02|1|2022

Mujeres y sindicatos: el movimiento obrero alambrado

22 de junio de 2021

22 de junio de 2021

Las organizaciones gremiales están en el escalón más bajo en términos de paridad en la conducción. Las trabajadoras son muchas en la base y pocas en la cima.

“Reunión con sindicalistas sub 55 de diferentes sectores. Charlamos sobre la importancia de hacerles frente a las demandas actuales de los trabajadores en base a 3 objetivos: Futuro del trabajo, democracia sindical, perspectiva de género en los sindicatos”, tuiteó el 15 de junio Facundo Moyano, diputado y exsecretario general del Sindicato Único de Trabajadores de los Peajes y Afines (SUTPA), y acompañó con una foto de una larga mesa con 17 comensales, todos varones. La respuesta vino de la secretaria de Legal y Técnica de la Presidencia, Vilma Ibarra. “No se puede discutir futuro del trabajo, ni democratización sindical, ni perspectiva de género en los sindicatos, sin nosotras. Las mujeres somos parte de la fuerza laboral, de la creación de riqueza y de la producción”, advirtió y cerró con el hashtag #EsConNosotras. Moyano Jr. le respondió en tono paternalista y sin ningún interés en reconocer el error. Este intercambio no se reduce a un cruce sobre una foto, sino que pone de manifiesto la cuestión, más profunda, de la naturalización, para algunos dirigentes, de que las mujeres estén excluidas de la discusión política. En este caso, además, se agrega la inquietud sobre cuál habrá sido la conversación sobre perspectiva de género entre 17 varones. Que fuera una reunión de sindicalistas tampoco pasa desapercibido.
 

No es la primera vez que la plana mayor de la conducción sindical protagoniza una foto sin mujeres. En mayo de 2020, el presidente Alberto Fernández se reunió con representantes sindicales y empresarios, 100 por ciento hombres, y la foto fue criticada por feministas dentro y fuera del Gobierno.

 

A partir de esa conversación pública, se decidió que no habría más fotos sin mujeres. Un año después, la CGT volvió a Olivos: esta vez se incorporaron mujeres, sí, pero sólo del Ejecutivo: la ministra de Salud, Carla Vizzotti; la asesora presidencial Cecilia Nicolini y la subsecretaria de Políticas de Inclusión Laboral en el Mundo del Trabajo, Pamela Ares.

 

 

Y de cupo cómo andamos

Los avances en términos de acciones afirmativas para mujeres y diversidad se ven en el Congreso, en algunos espacios del Poder Ejecutivo y, aun con la incipiente discusión sobre las necesarias reformas, en el Poder Judicial están bastante lejos de la omisión de la dirigencia sindical.

 

En 2010, el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) elaboró, en el informe Sexo y Poder, ¿Quién manda en la Argentina?, un índice de participación de mujeres (IPM) que pudiera ser replicado en el tiempo. Para su construcción, se computaron exclusivamente los puestos de la más alta jerarquía para cuatro áreas: política, economía, sindicatos y sociedad civil. Diez años después, la actualización de ese informe muestra que la presencia de mujeres en el sector sindical aumentó en la última década, pero no en los puestos de alta jerarquía, en los que la participación es del 3,2%, casi dos puntos menos que en 2010.

 

“Hoy, sólo el 18% de las conducciones nacionales está ocupado por mujeres y, de ese 18%, casi el 80% ocupa secretarías feminizadas, como secretaría de la mujer o cuestiones relacionadas con los cuidados (áreas de igualdad, género o servicios sociales)”, sostiene la diputada del Frente de Todos Patricia Mounier, secretaria de Derechos Humanos del Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP) y secretaria adjunta de la seccional Santa Fe del mismo sindicato.

 

El cosecretario general de la CGT Héctor Daer habló sobre la falta de mujeres en la conducción esta semana en Radio Nacional: "Es una asignatura pendiente que tiene el movimiento obrero a nivel CGT. Esta nueva conducción tiene que generar el cambio estatutario para que la representación de la mujer sea equivalente a la de los hombres en el seno del consejo directivo".

 

Mounier le responde a Daer en Letra P: “Si la participación de las mujeres en los sindicatos y en las centrales obreras depende de modificaciones estatutarias que decidirán los varones es poco probable que la participación en la toma de decisiones gremiales por parte de las mujeres sea realmente efectiva”. Y agrega: “Los varones siguen decidiendo por nosotras. Ellos deciden cuándo ingresamos a un gremio, qué cargo ocupamos, cuándo ascendemos, hasta dónde llegamos. No ha habido una exigencia real para el cumplimiento del cupo, por lo tanto. Si no hay sanciones ni imposición de la obligación del cumplimiento, siguen ellos monopolizando las conducciones”.

 

La secretaria adjunta de SADOP se refiere a la ley 25.674, sancionada en noviembre de 2002, que establece la representación femenina en cargos electivos y representativos de las asociaciones sindicales en un mínimo del 30 por ciento cuando el número de mujeres alcance o supere ese porcentual sobre el total de los trabajadores, una normativa que nunca se cumplió. De hecho, en la historia argentina y latinoamericana, sólo una mujer llegó a la cúpula de la CGT: Susana Rueda, cuando compartió triunvirato con Hugo Moyano y José Luis Lingieri, entre 2004 y 2005. Rueda –hoy Susana Stochero, sin su apellido de casada- terminó su mandato en la CGT como parte de una renuncia colectiva, aunque la señalaban a ella como responsable de romper la unidad. La experiencia en la gestión de la central obrera resultó tan apabullante que resolvió volver a su territorio, a su sindicato y a la militancia provincial en Santa Fe.

 

Como muchas otras dirigentes sindicales, Mounier cree que el cupo ya no alcanza y va por la paridad, que es, asegura, “la verdadera equidad y la verdadera inclusión”. Hay diversos proyectos en este sentido en las dos cámaras del Congreso, aunque ninguna tiene tratamiento en el recinto. “También somos protagonistas de la historia y trabajadoras activas de los sindicatos. Sabemos que la lucha de fondo está lejos de ser alcanzada y necesitamos visibilizar esas desigualdades, hacer un llamado de atención a quienes siguen reproduciendo lógicas y estructuras patriarcales para poder ir hacia una real transformación dentro de nuestros sindicatos”, dice. En plena pandemia de coronavirus, con las mujeres trabajadoras en la primera línea de batalla, el reclamo por estar en las fotos es el reclamo por la visibilidad de la fuerza productiva que hoy es responsable de mover el mundo.