03|7|2022

Donde habla capitán Alberto, no hablan marineros del gabinete

03 de mayo de 2022

03 de mayo de 2022

Fernández le contestó a Larroque y, por carácter transitivo, a Cristina Kirchner. En la Casa Rosada volvió el silencio. Espadas discursivas de la periferia. 

En despachos del albertismo se festejó como un gol. Fue una victoria pírrica pero un desahogo al fin, después de tanto sufrimiento. La respuesta de Alberto Fernández en público -contenido, a diferencia de cómo llegaron a escucharlo en privado- al ministro bonaerense Andrés Larroque es algo que venían reclamando, mientras la bronca se masticaba en silencio. No sólo fue tras la incendiaria entrevista matutina del jefe camporista, vocero lanzallamas de un cristinismo indignado: la réplica presidencial llegó apenitas después del tuit de Cristina Fernández de Kirchner que elevaba a la enésima potencia la interna del Frente de Todos. "No sólo el Gobierno no es tuyo, la gestión es ilegítima", es el mix de ambas sentencias, entrelíneas, al recuperar una anécdota de 2003 que la vicepresidenta recordó este martes casi de la nada.

 

En el fondo, la acusación es la misma: Fernández rompió el contrato electoral de la fórmula Fernández-Fernández de 2019. A esa conclusión arriban incluso en la Casa Rosada, pero para negarla. "No entienden que este mundo no es el mismo que en el que Néstor (Kirchner) gobernó", es el contraargumento habitual de defensa del albertismo. Con los reproches sucios al sol, al final llegó la ansiada respuesta. "Nadie es el dueño del Gobierno, es del pueblo", filosofó el Presidente y el resto del primero se llamó a silencio. No pasó desapercibido que lo hiciera al lado de Eduardo de Pedro y, más aun, que el ministro del Interior estuviera obligado, por escenografía, a aplaudir en ese momento. Fue la comidilla en varios despachos. 

 

Letra P ya había contado que, en medio del cascoteo, la proclama presidencial era no responder los ataques. Bastante se contuvo, cuentan quienes lo escucharon en la intimidad más tarde, el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, cuando fue emboscado en un acto con Larroque y Axel Kicillof. "La noticia hoy es que todos juntos vamos a seguir trabajando para invertir en políticas sociales para los que menos tienen", le dedicó el funcionario albertista luego de que el bonaerense habló, a grandes rasgos, de que la Historia se olvida de los tibios. No es novedad que hay un núcleo cercano a Fernández que le pide, ahora a gritos, su aval para crear el albertismo. Hasta hay borradores de posibles gabinetes sin funcionarios cristinistas. Por ahora, Fernández no avaló la ruptura y todo queda en un mundo de fantasía. 

 

El Zabaleta contenido se replica en otro albertista de paladar duro: Gabriel Katopodis. No pudo con su genio y, también desde La Pampa junto al Presidente, lanzó un dardito para entendidos. "Este es un gobierno que habla por los hechos, que está más preocupado en hacer que en decir", chicaneó el ministro de Obras Públicas, uno de los funcionarios que nunca estuvo en la lista K de los que "no funcionan" pero sí por albertista. "Está guardado hace tiempo", se excusan en su despacho. Suma kilómetros de recorridas pero, es verdad, hace tiempo que no baja línea mediática. 

 

Salvo el canal formal de comunicación de la Casa Rosada, administrado por la portavoz Gabriela Cerrutti, frente a la proclama presidencial de no meterse en el barro, para la escalada interna aparecieron en el bando albertista voceros periféricos; comenzando por el ministro sin cartera, Agustín Rossi, otro que se llamó a silencio en los últimos días. Para el mano a mano frente a Larroque, ganó terreno Luis D'Elía. El expiquetero se reencontró con Fernández a fines de diciembre pasado en la residencia presidencial: sellaron la paz luego de que el mismo D'Elía se quejara en agosto por el Olivosgate. "Fue una cagada la foto en Olivos y una cagada el pedido de disculpas", había dicho. Ahora, acusó al secretario de La Cámpora: "Lo que tiene que hacer Larroque es callarse la boca y laburar”. 

 

Ya dentro de la administración hubo una reciente espada mediática que se desempolvó: la de Fernando Navarro, referente del Movimiento Evita en la Jefatura de Gabinete. Junto a otros movimientos sociales, viene de llenar la Plaza de Mayo el domingo en un #1M que, originalmente, se armó como escenario de respaldo a Fernández en el inicio de la más reciente avanzada cristinista. Paradoja: mutó a un acto con el reclamo a la Casa Rosada por la prometida Agencia de Economía Popular porque la interna se había calmado. Terminó el acto y recrudeció al día siguiente como nunca, con un principio de incendio en el ministro de Economía, Martín Guzmán, que se extendió a sus pares Matías KulfasClaudio Moroni. "Yo también tengo diferencias con Guzmán, pero no descalificaría, no haría lo que hace Larroque”, se metió, diplomático, Navarro. 

 

Otro que desempolvó su postgrado en declaracionismo de guerra verbal fue el otro Fernández (Aníbal). “Son a Alberto los ataques, no al ministro de Economía y se lo he dicho a Martín: 'Quedáte tranquilo que no son para vos'". reveló hoy el ministro de Seguridad. 

 

Otra vez la misma lógica: son más belicosos los voceros de la periferia presidencial. La respuesta de Fernández de este martes, al menos, parece haber oficiado de ordenador de la defensa oficial porque donde habla capitán, no hablan marineros. El albertismo se resguardó... a celebrar con moderación, al menos hasta el viernes. Ya está temiendo lo que pueda llegar a decir Cristina Kirchner en su visita al Chaco del presidenciable Jorge Capitanich