El Día (después) de la Lealtad: el futuro de los peronismos que gobiernan en la Patagonia
Ziliotto afirmó su poder de convocatoria en La Pampa y Pérez capitalizó el mal paso de Melella en Tierra del Fuego. Di Napoli y Vuoto, autoexcluidos de la foto.
Sergio Ziliotto salió bien parado del acto que organizó para el Día de la Lealtad en la Patagonia. La Pampa es una de las provincias que gobierna el peronismo.
El Día de la Lealtad estampó una foto del futuro para las variantes de peronismo que gobiernan en la Patagonia. La interna sacude a las gestiones de Sergio Ziliotto, en La Pampa, y de Gustavo Melella, en Tierra del Fuego, y la fecha clásica de la liturgia partidaria fue una bisagra entre el pasado, el presente y lo que viene.
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Ziliotto puso este sábado toda la carne en el asador en un acto-fiesta que estuvo a la altura de las circunstancias, en el que contó los porotos que están de su lado y alineó a sectores internos diversos, aunque como se preveía también brillaron las ausencias de sus rivales íntimos más poderosos. El presidente del PJ marcó la cancha y a la vez hizo un discurso conciliador en búsqueda de la unidad.
En Tierra del Fuego el tembladeral del peronismo es todavía más pantanoso, porque Melella se estrenó como aliado violeta e instaló el riesgo de que se dinamiten algunos de los puentes que venía tejiendo. Las movidas en el sur son también un derrame de los enfrentamientos del PJ nacional que, como contaron Ayelén Bonino yLaura Loncopan Berti en Letra P, no sólo replican en los peronismos que gobiernan, sino también en los que se arman desde la oposición en Chubut y Neuquén.
Los actos de la Lealtad y lo que viene
En La Pampa, Ziliotto ratificó que su palabra tendrá peso en la mesa que defina el futuro del peronismo. El acto por el Día de la Lealtad expuso algunas debilidades y deserciones, pero también le permitió alistar fortalezas en el haber. Además del espacio de la Plural que le responde a pie juntillas, apareció el respaldo de intendencias importantes y líneas internas como La Cámpora, Convergencia, Identidad Peronista, Compromiso Peronista y el Nuevo Espacio de Participación.
Ziliotto fue el único orador en el gimnasio del Club Belgrano, que lució repleto. Hizo uno de los más claros llamados a la unidad de los últimos tiempos al asegurar que "hay que hablar con todos porque primero está la provincia" y advirtió que "no hay otro camino". "Seré el mayor responsable de que ningún dirigente quede excluido en la invitación para seguir construyendo justicia social, no voy a esquivar esa responsabilidad. Ningún peronista puede quedar afuera porque no sobra nadie", señaló.
El ziliottismo en el acto de este sábado en Santa Rosa: la apuesta a un acto de fiesta le salió bien al oficialismo. FOTO: www.radiokermes.com
También reclamó que el PJ nacional tenga en cuenta a La Pampa a la hora de definir una alternativa "que genere esperanza" y ratificó su teoría de que en la provincia habrá un armado de unidad opositora porque "el antiperonismo avanza para imponernos el modelo de la crueldad". El ziliottismo cuidó que el acto no sonara a instalación de ningún otro candidato, pero el presidente del PJ no se privó de jactarse de la victoria electoral en las legislativas de octubre, cuando algunos rivales lucieron pasivos en la campaña. "Cuando falta dirigencia, sobra militancia", insistió.
El poder de los silencios y las ausencias de Carlos Verna y Luciano di Nápoli también tienen su peso. Después del Día de la Lealtad, en el ajedrez del PJ se mantiene en estado de "tablas". El peronismo pampeano se sabe competitivo para 2027, aunque necesitará su compromiso de una unidad hasta que duela para confrontar con un rejunte opositor que se arma con ansias de dar el zarpazo como nunca antes. La tensión es total, pero ese tironeo puede confluir en algún consenso, y en ese proceso el rol de Ziliotto es clave. En rigor, es difícil que el peronismo pueda ganar una elección jugando contra Ziliotto.
Un nuevo sacudón en Tierra del Fuego
En Tierra del Fuego los vaivenes de Melella habilitan la posibilidad de que un espacio panperonista crezca y gane confrontándolo. También inciden en ese caso las particularidades de un sistema electoral que determina que haya una segunda vuelta si nadie supera el 50% de los votos. Eso puede empujar a distintas referencias del peronismo a solucionar su interna en la primera vuelta. Un ejemplo de esa disputa se dio en las legislativas de octubre.
En la provincia más austral del continente, y con ese panorama, el que capitalizó la fecha fue el intendente de Río Grande, Martín Pérez, líder del sello Provincia Grande. Su sector hizo una actividad específica para poner en el radar el 17 de octubre, tanto en Ushuaia como en Río Grande. El jefe comunal de la ciudad más grande de Tierra del Fuego, se mostró en su ciudad, pero pisa fuerte en la capital a partir del funcionamiento de un local propio. "Peronismo para una provincia grande", fue el título de las mesas técnicas que se convocaron en ambas ciudades.
Martín Pérez centralizó las actividades en Río Grande.
“La lealtad es con todo el pueblo. Ser fieles a nuestras convicciones y a nuestra historia. En Tierra del Fuego, esa lealtad también nos exige mirar hacia adelante. Defender el trabajo. Cuidar nuestra industria. Pensar el futuro de Río Grande, Ushuaia y Tolhuin como parte de un mismo proyecto provincial”, dijo Pérez y aprovechó los ruidos que se produjeron en el otro campamento.
Sucede que luego del acercamiento de Melella con el gobierno nacional libertario, que quedó al desnudo durante la semana en el Congreso, su aliado forzoso Walter Vuoto, kirchnerista, decidió postergar las actividades por la Lealtad que había organizado en el territorio enemigo, en Río Grande. No hubo explicaciones públicas y el intendente de Ushuaia decidió recordar el 17 de octubre en redes sociales. "El peronismo sigue siendo la gran herramienta del pueblo argentino. Los mejores triunfos del pueblo todavía están por venir", escribió.
En ese contexto, el pacto de Melella y Vuoto, que estaba atado con alfileres, sufre un nuevo remezón.
Dos provincias, distintos formatos
El de La Pampa y el de Tierra del Fuego son peronismos en distintos formatos y con historias diversas, pero se asoman al 2027 con la certeza de que tendrán que afrontar cambios. A contramano del club de las reeleciones, ni Ziliotto ni Melella pueden repetir mandatos y eso los pone en la tarea de gestar acciones para salvarse del síndrome del pato rengo.
El PJ pampeano está invicto en su provincia desde el regreso de la democracia y es además un justicialismo clásico y tradicional. La conformación del gobierno fueguino, con la Concertación FORJA a la cacebza y sometido históricamente a la alternancia, implica alianzas y recorridos de otra índole, en el que se mechan compañeros, correligionarios y otras identidades.
Ambos gobernadores asumieron en 2019. La posibilidad de perder poder porque desde el año que viene ya no serán los jefes territoriales está en el radar. Por eso a Ziliotto se le animan, aunque conserva liderazgo, la presidencia del PJ y es el candidato natural al Senado en 2027. Melella la tiene, en ese sentido, más complicada. Tambalea políticamente, convive con una Legislatura esquiva y también enfrenta constantes complicaciones en una de las economías más golpeadas por las políticas nacionales.
Con todo, las mayores diferencias parecen surgir a partir de su posturas respecto a la gestión de Javier Milei.
Sergio Ziliotto, en la resistencia
Ziliotto se paró en la trinchera de la resistencia desde el 10 de diciembre de 2023 y jamás abandonó ese lugar. Es una de las provincias que mantuvo sus planteos, también a partir de una historia de cuentas ordenadas, histórico equilibrio fiscal y desendeudamiento. El gobernador ratificó ese rumbo en el discurso que dio este 17 de octubre y exigió que haya una mirada nacional que reconozca esos posicionamientos sostenidos. "Es una cita con la historia", definió.
Sergio Ziliotto, este sábado, en el acto del PJ en el Club Belgrano: reafirmó su tono opositor a Milei. FOTO: www.radiokermes.com
La Pampa tuvo que apelar en estos años al fondo anticíclico que generó durante las gestiones anteriores, para afrontar costos derivados del abandono que hizo la Nación de la obra pública, programas básicos o fondos previsionales.
A la vez, Ziliotto no abandonó sus planteos institucionales. Formalizó demandas judiciales de reclamo, pero nunca rompió el diálogo oficial con el gobierno. Al contrario, fue el mileísimo el que ninguneó y discriminó. Ziliotto estuvo casi siempre que lo llamaron.
El pampeano estuvo presente en el encuentro que el Presidente organizó después de la elección legislativa de 2025 y en todas las áreas intentó conversaciones. El único que atendió ese reclamo de modo sistemático fue el jefe de Gabinete, Diego Santilli. El gobernador protagonizó con él varios encuentros, incluso hubo otro durante esta semana, y concretó algunos avances, pero más allá de la relación cordial las demandas de La Pampa siguen empantanadas.
Gustavo Melella, nuevo héroe violeta
A contramano de esa convicción pampeana en la vereda de la oposición, Melella navega en aguas ciclotímicas. Pasó por distintos estados a los largo de los casi tres años de gestión libertaria. En los primeros tramos de la gestión se subió, como casi todos los gobernadores de la región, a la movida agitada desde La Pampa para gestar una Patagonia Rebelde bajo el mote de Provincias Unidas del Sur.
Pero después fue acomodando el carro según el soplido del viento, hasta terminar en estos días como un aliado de la Casa Rosada, con la expectativa de ser considerado parte de la tribu de amigos y sortear algunos problemas urgentes de su provincia. Por aquello de que la necesidad tiene cara de hereje, la crisis económica, sumada a la inestabilidad política, lo llevó a recostarse sobre el oficialismo nacional.
La ausencia de su diputado nacional de confianza, Paulo Tita, durante la sesión que pretendía voltear el decreto 70/23 fue la rúbrica final de ese arreglo: Melella se sumó a los héroes con los que el mileísmo para sostener sus políticas ante los arrebatos legislativos de uan oposición que de tanto en tanto consigue poner a La Libertad Avanza entre la espada y la pared. Antes de ese volantazo, el gobernador fueguino fracasó en su afán de concretar una Constituyente, quizá con el sueño final de una reelección. El Poder Judicial paralizó esa intentona.
Peronismo y pago chico
El nuevo juego a lo mejor le garantiza a Melella algunos fondos frescos, e incluso la hipótesis de que La Libertad Avanza compita con balas de fogueo en las elecciones del año que viene, pero también le empioja el frente interno. Exacerba las contradicciones del que parecía su nuevo pacto fronteras adentro, con el camporista Vuoto.
La foto: Walter Vuoto, intendente de la capital, y Gustavo Melella, gobernador de Tierra del Fuego, juntos después de sus ásperos enfrentamientos.
El intendente de Ushuaia sostiene un discurso kirchnerista, tuvo con Melella choques furiosos y después se acomodaron en una reconciliación fotográfica, pero es un acuerdo atado con alfileres. Pérez, el intendente de Río Grande, la ciudad más poblada de la provincia, mira de reojo y calcula sus movimientos. Teje en su estilo, mide la jugada y combina sigilo con algunos actos de visibilización como el del último 17 de octubre.
El posicionamiento de Melella frente al gobierno nacional le provoca daños en el armado provincial. Distinto es en La Pampa, donde el estilo y la conducta de Ziliotto en ese sentido tienen el aval de sus rivales internos. En algún momento, sus contrincantes del PJ hicieron sonar algún reproche porque le pedían más diálogo con el gobierno nacional, pero la queja fue en voz baja y duró poco.
Di Nápoli y Verna también le muestran los dientes a Milei, aunque son más críticos con el kirchnerismo, al que ZIliotto abriga en su alianza pejotista, incluso con la vicepresidencia partidaria de la diputada María Luz Alonso, mano derecha de Cristina Fernández de Kirchner durante su paso por el Senado.
Mientras el tambaleo político obstaculiza el futuro de Melella en Tierra del Fuego, que aparece marcado por un enfrentamiento seguro, en La Pampa parece armarse un esquema en el que Ziliotto tendrá que sentarse a negociar, pero será imprescindible parte del juego. El acto del Día de la Lealtad, este sábado, también lo posiciona en ese sentido.