14|10|2021

Chile: la fuerza de la calle golpeó en las urnas a la política tradicional

17 de mayo de 2021

17 de mayo de 2021

Aluvión de la izquierda y los independientes, que suman más de la mitad de los constituyentes. Derrota para los bloques que condujeron la democracia desde 1989.

El gobierno de Sebastián Piñera sufrió este fin de semana una dura derrota en Chile ante la victoria de la izquierda y la sorpresa de las listas independientes en los comicios más grandes de la historia nacional y los más importantes desde la recuperación democrática de 1990. A más de un año del estallido social que cambió al país, las masivas protestas de 2019 se expresaron por la vía electoral y dejaron mal parados a los bloques tradicionales que orientaron la política desde la recuperación de la democracia en el país trasandino. La coalición oficialista y la de centroizquierda identificada con la exConcertación alcanzaron, sumadas, unos 62 escaños contra las 82 bancas obtenidas por las diversas expresiones de la izquierda. Tal es el escenario que se presenta a la espera de las definiciones finales en la conformación de la Convención Constituyente, el ente encargado de redactar una nueva Constitución para abandonar la heredada de la dictadura de Augusto Pinochet.

 

Según los números oficiales, con el 99% de los votos escrutados, la alianza oficialista de centroderecha, Vamos por Chile, obtuvo el 20,59% de los votos y alcanzaba, según estimaciones, las 37 bancas, lejos de su meta de 52 asientos para obtener un tercio de los 155 curules que tendrá la Convención. En segundo lugar aparece Apruebo Dignidad, una de las ganadoras de la jornada, conformada principalmente por la unión del Partido Comunista y el Frente Amplio, con el 18,73% y 28 asientos. El tercer puesto fue para la Lista del Apruebo, representante de la exConcertación, con el 14,47% y 25 constituyentes. Por su parte, las fuerzas independientes, distribuidas en decenas de distintas listas, se convirtieron en la gran sorpresa del fin de semana y trepaban hasta las 30 bancas. La Lista del Pueblo, también independiente y referencia en la izquierda, acumuló 24 bancas. 

 

En la previa de las jornadas -se votó sábado y domingo por protocolo sanitario- dos estadísticas se configuraron como las más importantes de los resultados. Por un lado, el de la participación al tener en cuenta que el voto es optativo y que Chile reporta una histórica baja afluencia. Apenas el 41% del electorado ejerció su derecho al voto, un número bajo para las expectativas. Por el otro, el de la distribución de los escaños alrededor de los dos tercios necesarios y obligatorios para aprobar todas las futuras disposiciones en la nueva constitución. Ante esto, las fuerzas de derecha se centraron en ocupar un tercio de las bancas, es decir, 52 asientos para obtener el derecho al veto y poder bloquear los cambios más ambiciosos. Fue por esto que el gobierno de Piñera formó una alianza con el Partido Republicano, liderado por el ultraderechista José Antonio Kast. De todas maneras, la cuestionada alianza con la fuerza pinochetista no dio resultados y se convirtió en la principal derrotada ante el fuerte rechazo que reporta el oficialismo y perdió la capacidad de veto en las venideras discusiones. El coalición oficialista lleva el nombre de Chile Vamos y durante la noche del domingo comenzaron a circular, a modo de burla, versiones de su logo con el slogan: “Chile fuimos”.

 

Por su parte, una de las principales ganadoras de la noche fue la Lista Apruebo Dignidad, conformada por las nuevas fuerzas de izquierda, entre ellas el Partido Comunista, el Frente Amplio y Convergencia Social, que alcanzaría los 28 asientos. De esta manera no solo se establece como la tercera fuerza política de la Convención; sino, además, supera a los partidos de la exConcertación, que lideró la transición democrática de fines de los 90 y principios de los 2000. Así, se configura como la principal fuerza de izquierda nacional de cara a las elecciones presidenciales de noviembre con nuevos rostros, renovadas demandas y fuertes ambiciones.

 

La sorpresa del fin de semana fueron las más de 70 listas independientes, que, como bloque unificado, lograron establecerse como la segunda fuerza de la Convención con 30 asientos. Fueron la gran sorpresa de la noche y lo seguirán siendo hasta el inicio de los debates y las votaciones constitucionales porque representan a distintos sectores sin un liderazgo claro ni unificado, por lo que sus demandas políticas serán variopintas e, incluso, contrapuestas entre sí. Lo que deja en evidencia este fuerte resultado es el rechazo que reporta la clase política tradicional, que comenzó a manifestarse en las protestas de 2019 -que tampoco reportaron un liderazgo claro- y que este fin de semana se manifestó a través de dos formas: las nuevas izquierdas y las listas independientes.

 

En este sentido, fue contundente el propio Piñera en su discurso: “La ciudadanía nos ha enviado un claro y fuerte mensaje al gobierno y a las fuerzas políticas tradicionales: no estamos sintonizando con las demandas y anhelos de la ciudanía y estamos siendo interpelados por nuevas expresiones y nuevos liderazgos", aseguró rodeado de su gabinete. Si las protestas de 2019 expresaron el primer gran rechazo a la política tradicional nacional, este fin de semana fue la confirmación de que el deseo de renovación política no fue pasajero y que sigue vigente bajo las renovadas nuevas banderas de la juventud, la defensa del ambiente, las diversidades sexuales y el movimiento feminista, entre otros sectores.  

 

Con un nuevo paso dado en la edificación del futuro Chile, los próximos pasos del proceso constituyente serán burocráticos. El Tribunal Calificador de Elecciones tendrá un período de 30 días para calificar los resultados para luego notificar de los mismos al presidente Piñera, que tendrá 15 jornadas más para convocar a la sesión de instalación de la Convención. La misma funcionará durante un período de nueve meses, con una única prórroga de otros tres con paridad de género y 17 asientos asegurados para los pueblos originarios, en dos edificios históricos en Santiago: el ex Congreso y el Palacio Pereira. De esta manera, se espera que la nueva Constitución se empiece a debatir hacia la primera semana de julio para ser sometida, una vez que esté escrita, a un plebiscito con voto obligatorio.

 

Del estatus vigente en Chile hoy, la nueva Constitución únicamente deberá respetar su carácter de República, su régimen democrático, los fallos judiciales y los tratados internacionales. Todo el resto entrará en debate y discusión con nuevas demandas, nuevas representaciones y una nueva promesa: abandonar para siempre los cimientos ilegítimos del viejo Chile heredero de Pinochet.