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Especialistas de todas las tendencias esperan una profundización del apretón fiscal. Natural: solución para los liberales y desastre para los progresistas.
Por 09/05/2018 15:27

Si hasta ahora las críticas de los economistas a la política oficial eran generalizadas, el pedido de un rescate al Fondo Monetario Internacional volvió a dividirlos, con el ajuste en ciernes como principal clivaje.

Para los que le reclamaban al Gobierno de Mauricio Macri que aplicara esa receta de un modo mucho más decidido, acudir al FMI será positivo porque obligará a las autoridades a abandonar el gradualismo y a apurar el apretón fiscal. Para los de raíz peronista o progresista, eso solo prenuncia nuevas turbulencias.

El economista Germán Fermo le dijo a Letra P que “si el FMI nos exige, como parte del acuerdo, el ajuste fiscal que nosotros no quisimos hacer, bienvenido sea. De hecho, no me gustó que el Gobierno hiciera el anuncio sin un complemento fiscal”.

Christian Buteler, analista Financiero, opinó que “obviamente, el impacto de imagen es terrible, pero en lo económico en sí ir al Fondo no está mal. Nos van a prestar más barato y tal vez nos obliguen a hacer los cambios que nosotros no quisimos o no pudimos hacer”.

Lo que hay que hacer, en opinión del especialista, es ajustar.

“No creo que pidan que hagamos un shock de la noche a la mañana, sobre todo por los antecedentes que tuvieron con nosotros, pero si llegamos a esta situación por aplicar una política fiscal gradualista, no creo que nos vayan a prestar plata para seguir haciendo lo mismo”, estimó.

 

 

Amílcar Collante, del Centro de Estudios del Sur (CeSur), estimó que “puede que el Fondo no pida ajustar más lo fiscal, algo que ya fue corregido, en el cortísimo plazo. Pero el año próximo o el siguiente seguro pedirá ajuste y leyes de reforma estructural”.

 “Eso de un nuevo Fondo, que es más bueno, me parece sarasa. El Fondo es el Fondo y las medidas que va a pedir son las que tendríamos que haber tomado nosotros. Ahora va a haber que cumplir un acuerdo que va a requerir leyes que pasen por el Congreso, encima con el mote de que provienen del FMI. Es muy complicado”, amplió Buteler.

Con una óptica diferente, Arnaldo Bocco, director del Departamento de Economía y del Observatorio de la Deuda Externa de la UMET, le contó a este medio que “de acuerdo con fuentes del propio FMI, la aparición de (Nicolás) Dujovne y (Luis) Caputo en la reunión de primavera del FMI y del Banco Mundial fue mala: muchos no ven sin condiciones para manejar esta crisis. Por eso, si hay un acuerdo las exigencias serán altas. En cambio, si dan lo que se llama ‘línea de contingencia’, la FCL, será humo, porque eso es solamente un seguro ante la imposibilidad de levantar algún vencimiento”.

 

 

Mariano Kestelboim, profesor de la Universidad Nacional de Avellaneda, dijo que “Argentina ya venía transitando el camino del ajuste, pero gradualmente. Ahora se deberá profundizar. Si fuera cierto que el Fondo nos va a dejar hacer gradualismo y políticas expansivas, a diferencia de todas las experiencias recientes, no se entiende por qué tardaron tanto en solicitar el préstamo y avalaron pagar en el mercado tasas en torno al 7%”.

 “Con esos créditos no se para la crisis; se extiende la agonía. Estructuralmente, si llegan esos recursos, no van a propiciar una transformación del aparato productivo para ser más competitivos. Simplemente, van a orientar las decisiones de política pública priorizando el pago de intereses y capital de las deudas contraídas”, continuó.

Pero si lo anterior alude al mediano plazo, el corto plazo sigue planteando un desafío perentorio.

Buteler critica el manejo oficial de la crisis y pone la mira en el Banco Central. “Lo que sigue faltando es una decisión del Central que le demuestre a la gente que se paró la corrida. En cambio, un día toma una medida y al siguiente, otra. Ya tienen que poner todo y demostrar que el dólar no va a subir más. Mientras eso no pase, los exportadores van a seguir esperando, los importadores se van a apurar y hasta doña Rosa, que hasta ahora no compraba, va a retirar el plazo fijo y se va a pasar al dólar, lo que va a agravar la crisis”, explicó.

En tanto, Fermo fue más allá y planteó que “el presidente Macri debe cambiar todo el equipo económico, porque ya cumplió su ciclo. Convirtió un problema en una crisis, es absurdo haber llegado a esto, no lo vi nunca en toda mi vida de trader”, agregó.

 

 

Para Gabriel Zelpo, economista jefe de Elypsis, “lo que hay ahora es una corrida que quita liquidez y el pedido al Fondo apunta a recuperarla. Ayuda a ganar tiempo hasta que vuelva la confianza en el país, siempre y cuando se calmen los mercados afuera”.

Más crítico, Kestelboim afirmó que “no hay un nuevo fondo. Es organismo que administra los recursos de los países miembros buscando evitar crisis de deuda que impliquen el no pago a los acreedores internacionales. Para eso, el FMI aplica condicionamientos a la política pública. Las condiciones, como en el pasado en nuestro país y en las experiencias más recientes de préstamos del Fondo, implican una mayor liberalización comercial, pérdida de derechos laborales y reducción del gasto público.

El ajuste en ciernes enardece el debate económico

Especialistas de todas las tendencias esperan una profundización del apretón fiscal. Natural: solución para los liberales y desastre para los progresistas.

Si hasta ahora las críticas de los economistas a la política oficial eran generalizadas, el pedido de un rescate al Fondo Monetario Internacional volvió a dividirlos, con el ajuste en ciernes como principal clivaje.

Para los que le reclamaban al Gobierno de Mauricio Macri que aplicara esa receta de un modo mucho más decidido, acudir al FMI será positivo porque obligará a las autoridades a abandonar el gradualismo y a apurar el apretón fiscal. Para los de raíz peronista o progresista, eso solo prenuncia nuevas turbulencias.

El economista Germán Fermo le dijo a Letra P que “si el FMI nos exige, como parte del acuerdo, el ajuste fiscal que nosotros no quisimos hacer, bienvenido sea. De hecho, no me gustó que el Gobierno hiciera el anuncio sin un complemento fiscal”.

Christian Buteler, analista Financiero, opinó que “obviamente, el impacto de imagen es terrible, pero en lo económico en sí ir al Fondo no está mal. Nos van a prestar más barato y tal vez nos obliguen a hacer los cambios que nosotros no quisimos o no pudimos hacer”.

Lo que hay que hacer, en opinión del especialista, es ajustar.

“No creo que pidan que hagamos un shock de la noche a la mañana, sobre todo por los antecedentes que tuvieron con nosotros, pero si llegamos a esta situación por aplicar una política fiscal gradualista, no creo que nos vayan a prestar plata para seguir haciendo lo mismo”, estimó.

 

 

Amílcar Collante, del Centro de Estudios del Sur (CeSur), estimó que “puede que el Fondo no pida ajustar más lo fiscal, algo que ya fue corregido, en el cortísimo plazo. Pero el año próximo o el siguiente seguro pedirá ajuste y leyes de reforma estructural”.

 “Eso de un nuevo Fondo, que es más bueno, me parece sarasa. El Fondo es el Fondo y las medidas que va a pedir son las que tendríamos que haber tomado nosotros. Ahora va a haber que cumplir un acuerdo que va a requerir leyes que pasen por el Congreso, encima con el mote de que provienen del FMI. Es muy complicado”, amplió Buteler.

Con una óptica diferente, Arnaldo Bocco, director del Departamento de Economía y del Observatorio de la Deuda Externa de la UMET, le contó a este medio que “de acuerdo con fuentes del propio FMI, la aparición de (Nicolás) Dujovne y (Luis) Caputo en la reunión de primavera del FMI y del Banco Mundial fue mala: muchos no ven sin condiciones para manejar esta crisis. Por eso, si hay un acuerdo las exigencias serán altas. En cambio, si dan lo que se llama ‘línea de contingencia’, la FCL, será humo, porque eso es solamente un seguro ante la imposibilidad de levantar algún vencimiento”.

 

 

Mariano Kestelboim, profesor de la Universidad Nacional de Avellaneda, dijo que “Argentina ya venía transitando el camino del ajuste, pero gradualmente. Ahora se deberá profundizar. Si fuera cierto que el Fondo nos va a dejar hacer gradualismo y políticas expansivas, a diferencia de todas las experiencias recientes, no se entiende por qué tardaron tanto en solicitar el préstamo y avalaron pagar en el mercado tasas en torno al 7%”.

 “Con esos créditos no se para la crisis; se extiende la agonía. Estructuralmente, si llegan esos recursos, no van a propiciar una transformación del aparato productivo para ser más competitivos. Simplemente, van a orientar las decisiones de política pública priorizando el pago de intereses y capital de las deudas contraídas”, continuó.

Pero si lo anterior alude al mediano plazo, el corto plazo sigue planteando un desafío perentorio.

Buteler critica el manejo oficial de la crisis y pone la mira en el Banco Central. “Lo que sigue faltando es una decisión del Central que le demuestre a la gente que se paró la corrida. En cambio, un día toma una medida y al siguiente, otra. Ya tienen que poner todo y demostrar que el dólar no va a subir más. Mientras eso no pase, los exportadores van a seguir esperando, los importadores se van a apurar y hasta doña Rosa, que hasta ahora no compraba, va a retirar el plazo fijo y se va a pasar al dólar, lo que va a agravar la crisis”, explicó.

En tanto, Fermo fue más allá y planteó que “el presidente Macri debe cambiar todo el equipo económico, porque ya cumplió su ciclo. Convirtió un problema en una crisis, es absurdo haber llegado a esto, no lo vi nunca en toda mi vida de trader”, agregó.

 

 

Para Gabriel Zelpo, economista jefe de Elypsis, “lo que hay ahora es una corrida que quita liquidez y el pedido al Fondo apunta a recuperarla. Ayuda a ganar tiempo hasta que vuelva la confianza en el país, siempre y cuando se calmen los mercados afuera”.

Más crítico, Kestelboim afirmó que “no hay un nuevo fondo. Es organismo que administra los recursos de los países miembros buscando evitar crisis de deuda que impliquen el no pago a los acreedores internacionales. Para eso, el FMI aplica condicionamientos a la política pública. Las condiciones, como en el pasado en nuestro país y en las experiencias más recientes de préstamos del Fondo, implican una mayor liberalización comercial, pérdida de derechos laborales y reducción del gasto público.