18|5|2021

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“Me gustaría que la reforma judicial feminista fuera una decisión política”

04 de mayo de 2021

04 de mayo de 2021

Se la mencionó como la opción más cristinista para reemplazar a Marcela Losardo en el Ministerio de Justicia. Le pide a Soria más hechos que gestos.

Marisa Herrera es abogada y feminista. En ese orden o en el inverso. Tiene un currículum de 354 páginas y su nombre sonó para reemplazar a Marcela Losardo al frente del Ministerio de Justicia. Fue candidata por la Argentina para integrar el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) de la ONU, es integrante de la comisión de especialistas creada para analizar la reforma judicial y en 2017 fue candidata suplente a diputada en la lista de Unidad Ciudadana, el sello creado por Crisitna Fernández de Kirchner después de su salida de la Casa Rosada. Participó en la redacción del nuevo Código Civil y dio pelea por las leyes de Matrimonio Igualitario, Identidad de Género y, por supuesto, Interrupción Voluntaria del Embarazo. En su biografía de Twitter también aclara que es “del Ciclón”. En esta entrevista, habla sobre la necesidad de una reforma judicial feminista, espera más hechos que gestos de Martín Soria y define al Poder Judicial como “patriarcal, verticalista, clasista”.

 

-¿Cuál es su opinión sobre el reciente fallo de la justicia civil de San Juan que ordenó suspender la realización de una Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) al hacer lugar a una medida cautelar presentada por un hombre para impedir que su expareja se practicara el aborto?

 

-Analicemos el contexto: primero, se trata de la provincia de San Juan, cuyo comportamiento en el tema IVE es conocido. Segundo, cuando se planteó la cautelar, la jueza de familia se declaró incompetente, cuando en realidad es la más competente: es la que más cercano tiene por el tema de los derechos de la mujer en su autonomía. Y la cautelar que hace lugar sólo se agarra de temas formales: no acreditó en realidad que esté embarazada de él, no acreditó que los chats sean de ellos, pero nunca fue al grueso, porque hubiese sido un rechazo fuerte, te estás posicionando. Y después la Cámara, en la que tres hombres revocan esa cautelar. Acá hay una confusión. Son tres jueces que directamente niegan lo que la ley dice, o sea, niegan su herramienta de trabajo. Hay algo tan impune, que se dan el lujo de no aplicar una ley que incluso no decretan inconstitucional, porque el fallo no lo dice. Estos son casos claros para hacerle un juicio, un jury a los tres. Esta es la mejor síntesis de la idea de que los jueces y juezas dictan sentencias con la Biblia debajo del brazo y no con el derecho.

 

-Esto nos lleva a la cuestión de la falta de perspectiva de género en la Justicia, que hoy está en agenda.

 

-¿Está realmente en la agenda pública? Una cosa es que esté en la agenda del momento feminista o que se haya instalado en el último 8M con mayor fuerza. No sé si está en la agenda pública en términos de agenda de gobierno. Esa es mi duda. Y no me preocupa eso, porque el movimiento feminista siempre estuvo a la vanguardia, animándose a poner temas en agenda. Lo que sí quisiera es que realmente tuviera una caja de resonancia con el Gobierno. Me gustaría que ir hacia una reforma judicial feminista realmente fuera una decisión política.

 

-Hay algunas feministas dentro y fuera del Gobierno que ven con buenos ojos los gestos del nuevo ministro de Justicia, Martín Soria. ¿Usted qué piensa?

 

-Es difícil evaluarlo a un mes y pico de gestión. Que el primer acto de gobierno haya sido en el marco de una jornada donde se debatían estos temas está bien, es un lindo guiño, pero hasta ahora no vi decisiones políticas de una agenda profunda sobre una reforma judicial feminista. Sigue siendo la agenda tradicional. Yo quisiera saber, ahora que se están eligiendo dos lugares en el Superior Tribunal de Justicia de Río Negro y siendo el ministro de Justicia alguien que viene de Río Negro y conoce mucho la provincia, si realmente apoya la idea de que haya más mujeres en ese tribunal, qué piensa al respecto. Nos merecemos más hechos que gestos.

 

 

-Usted fue mencionada como posible reemplazo de Losardo, pero al final quedó un varón. ¿Cómo lo vivió?

 

-El hecho de que haya sonado como posible ministra una abogada feminista no es poca cosa. También es un reconocimiento al movimiento feminista. Lo cierto es que terminó ganando la lógica tradicional, algo así como “contra los poderosos, solamente podemos ir los hombres”. Es cierto que a lo mejor no soy el perfil, porque vengo de un sector mucho más técnico y académico, pero, en definitiva, es lo que nos está pasando en general en todos los lugares. Hay un gobierno de una clara sensibilidad en clave de géneros, pero a la hora de tomar las decisiones o a la hora de la mesa chica son la gran mayoría hombres. Las imágenes que seguimos viendo a la hora de tomar decisiones y la rosca política siguen siendo hombres. Estas cosas nos muestran las dificultades que tenemos y el largo camino que todavía nos queda por recorrer.

 

-Un ejemplo es el reproche público del procurador interino, Eduardo Casal, a las fiscalas que se reunieron con Soria hace unos días.

 

-Eso fue algo tan burdo… y muestra el grado de impunidad de la Justicia. Retás a las fiscalas y no a (el fiscal Raúl) Pleé, que fue a la Rosada en la época de (Mauricio) Macri. O (el fiscal Carlos) Rívolo, que se reunió con el propio Soria. Le molestaron las fiscalas. Lo mismo pasó con (el juez de Casación Juan Carlos) Gemignani. Es todo impunemente obsceno. Eso muestra que no solamente el movimiento feminista sabe que ahí está una de las grandes batallas.

 

-¿De qué se trata una reforma judicial feminista?

 

-Hablar de la reforma judicial feminista es ir a capas muy diversas. Implica que haya más mujeres feministas en la Justicia, pero no se reduce a eso. Implica que, a la hora de seleccionar candidatas y candidatos, la cuestión de género atraviese el concurso, en todas sus dimensiones: qué pregunto, cómo lo pregunto, qué valoro de lo que me responden, sino incluir, por ejemplo, las políticas de cuidado. Si yo hice una carrera en siete años y un varón en cuatro, él no debería tener más puntaje, porque lo que pasó es que yo tuve dos hijos en el medio. No es nada más la lectura de los currículums, también hay otras cosas como la cuestión de las licencias o, por ejemplo, la Oficina de la Mujer de la Corte, que todos los años actualiza los datos de la cantidad de mujeres en la Justicia. Pero, ¿qué se hace con los datos estadísticos? Porque, si esos datos no te interpelan para modificar, no sirven. Un año nos darán 31 a 69%, al siguiente 32 a 68… Con eso no hacemos nada. Es todo eso y mucho más.

 

-¿El tribunal federal de sentencias arbitrarias propuesto por el Consejo Consultivo convocado por el Gobierno forma parte de esta idea de reforma judicial feminista?

 

-Así como el Poder Judicial es patriarcal, verticalista, clasista, es absolutamente rígido, y el movimiento y la construcción feministas son justo lo opuesto. Tienen que ver con la horizontalidad, con la oxigenación, con la sororidad. Desde el Consejo Consultivo pensamos en la creación del Tribunal de Sentencias Arbitrarias, bien distinto del funcionamiento de la Corte, que tenga seis meses para dictar sentencia, donde no haya que pagar cien mil pesos para acceder a la Justicia, que tenga paridad de género, que no funcione en la Ciudad de Buenos Aires sino un año en cada una de las capitales alternas, que haya más audiencias públicas.

 

-¿Y ve viable una reforma judicial profunda?

 

-Mi obligación como investigadora y como feminista es poner estos temas sobre el escenario. No quiero ser cómplice de que no estén en la agenda pública. A lo mejor hoy son propuestas que se empiezan a debatir y dentro de un año o dos, lo logramos.