CRIPTODINERO

El Salvador adopta el bitcóin como moneda: ¿revolución o fraude gigantesco?

Es el primer país del mundo en dar ese paso. Argentina y el precedente. El Banco Mundial rechaza y el FMI duda. Quiénes se frotan las manos. La "ley de Tu Sam".

"Conocido como el ‘Oráculo de Omaha’, Warren Buffett es uno de los inversores más exitosos de todos los tiempos", dijo Forbes sobre quien ubica en el sexto lugar de su ránking global de multimillonarios, con una fortuna personal de 96 mil millones de dólares. Gran conocedor de los secretos del dinero, pero tal vez algo chapado a la antigua, el hombre no se enrola en la moda de las criptomonedas, cuyo emblema es el bitcóin, al que ha denostado innumerables veces como "veneno para ratas al cuadrado" que, aunque no produce ningún valor, tiene el sospechoso atractivo de que nadie lo entiende. Sin embargo, ¿cómo contrarrestar las opiniones positivas de quienes han hecho muchísimo dinero con la disparada de su cotización a través de los años, sobre todo cuando un país, El Salvador, está por dar el paso sin precedentes de encumbrarlo como medio de pago y moneda de curso legal?

 

Así lo anunció este mes el presidente de ese país, Nayib Bukele, quien pretende consumar la reforma en septiembre. Para entonces, el bitcóin ya debería circular –virtualmente– junto al dólar como divisa oficial. Su idea es que la criptomoneda le dará al país una mayor liquidez dado el cepo que supuso el reemplazo de la divisa local por el dólar en 2001, lo que hace de El Salvador un país vulnerable a shocks externos, que no puede controlar la cantidad de dinero que circula en su mercado y que queda expuesto a la "importación" de la inflación de los Estados Unidos, que toca hoy niveles considerables debido a la megaemisión destinada a contrarrestar los efectos recesivos del "Gran Confinamiento".

 

Ahora bien, ¿qué es una criptomoneda, especie de la que el bitcóin es su ejemplar más antiguo –nació en 2009– y mejor establecido?

 

Básicamente, es una divisa digital que circula de modo virtual –no físico–, que no cuenta con ninguna regulación o control por parte de ningún Estado o banco central. Sus compras y ventas quedan documentadas en registros contables globales encriptados para evitar falsificaciones, duplicaciones o fraudes –blockchain– y su emisión solo es posible en base a la llamada "minería", esto es, el "trabajo" de resolver los problemas matemáticos necesarios para validar y registrar dichas operaciones, lo que se logra con potentes computadoras. Su precio surge del juego libre de oferta y demanda en el mercado.

 

Su diseño resulta atractivo en una época de fetichismo tecnológico y en la que desconfiar de las regulaciones estatales –y de los propios estados– es tendencia entre financistas y simpatizantes de ideologías antigobierno como la paleoliberal y otras ultraderechas.

 

Sin embargo, los problemas con el criptodinero son varios. Para empezar, como dice Buffett, no responden a la definición clásica de moneda como expresión de valor. Hay para quienes son simplemente "humo" y el brutal aumento de su cotización, una burbuja que más temprano que tarde estallará y dejará un tendal de arruinados.

 

Eso, avisan los críticos, ya se atisba en la impactante volatilidad de la cotización del bitcóin: en apenas un año –hasta el último domingo–, casi se cuadruplicó, pero está hoy 45% por debajo de su pico histórico de abril. Ese desplome tuvo una expresión puntual el lunes 21 de junio, cuando la decisión de China de cortar la electricidad a 26 granjas de minería que funcionaban en la provincia sudoriental de Sichuan se tradujo en una pérdida de valor del 10% en un instante. Hasta entonces, ese país daba cuenta de casi dos tercios de la minería de todo el mundo.

 

Fuente: Morningstar y Coinbase.

¿Qué clase de mercado es uno que –argumentan– se dispara si el ceo de Tesla, Elon Musk, sugiere un día que va a permitir la compra de sus autos eléctricos con bitcóins y meses después desencadena el efecto contrario al negarlo y cuestionar el impacto ambiental de la minería?

 

De acuerdo con una encuesta realizada por Bank of America entre 224 administradores de inversión de varios países a principios de mes, el 81% considera que el auge del bitcóin es una burbuja.

 

Para quienes rechazan las criptos, su carácter no regulado y opaco no es virtud sino vicio, uno que permitiría que devengara en megaestafa y que, en el camino, sirviera como vehículo para operaciones de lavado de dinero. Añaden, incluso, el carácter perjudicial de la minería para el medioambiente, que, según un trabajo de la Universidad de Cambridge, insumiría este año 0,6% del total de la electricidad consumida en todo el mundo, más que la de un país de ingresos medios como la Argentina.

 

La posibilidad de que las criptomonedas sean vehículos de lavado, las preocupaciones ambientales y el carácter opaco de su operatoria –no entendida en realidad por casi ningún inversor u operador– explican el veto de China y la reciente decisión de la autoridad regulatoria del Reino Unido de prohibir la actividad de Binance, la mayor entidad cambiaria de criptomonedas del mundo.

 

Así las cosas, el experimento de Bukele genera preocupación en buena parte del establishment financiero internacional. El Banco Mundial (BM) se negó a darle apoyo técnico a su innovación y el Fondo Monetario Internacional (FMI) expresó públicamente sus reparos, exacerbados por el efecto negativo que aquel podría tener para la estabilidad de un país que ha requerido financiamiento del organismo por mil millones de dólares. Así, solo el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) aceptó cooperar en los trabajos técnicos para la adopción del bitcóin como segunda moneda del país.

 

Nayib Bukele, presidente de El Salvador.

Las sospechas son muchas. Por caso, ¿quién se quedaría con la parte del león –los dólares contantes y sonantes– de los intercambios internacionales de bitcóins que tengan terminal en El Salvador? No hay que olvidar que las remesas enviadas desde Estados Unidos por exiliados salvadoreños dieron cuenta el año pasado de alrededor de un cuarto del producto bruto interno (PBI) del país, unos seis mil millones de dólares.

 

Una vez más, el problema es la volatilidad. ¿Quién asumiría la pérdida de un pago realizado en la cripto si su cotización en dólares se modificara velozmente, como suele ocurrir? Como diría Tu Sam, "puede fallar".

 

Según las autoridades de San Salvador, el gobierno se hará cargo de modo inmediato de esas conversiones, para lo que establecerá una reserva de 150 millones de dólares y apelará a la compañía especializada Strike. Para ejecutar las operaciones, esa empresa usa tether, una "criptomoneda en las sombras" a menudo sospechada de no contar con los respaldos necesarios en dólares, cuya cotización debería reflejar al instante.

 

De acuerdo con la operatoria proyectada, la circulación virtual de tethers dejaría en manos de intermediarios los bitcóins involucrados en las transacciones comerciales –incluso las más pequeñas– y, con ello, los dólares reales que generaría.

 

En el caso de las remesas de salvadoreños que viven en el exterior, sobre todo en Estados Unidos, Strike podría quedarse con dólares mientras que depositaría tethers en las billeteras virtuales de los receptores en el país centroamericano. Cabe destacar que, por el momento, hay apenas un puñado de cajeros electrónicos que intercambian monedas virtuales por dólares en El Salvador y que prácticamente nada se ha dicho respecto de la generación de una red de ese tipo.

 

Podría pensarse que se habla de una tendencia muy lejana para un país como la Argentina. Sin embargo, las inversiones de residentes locales en cuasimonedas están en auge, una tendencia que resulta más atractiva en la medida en que el cepo cambiario limita el acceso legal a dólares. Así, para muchos es tentador pasar de pesos a bitcóins y, con estos, a dólares en el exterior.

 

Mientras la rueda no deje de girar…

 

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