En un pasaje del génesis, un ángel le advierte a Lot: "¡Sálvate, no mires hacia atrás ni te detengas, en ello te va la vida!". Su mujer quiere ver el fin de Sodoma y Gomorra. Mira hacia atrás y queda convertida en estatua de sal. ¿Qué la llevó a mirar hacia atrás? La curiosidad era observar con odio y rencor el fin de sus enemigos. Es un buen ejemplo de porque es necesario mirar hacia el pasado con ojos que contribuyan a la convivencia.
La instalación en 1976 de la dictadura militar más atroz que nuestro país sufrió, no dejó margen para resistencias legítimas, pero gozó indudablemente de un consentimiento tácito de una parte importante de la sociedad argentina.
A pesar del dominio hegemónico del aparato estatal, la dictadura se abstuvo de procesar o condenar a nadie, pero a través de lo que conocemos como acciones directas, sin juicio ni ley, hizo desaparecer a miles de personas, asesinó, torturó, encarceló y expulsó del país a otros miles.
Ni siquiera actuó dentro de los extensos y difusos márgenes de la legalidad autoritaria, diseñada por ellos y para ellos. Nunca se estuvo más lejos del concepto de seguridad jurídica ni de estado de derecho que en aquellos años en los que imperó la dictadura.
La derrota militar en el Atlántico Sur, provocó el estallido de la dictadura, y la misma sociedad que había tolerado por convicción o temor la violación sistemática a los derechos humanos y la falta de libertades públicas, se levantó para terminar con el pasado autoritario. Hubo un quiebre en nuestra historia, porque nunca se había traspasado hasta tal punto la degradación moral de la república. Por ello tal vez la mayoría de la sociedad abrazó la causa de la recuperación de la democracia en forma definitiva.
El Jucio a las Juntas
Por tal motivo, no dudo en sostener que el Juicio a las Juntas promovido y sostenido por el Presidente de la democracia recuperada Raúl Alfonsín, como el hecho civil más trascendente de la historia de nuestro país.
El Juicio a las Juntas fue una bisagra que dejó atrás años de impunidad, muerte y terror. Aun así, debo reconocer que la historia argentina trastabilló en idas y vueltas, indultos vergonzantes e inmorales, pero nunca se renunció a una meta central: la búsqueda de la verdad.
Dos días después de asumir la presidencia, Alfonsín promovió la derogación de la autoamnistía, y a través de los decretos 157 y 158, se puso en marcha el procesamiento de los responsables de la violencia que ensangrentó al país. Alfonsín lo hizo casi en soledad, dado el posicionamiento de avalar la impunidad otorgando validez y constitucionalidad a la ley de autoamnistía, adoptada por el peronismo, que representaba a más del 40% de la sociedad.
Cuando Alfonsín crea la CONADEP, se buscó a través de un criterio ético y de justicia la búsqueda de la verdad acerca de los secuestros, asesinatos y desaparición forzada de personas. Se logró reconstruir el modus operandi de la dictadura, y el relevamiento de su infraestructura.
En algún mapa histórico mundial, sobre todo cuando vayan pasando los años, se podrá decir que en algún país remoto y frustrante de la tierra llamado Argentina, se administró justicia.
Llamado a defender la democracia
Yo soy hijo de la democracia, nací cuando Alfonsín era presidente y los represores ya habían recibido justa condena. Hoy, a 50 años del golpe del ´76, me toca ocupar una banca en la Cámara de Diputados. Desde ese lugar siento la obligación de llamar a todos los argentinos a defender la democracia porque, aunque hoy nadie busca soluciones en los cuarteles militares, vemos una enorme crisis de representación que hace que una parte de la sociedad, en todo Occidente, va paulatinamente dejando de valorar la democracia y preste oídos a personajes outsiders que reniegan públicamente del sistema de gobierno más plural y tolerante.
El “Nunca Más” a los crímenes de lesa humanidad es una bandera que todos debemos alzar sin entrar en juegos mezquinos de quienes se quieren apropiar de una verdad histórica y de quienes osan en negarla. Pero el desafío es mucho más grande. Si realmente deseamos repudiar el golpe del 76 estamos obligados a mejorar la democracia que tenemos. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras la democracia se agrieta por no poder proveer aquello que Alfonsín nos decía cuando repetía que “con la democracia se come, se cura y se educa”.