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3J | A 11 AÑOS DE LA PRIMERA MARCHA

Agostina Vega, Ni una menos y la pregunta que inquieta a Córdoba: ¿la bronca vota?

La multitudinaria movilización reabrió un debate que cruza casi tres décadas de poder peronista: si la indignación social puede convertirse en fuerza electoral.

Bajo la lluvia, una multitud volvió a llenar las calles de la ciudad de Córdoba en la 11° marcha de Ni Una Menos. El femicidio de Agostina Vega dejó la misma sensación de impotencia de una violencia machista que no cesa, con el agravante de que en esta tragedia aparecieron nombres y prácticas anquilosadas del poder.

Naturalmente, ese Círculo Rojo reaccionó, interpelado por la bronca colectiva. El cordobesismo y la oposición pasaron la última semana disputando responsabilidades con pedidos de renuncia para el ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros; planteos de jury contra el fiscal Raúl Garzón y una operación relámpago del intendente capitalino Daniel Passerini para sacar del Concejo Deliberante a Ricardo Moreno, el dirigente que había quedado bajo la lupa por su relación con Claudio Barrelier, el único imputado por el asesinato a sangre fría de la adolescente.

En una Córdoba sacudida por el escándalo, resuena una pregunta recurrente desde 2023 a esta parte: ¿La bronca vota? ¿Existe ese clima de cambio que dice leer la oposición en una provincia que va por su tercera década de gobierno peronista? ¿Está en lo cierto el cordobesismo de Martín Llaryora cuando asegura que han pasado peores tormentas y la gente sigue prefiriendo su modelo de gestión?

La historia reciente de Córdoba invita a evitar las conclusiones cerradas. La muerte de Blas Correas a manos de la Policía en 2020 provocó una de las mayores crisis institucionales de las últimas décadas. El caso de los bebés asesinados en el Neonatal en 2022 puso bajo sospecha a buena parte del sistema político, judicial y sanitario provincial. El choque protagonizado ese mismo año por el hombre intocable del peronismo, Oscar González, abrió un debate feroz sobre privilegios, impunidad y uso del poder.

Hay varios ejemplos sonoros más con el mismo sello político y los mismos funcionarios judiciales en la mira.

Córdoba, la isla impredecible para el predecible peronismo

Ninguno de esos episodios modificó sustancialmente el mapa político. El cordobesismo perdió funcionarios en esos caminos, sufrió el desgaste del escándalo y atravesó semanas enteras a la defensiva, pero siguió ganando elecciones.

José Manuel de la Sota primero y Juan Schiaretti después construyeron una doctrina sencilla para enfrentar las crisis: resistir la presión, evitar sacrificios políticos apresurados y esperar que la sociedad volviera a ordenar prioridades. Pasado el golpe, seguía el shot de gestión, siempre valorado en las urnas.

marcha n i una menos córdoba

Marcha Ni Una Menos en Córdoba

Llaryora aplicó exactamente ese manual durante los primeros días del caso Agostina. Ratificó a Quinteros, respaldó el trabajo judicial y denunció especulación política alrededor del crimen. Como contó este lunes Letra P, también introdujo una novedad.

A diferencia de sus antecesores, buscó rápidamente una dimensión humana. Recibió a la familia, mostró cercanía y dejó que otros ocuparan el terreno técnico. El gobierno cordobés detectó que la conferencia de prensa de Garzón había dejado un vacío difícil de explicar en medio del hallazgo del cuerpo de Agostina y decidió ocupar ese espacio.

Clima social en la puerta de un año electoral

¿Llaryora gobierna una Córdoba distinta? ¿Alcanzan los cambios sutiles de libreto? Nadie lo sabe a ciencia cierta, por más que el repliegue libertario en las encuestas suba el optimismo en el Panal, como se conoce a la casa de gobierno provincial.

La irrupción de Javier Milei modificó la sensibilidad pública frente a los vínculos entre la política y los estamentos del poder. La desconfianza hacia quienes administran el Estado es más profunda que hace unos años (esa caída de Milei lo confirma). Por eso, el caso Agostina inquieta más que otros y en los círculos políticos de la provincia hay voces que dicen que este caso marcará un quiebre.

No porque necesariamente vaya a cambiar el rumbo de una elección, sino porque conecta con un malestar de época que se expresó a nivel nacional y que queda pendiente de ver si se traslada al terreno local.

La oposición, entre el deber y la especulación

La construcción política de la oposición también deja ese halo de dudas. De lo contrario, no se explican las razones que llevaron a Gabriel Bornoroni, referente de Milei en Córdoba y su probable candidato a la gobernación, a expresarse por la muerte de la adolescente sin hablar de femicidio, pero trasladando la responsabilidad al Estado y sus referencias.

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La familia de Agostina Vega encabezó la marcha en Córdoba

La diputada bullrichista Laura Rodríguez Machado marchó en Buenos Aires. El senador Luis Juez dio libertad de acción a su tropa y retomó su afección a denunciar corrupción, que reprimió con el Adornigate. No hay dogma que valga rumbo a un año electoral.

Y esto es así porque la construcción de una candidatura provincial desde la oposición y la renovación de la oferta del oficialismo que quiere continuar se moverá entre esos márgenes difusos que plantea una sociedad que pide cambio, pero no expresa todavía cómo lo quiere ni dónde, si es que lo desea.

Nos siguen matando

Lo que queda es el dato crudo de la realidad que atraviesa y que la muerte de Agostina resignifica. La Corte Suprema difundió el Registro Nacional de Femicidios correspondiente a 2025. Córdoba registró diez víctimas, siete menos que el año anterior. La estadística muestra una mejora, pero los detalles invitan a una lectura menos optimista.

En la totalidad de los casos víctimas y agresores se conocían previamente. Siete de cada diez hechos ocurrieron en contextos de violencia doméstica. Ocho de las diez mujeres fueron asesinadas en viviendas. En tres causas existían denuncias previas por violencia de género y en dos de ellas había medidas de protección vigentes.

no estamos todas

La marcha Ni Una Menos en Córdoba fue masiva

Los mecanismos de la violencia extrema siguen apareciendo en los mismos lugares y las instituciones mostrando sus fracasos. Es una foto de todos los días. La política cordobesa, como ya pasó con la marcha universitaria, decidió disputar la calle y mostrarse como parte activa de la lucha. Un hecho que, por su repitencia, se convierte en novedoso.

El femicidio de Agostina terminó condensando varias discusiones, pero de un lado y del otro de la cantera de la política local pareció que se perdió el foco de lo importante: nos siguen matando.

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