro y la visión nacional de la sociedad y, sobre todo, de su dirigencia, la que, si debe servir para algo, es justamente para eso: dirigir.

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Una mala noticia y una buena

La mala es que Vaca Muerta y el gasoducto no son una panacea capaz de aliviar todos los males. Muchas cosas podrían fallar en el camino necesario, desde un desarrollo cansino que coincida con una eventual pérdida de atractivo de la actividad en las próximas décadas hasta la posibilidad de que el proyecto encalle en los habituales pliegues de la política, la burocracia y hasta la corrupción.

La buena es que el combo de los yacimientos no convencionales –los segundos del mundo en gas y los cuartos en petróleo– contienen las semillas de un cambio drástico de la matriz productiva nacional y de una de las limitaciones más atávicas al desarrollo: la escasez de divisas para financiar el crecimiento de la industria, la llamada restricción externa.

El punto anterior es interesante. Economistas liberales dicen, no sin cierta lógica, que la restricción externa no existe, dado que, a cierto nivel del tipo de cambio, las exportaciones tendrían un enorme incentivo para crecer y las importaciones, los equivalentes para desalentarse. El problema, añaden, es que no hay un consenso social respecto de qué tipo de cambio debe regir las relaciones entre los diferentes sectores productivos, dado que uno muy alto eliminaría la escasez de dólares mencionada, pero hundiría las condiciones de vida de las mayorías populares.

Un desarrollo amplio de Vaca Muerta, tanto en gas como en petróleo, podría barrer esa frontera y destrabar, a la vez, las posibilidades de desarrollo y la disponibilidad de divisas para hacer frente a una deuda cuantiosa, además de facilitar la convivencia social.

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Pesimistas y optimistas

Como se dijo, el camino hacia semejante despliegue no es sencillo y, por eso, los analistas del sector energético se dividen entre los más cautos y los más entusiastas.

Entre los primeros hay que contar a Gerardo Rabinovich, especialista del Instituto Argentino de la Energía General Mosconi (IAE).

Por lo pronto, considera demasiado optimistas los cálculos oficiales sobre el ahorro de divisas por importación de gas que generará la puesta en operación del primer tramo del gasoducto. Sergio Massa ha dicho que el mismo será de 1.700 millones millones de dólares este año y de 4.200 millones el que viene. "El problema es que se trata de proyecciones sobre precios futuros de importación que hoy desconocemos", le dijo Rabinovich a Letra P. En efecto, dichos cálculos fueron realizados hace un año, cuando el gas extranjero había alcanzado un pico de precio producto de la primera fase de la guerra en Ucrania.

Más allá de ese dato coyuntural y variable, que no minimiza la importancia de la obra, la clave del futuro radica en el volumen que el GPNK transporte, ya que la culminación del primer tramo supone solamente un cuarto de su capacidad potencial, de 40 millones de metros cúbicos.

Lo que resta por hacer es mucho para sacarle el mayor jugo posible a la riqueza acumulada en subsuelo neuquino. "Hacia fin de año se puede esperar, según lo que se anuncia, la licitación de dos estaciones de compresión y, si todo saliera bien, hacia el final del próximo debería completarse la segunda etapa del gasoducto, que podría estar en pleno régimen en 2025", añadió. El Gobierno afirma que el mes que viene licitará la construcción del segundo tramo.

La red proyectada, con todo, no se agota allí. Será necesaria la reversión del Gasoducto Norte, con un costo estimado de 600 millones de dólares financiados, en su mayor medida, por Brasil, necesitado de reemplazar el gas de Bolivia, cuyas reservas están en un proceso de declinación irreversible. Además, la obra permitiría llegar por una nueva vía a Chile y es indispensable para que las provincias del noroeste argentino se aseguren el suministro de energía.

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Por otro lado, la exportación de gas natural a Brasil depende también del refuerzo de la capacidad de transporte del gasoducto que llega a Paso de los Libres-Uruguayana y de que el país vecino conecte ese tramo con su sudeste industrial, lo que demandaría una obra enteramente nueva.

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Todo eso, claro, implica la concertación de contratos con potenciales compradores brasileños. Esa demanda potencial, calcula el especialista del IAE, más la que ya se está volcando de modo incipiente a Chile, podría implicar exportaciones, a precios actuales, del orden de los 600 a 800 millones de dólares anuales hacia 2025 o 2026.

Una explotación plena de los recursos gasíferos y petroleros de Vaca Muerta podría generarle al país exportaciones por 30.000 millones de dólares anuales hacia 2030.

¿Esto es todo? No, dependiendo de las condiciones.

Lo que queda en el plano de los proyectos es la tantas veces mencionada construcción de una planta de licuefacción que permitiría exportar gas natural licuado (GNL) por vía marítima, por empezar a una Europa que está en pleno proceso de abandono de la oferta rusa como efecto –que será duradero– de la invasión a Ucrania. Sin embargo, el costo del proyecto está estimado en nada menos que 6.000 millones de dólares y Rabinovich agrega que, para convertirse en un oferente confiable, "Argentina va a tener que demostrar que puede jugar en la misma liga que países exportadores más competitivos, como Catar, Estados Unidos y otros países".

Futuro perfecto

La cuestión, más vaporosa –valga la expresión– del GNL lleva la imaginación hacia un plazo más largo, en el que la riqueza de Vaca Muerta y el puntapié inicial que supone el GPNK podría cambiarle radicalmente el rostro a la estructura productiva nacional.

También entrevistado por Letra P, Nicolás Arceo, director de la consultora Economía y Energía, calcula que una explotación plena de los recursos tanto gasíferos –en forma natural para la región y de GNL más allá de ella– como petroleros de Vaca Muerta "podría generarle al país exportaciones por u$s30 mil millones de dólares anuales hacia 2030". Eso es más que todo lo que aporta hoy el complejo sojero, lo que supondría la emergencia de un segundo motor de enorme potencia para el desarrollo.

Sin embargo, eso solo sería posible si se realizaran todas las obras mencionadas y, sobre todo, si se invirtiera cuantiosamente en upstream, esto es en los procesos de extracción.

"El salto de la inversión debería ser muy significativo, por encima de los U$S10 mil millones de dólares anuales. A eso había que sumarle una estabilización macroeconómica para que se den las condiciones necesarias y un marco regulatorio diferente al vigente, algo que no está en debate por la lógica de la campaña electoral", precisó Arceo.

Así se llega, finalmente, a la responsabilidad de la dirigencia, que, hasta ahora, se resiste a dirigir. La estabilización supondría medidas dolorosas en el corto plazo y un nuevo marco regulatorio proinversión implicaría ventajas para las empresas. ¿Qué proporción del sistema político está dispuesto a acordar y sostener esas condiciones ambientales?

Vaca Muerta está y espera y, con ella, la oportunidad de un futuro muy diferente.

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