06|9|2021

Castillo, el nuevo y frágil aliado peruano de Fernández

28 de julio de 2021

28 de julio de 2021

La región tiene un flamante inquilino. ¿Hacia dónde irá? Primeras definiciones internas y externas de una difícil e impredecible presidencia.

En el bicentenario de la independencia nacional, el maestro rural del partido Perú Libre, Pedro Castillo, asumió como nuevo presidente del país andino y reconfiguró el escenario regional. Con un discurso con fuertes símbolos progresistas en el que reafirmó su promesa de redactar una nueva Constitución porque la actual “solo beneficia a las grandes corporaciones” y ante la mirada de distintos líderes internacionales, entre ellos Alberto Fernández, el líder sindical dio sus primeros pasos en un escenario nacional minado de crisis que lo obligarán a desarrollar un productivo y sutil trabajo que ya inició.

 

“Nos toca gobernar en un momento de enorme gravedad”, dijo el flamante mandatario que destacó que su gobierno “ha llegado para gobernar por el pueblo y para el pueblo”. Para eso deberá sortear la crisis generada por la pandemia, que ha convertido a Perú en el país con la tasa de mortalidad más alta del mundo y que generó un aumento de la pobreza de 10 puntos en 2020, y la crisis política nacional que llevó al país a tener cuatro presidentes y dos congresos en los últimos cinco años. A este combo explosivo se le suman los retos del propio Castillo, que ganó el ballotage por apenas 44 mil votos y que llega deslegitimado luego de las injustificadas denuncias de su rival, Keiko Fujimori, que a pesar de no haber presentado pruebas logró caldear a un sector de la sociedad.

 

En diálogo con Letra P, la politóloga de la Pontificia Universidad Católica de Perú Verónica Ayala Richter aseguró que su presidencia tendrá dos grandes desafíos. El primero será el de “la gobernabilidad” ya que, hasta el momento, “no ha logrado tejer alianzas fuertes en el Congreso como para garantizar una presidencia sólida, por lo menos, durante su primer año”. El unicameral Poder Legislativo tiene el poder de destituir a un presidente con el voto afirmativo de 87 bancas por el amplio y poco detallado delito de “incapacidad moral”. Por lo cual Castillo estará obligado a negociar si desea evitar ser vacado, como ocurrió con Pedro Pablo Kuczynski en 2018 y Martín Vizcarra en 2020. La nueva mesa directiva del Congreso evidenció su debilidad, ya que no logró colocar a figuras afines y quedó en manos de María del Carmen Alva Prieto, del centroderechista partido Acción Popular.

 

La segunda dificultad, afirmó, serán “los problemas internos de Perú Libre personificados entre el líder del partido, Vladimir Cerrón, y el propio Castillo”. El primero de ellos, que intentó ser el candidato presidencial pero no pudo por causas de corrupción que pesan en su contra, se declara abiertamente como marxista-leninista y busca un gobierno que realice transformaciones profundas, como la estatización de la minería y la redacción de una nueva Constitución a través de un proceso constituyente. En cambio, Castillo intenta mostrarse como una figura más moderada y centrista, a la vez que se aleja de Cerrón, quien, afirma, no será parte de su gobierno. “Este es un reto porque Castillo va a tener que balancear esta moderación para darle tranquilidad a los sectores que tienen suspicacias, pero sin traicionar a los que consideran que debe haber un cambio profundo”, analizó la politóloga y agregó: “Tendrá que hilar muy fino”.

 

Durante su primer discurso, Castillo ya brindó algunas señales sobre estos puntos. Reiteró sus promesas de modificar el modelo económico, político y social heredado de la dictadura de Alberto Fujimori en 1992 y destacó que “la población pide cambios y no está dispuesta a renunciar a ellos”. De todas maneras, aclaró que no pretende “estatizar ninguna política ni realizar ningún control de cambios” y que buscará que la economía “mantenga orden y predictibilidad”. “Insistiremos con la Asamblea Constituyente, pero siempre en el marco de la ley y con los instrumentos legales que la vigente constitución proporciona”, aseguró en la antesala de lo que será un difícil juego de cambios y consensos nacionales e históricos.

 

Estas disputas que deberá sortear, tanto en el interior de su partido como con el resto del arco político, repercutirán en su política exterior. Por ejemplo, el plan de gobierno original de Perú Libre asegura que “los neoliberales son enemigos de la integración regional de los pueblos” y pregona por “luchar contra la hegemonía cultural impuesta”, a la vez que alaba la ola de gobiernos progresistas, entre ellos los que lideró el matrimonio Kirchner. En este punto se unen las dos dificultades que enfrentará Castillo: ¿Cómo definirá su política exterior entre aquellos sectores que exigen medidas de fondo y aquellos que lo ven como una amenaza comunista? Con el lápiz característico de su campaña deberá trazar una difícil política de consensos con sectores tradicionales, moderados e izquierdistas al mismo tiempo, una tarea que no será fácil.

 

“Castillo se inclina hacia las corrientes de izquierda, pero dijo que no pretendía establecer un modelo externo”, afirmó Ayala Richter en diálogo con este medio y destacó que “hay que tener en cuenta la manera en cómo está planteada la composición de poder peruana”. En este sentido, ejemplificó: “A diferencia de otros presidentes de izquierda, no llega con un apoyo total y masivo de la población, tampoco tiene una élite mayoritaria que lo apoye, la oposición es muy fuerte y las instituciones que tienen el monopolio de la fuerza tampoco lo apoyan”. Castillo caminará por un pasillo minado, tironeado desde la derecha por políticas afines al establishment y desde la izquierda por los cambios prometidos sin un masivo apoyo social. A partir de ese recorrido, empezará a caminar su política nacional e internacional.

 

Ante la llegada de un nuevo vecino cercano al progresismo, Fernández viajó a Lima para presenciar su jura y empezar a tejer la relación bilateral. De todas maneras, el gobierno argentino, América Latina y el propio Perú aún esperan los primeros pasos del nuevo presidente para conocer hacia dónde caminará. Todavía es un recorrido desconocido.