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Fernet con rosca

La gran final de Daniel Passerini en la ciudad de Córdoba

Sin reelección, el intendente juega por el proyecto de Llaryora. Quinteros emerge como el heredero mejor posicionado, pero la interna del PJ recién empieza.

El intendente de la ciudad de Córdoba, Daniel Passerini, ocupa la posición más incómoda del tablero político. Está al frente de uno de los municipios más complejos del país, no tiene reelección, el bis de Martín Llaryora se jugará fuerte en la capital y viene de ponerle el cuerpo al estiletazo político tras el femicidio de Agostina Vega.

En la mesa del Palacio 6 de Julio, como se llama el edificio municipal, reconocen que el futuro del médico está atado a la suerte de Llaryora. Sin embargo, para que haya futuro, Passerini sabe que tiene que modificar su presente. La gestión capitalina será la obsesión, porque sabe que Llaryora encontró allí y en su San Francisco natal los valores diferenciales que lo sentaron en la gobernación. "No va a entregar la capital", prometen en todas las vertientes del cordobesismo capitalino. No puede hacerlo.

La observación -casi de sentido común- se construirá en dos planos: las iniciativas de gestión del gobierno de la provincia en los barrios de la capital y las decisiones políticas que Passerini tome ante los conflictos. Llaryora y Passerini prenden luces a un ritmo de dos veces por semana.

Martín Llaryora, Daniel Passerini y Miguel Siciliano en una inauguración de luminarias en un barrio de la ciudad de Córdoba

Ponerle la cara a los problemas quedó como único aprendizaje tras semanas negras que empezaron con el robo de más de 200 llaves del transporte urbano en medio del conflicto con las empresas del sector en marzo y terminaron con el culebrón político que se abrió cuando se conoció que el asesino de Agostina, Claudio Barrelier, era un becario municipal protegido por el ahora exconcejal y líder de Las 62 Organizaciones Peronistas, Ricardo Moreno.

Por mi culpa, por mi culpa

La postura de Passerini de asumir toda la responsabilidad pública por prácticas de su partido o de sus funcionarios no resultó una mala decisión, afirman. Mantienen sus encuestas bajo reserva, pero en la mesa chica del intendente afirman que en julio la imagen del jefe municipal subió tres puntos.

Martín Llaryora y Daniel Passerini recorren juntos los barrios de la capital cordobesa

El plan de trabajo que sigue será cumplir con las promesas hechas al calor de una de las crisis más resonantes que le tocó pasar al cordobesismo que ocupa el poder desde el ’23. Controles de antecedentes, recortes de becas ociosas y digitalización de trámites para evitar “peajes” de agentes mal habidos y una fuerte inyección de recursos en obra pública, forman la lista de acciones que deberían sacar de la zona de peligro a la capital.

La seguridad será otro punto central y allí entra al juego Juan Pablo Quinteros, el ministro de Seguridad de Llaryora que quiere suceder a Passerini. Valoran del funcionario provincial la sinergia lograda para otro desafío: el control de la calle, que se tradujo en la regulación del estacionamiento medido, la creación de la figura de los controladores y la prohibición de los cuidacoches, que en esta ciudad son llamados "naranjitas" por sus pecheras de ese color.

Juan Pablo Quinteros, ¿bendecido también por Daniel Passerini?

Passerini comparte con Quinteros, seguramente sin buscarlo, una característica en común, según se deprende de la morajela passerinista que dejaron todas las revueltas sumariadas del último cuatrimestre: también pone la cara y brinda explicaciones cuando hay conflictos. Logra vender como un éxito de la mano dura, por ejemplo, que un festejo mundialista haya terminado con 100 personas detenidas, como ocurrió tras el cruce de Argentina con Inglaterra.

Con esa alta exposición, que quizás antes se le hubiera cuestionado a un funcionario de la vieja guardia del gobierno de Córdoba, construyó capital político y confianza entre quienes deciden dentro del PJ.

Passerini y su tropa asumen, en conversaciones privadas, que será el examigo de Luis Juez quien hoy -siempre enfatizan el adverbio de tiempo por su delicada función- está en una condición inmejorable para pelear la sucesión por el oficialismo.

Juan Pablo Quinteros, en los operativos de control en el festejo del triunfo de Argentina ante Inglaterra

La lista de estos entornos encumbrados ya no incluyen al secretario de Fortalecimiento Vecinal y Deportes, Héctor Campana. El “Pichi” quiere, mide bien, pero hoy Quinteros gana en el consenso verbal.

El ministro de Vinculación de Llaryora, Miguel Siciliano, mide bien, pero dice que no será candidato a intendente. Cuesta creerlo al recordar cómo peleó con uñas y dientes por ocupar la cabecera de la boleta que quedó para Passerini.

Ventajas y desventajas de la sucesión a cargo de un exjuecista

El juecismo en el ADN de un precandidato no es un impedimento para una carrera municipal. El propio Campana, que llegó a ser vicegobernador de Juan Schiaretti es un ejemplo. El historiador Esteban Dómina, que fue concejal cordobesista antes de oficiar como el intelectual del Frente Cívico, refuerza la línea argumental.

Revisar la candidatura de Passerini hace tres años puede traer muchos aprendizajes. Medían casi lo mismo con Siciliano en la mesa de encuestas que manejaban Schiaretti y Llaryora en la previa de la campaña ejecutiva pasada. Hay quienes dicen que la diferencia era de tan solo dos puntos.

¿Qué jugó? Passerini hizo del comportamiento orgánico y su previsibilidad todo un método de construcción política. Llaryora, también Schiaretti, sabían que el código de ética política no sería cambiado por la ambición. Que el médico no tenga reelección no lo convierte en un problema para Llaryora.

El hoy gobernador aspirará a un segundo mandato y si lo logra buscará incidir en su sucesión. ¿Es Quinteros tan confiable como el Passerini del ’23? Estas son algunas preguntas que se hacen en las mesas que analizan los juegos de la política de la capital.

El peronismo agita la interna en la ciudad de Córdoba

Otra es si será un problema para Quinteros el peronismo de los funcionarios y las bases. ¿Se correrán tan silentes Marcelo Rodio, Juan Pablo Viola o el propio Campana, que quieren ser? ¿No protestarán los extrapartidarios que quieren su lugar y reconocimiento a sus aportes al Partido Cordobés, como la vicegobernadora Myrian Prunotto y el viceintendente Javier Pretto, que también le apuntan al edificio municipal ubicado a la vera de la Cañada?

Si Llaryora consigue la reelección, buena parte del problema quedará resuelto. El siguiente empezará inmediatamente: definir cómo se elige al sucesor de Passerini. En las mesas políticas del cordobesismo ya empezó a instalarse una idea que hace algunos meses parecía impensada. No son pocas las voces que dicen que "si fueran Llaryora" habilitarían una interna abierta para resolver la candidatura de la capital.

No son Llaryora, que cree que si gana, el próximo intendente lo sienta él en el sillón del gobierno de la ciudad. Ya lo hizo una vez.

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