12|4|2021

El escándalo por las vacunas rememoró viejas prácticas indebidas tendientes a saltarse los límites jerárquicos. Pero Fernández tuvo una reacción rápida. 

Tras el escándalo por la vacunación VIP, que derivó en la renuncia del exministro de Salud Ginés González García, la actual ministra de Salud, Carla Vizzotti, anunció la creación de un sistema de monitores que den cuenta de una trazabilidad para lograr fortalecer la transparencia del sistema vacunatorio.

 

Dicha compleja labor se encontrará bajo la dirección de una comisión específica integrada por referentes en inmunización, bioética, salud y derechos, fijándose las pautas que determinarán cuál es el efectivo personal estratégico del Estado que es pasible de acceder a la vacunación con la previa constatación del Ministerio, indagación que se encontrará disponible por medio de una solicitud de acceso informacional a la que los citados usuarios lograrían acceder.  

 

Vacunatorio VIP fue el nombre brindado por los medios de prensa a la práctica del favoritismo o amiguismo que fuertemente saltó a la luz, brindado hacia aquellos que recibieron la vacunación anteponiéndose a quienes deberían haberlo hecho con antelación, dejando a un lado tanto al rango etario u ocupación. Se trató, sin más, de eventos de público conocimiento que han quedado más que evidenciados y que desnudaron una realidad social, un flagelo que se impone en todos los órdenes del sistema y que, con suma habitualidad, tienden a caracterizar los patrones históricamente validados por los partidos de tendencia neoliberal. 

 

Sabido es que el capital de credibilidad del Frente de Todos ha sido el resultante de años de políticas igualitarias, forjando así una ideología de relevancia y renombre que caracterizaría a un modelo por más de quince años en el poder. Así, dicho valor intangible debe trascender de todo nombre, con independencia de su importancia en materia política, anteponiendo sus preceptos en toda instancia. 

 

La velocidad de acción del presidente Alberto Fernández en su intento exitoso de obtener soluciones inmediatas para el bien de todos y no hacer alarde de estas prácticas da cuenta con solvencia de sus bondades y reflejos políticos, en vistas a que se dio lugar a una bomba de tiempo que amenazaría naturalmente su credibilidad electoral conquistada tras años de políticas públicas inclusivas y que, ya mirando a las elecciones legislativas, también atentarían contra las finalidades políticas. 

 

La sociedad argentina en su entera amplitud es víctima de años de prácticas de tendencias contrarias a lo moral, sucesos que la han fomentado el desinterés ante todo aquello que lleve en su haber la palabra política. Ello es el resultado directo de propuestas indebidas que el neoliberalismo ha ido materializando exitosamente, minando la fe y el interés en éste. 

 

Consecuentemente, hay que gobernar bien para respetar el interés del pueblo y no alejarlo de algo que es común a todos. Este suceso fomentó un espanto, una sensación de incomodidad, rememorando viejas prácticas indebidas tendientes a saltarse los límites jerárquicos, los acomodos y privilegios tan característicos de años de políticas aristocráticas y antidemocráticas, los cuales ante tanta inclusividad social habían sido dejados al olvido, desnudando naturalmente que algo no anda y que no va más.

 

Independientemente de las moralidades, el frente popular, el cual afirma en sus ideologías un profundísimo rechazo de las prácticas neoliberales, cuenta con el poder y la oportunidad de redireccionar sus propias prácticas, ya sea a nivel estructural como así dirigencial. Surge así la relevancia de la deconstrucción como principal bastión en un contexto ya de por sí muy dispar a nivel internacional, tendiendo a mantener los valores de la democracia que, como es sabido, lejos de constituir apenas un proceder que se materializa en la elección de representantes periódicamente se constituye en una forma de vida organizada por la justicia social, la inclusión y la igualdad como principales elementos que tanto han caracterizado al modelo que por años reinventó la República.