"Si reflexionásemos, no seríamos un malón indígena. Seríamos una corriente de pensamiento". Esa fue la genial respuesta que el Negro Fontanarrosa puso en boca del cacique Lloriqueo para responder una inquietud del legendario Inodoro Pereyra. Lo que vimos durante el fin de semana fue la última misa de cuerpo presente del Indio Solari: una monumental expresión de admiración, afecto y gratitud protagonizada por un malón de cientos de miles de personas en todo el país. Nunca estuvo más vigente aquello de las razones del corazón que la razón no comprende.
Se trató de un fenómeno cultural cargado de política, de una visión definida de la sociedad, de una posición asumida y cantada para ser coreada por multitudes. Letras de canciones más poderosas que cualquier programa de campaña o plan de gobierno. Instinto e intuición entre partituras y pogos, con la fuerza suficiente para conmover, alegrar y despertar una conciencia frente a la realidad. De allí su politicidad, su capacidad de movilización y su magia irracional.
La última misa del Indio Solari y la batalla cultural
Los incondicionales se dieron cita espontáneamente en decenas de plazas del país para llorar y celebrar al mismo tiempo. Las lágrimas mutaron en baile, en fiesta al aire libre, en homenaje y en peregrinación final hacia el Polideportivo José María “Mono” Gatica, en pleno corazón del castigado conurbano bonaerense. Difícilmente podría haberse elegido un lugar más emblemático.
El legendario boxeador que inmortalizó la frase "general, dos potencias se saludan" al abrazar a Perón en el Luna Park prestó su nombre para la capilla ardiente. No deja de ser una elección cargada de simbolismo. Quizás por eso, los referentes intelectuales de la “civilización” no pudieron resistirse a la tentación de señalar, una vez más, a la “barbarie” con el desprecio de siempre.
El encargado fue Nicolás Márquez, biógrafo y amigo del presidente Javier Milei, quien se refirió al ídolo fallecido como "un gran mercader de la industria de la rebeldía, un producto que jamás traspasó siquiera las fronteras de los países limítrofes; un original comerciante de cabotaje que vendía subversión a masas carentes de identidad, con letras que promovieron la droga, el lumpenaje y el satanismo; una expresión del rock plebeyo con tono tanguero".
Batalla cultural a pleno, en clave libertaria. Un aporte indispensable para dejar en claro, incluso a los desprevenidos, cuáles son los valores en disputa.
La calle como territorio de expresión colectiva
En la narrativa y la praxis violeta el mercado interno no merece protección. Vale para la industria o la cultura. El RIGI y el presupuesto tienen otras prioridades. La producción nacional que no logra atravesar las fronteras carece de mérito para su reconocimiento. Da igual que se trate de pymes o artistas populares. Para La Libertad Avanza, la caridad bien entendida no empieza por casa.
Los dirigentes opositores harían bien en tomar nota. En los últimos meses se produjeron cuatro manifestaciones masivas: la del 24 de marzo, la Marcha Federal Universitaria, Ni Una Menos y la despedida del Indio. No fueron episodios aislados. Expresaron sensibilidades, valores, identidades y demandas que siguen presentes en amplios sectores de la sociedad.
La base opositora existe. Está allí, visible, movilizada y esperando que alguien la interprete y la represente. Parece esbozar una consigna: no es la economía, estúpido. O, al menos, no es la economía de manera exclusiva y excluyente.
Quienes vayan a votar privilegiando la confianza de los mercados ya tienen candidato. Los que buscan una alternativa todavía se enfrentan a una oferta fragmentada y confundida.
Tal vez por eso muchos dirigentes opositores continúan buscando las llaves donde hay luz y no efectivamente en la calle donde las perdieron. Hablan de administración cuando la sociedad reclama sentido; ofrecen programas cuando buena parte del electorado busca pertenencia, identidad y horizonte.
A ellos les cabe mejor que a nadie aquel fragmento de La Bestia Pop: "Pero yo sé que hay caballos que se mueren potros, sin galopar".