El candidato a vicepresidente Agustín Rossi, de domicilio en Rosario, votó antes del mediodía de este domingo en una escuela del barrio 7 de Septiembre, en la zona noroeste de la ciudad. Dulcero, no quiso perderse los pastelitos de batata que una mujer vendía en la puerta de la escuela.
Apenas la divisó le tuvo ganas. La vendedora le recordó: "Ya me compraste una vez en el Parque Alem". "Y ahora te voy a comprar de nuevo", no se achicó el jefe de Gabinete, de campera de jeans gastada, muy ochentosa.
Rossi hizo la fila correspondiente en la planta alta de la "Dr. Francisco Netri", esperó su turno, tomó las cinco cartulinas de un sistema de votación al que en muchas oportunidades definió como un "desastre" y volvió a la vereda para su encuentro con lo dulce, con el almíbar.
Eso sí, le pidió a un colaborador que pagara. El hombre, cincuentón, canoso, compró una media docena de pastelitos. Solo de batata, nada de membrillo ni otros inventos posmodernos.
Ahí sí Rossi, que venía de un maratónico sábado en Tucumán, se relajó, disfrutó y masticó, rodeado de familiares y su equipo. Ya habrá tiempo en el domingo para seguir el conteo de votos.