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La dirigente del sindicato de judiciales cree que al proyecto de reforma judicial del Gobierno le falta transversalidad en la perspectiva de género.

Por 11/08/2020 12:54

Carolina Lospennato nació en una familia con sello peronista. Su mamá es uruguaya, su papá es el primer hijo argentino de una familia de inmigrantes italianos y ella es sindicalista: es secretaria de Relaciones Institucionales e integrante de la Mesa de Mujeres de la Unión de Empleados de Justicia de la Nación, el gremio que conduce el histórico Julio Piumato. También es hermana de la diputada del PRO Silvia Lospennato, con la que desacuerdan en muchos temas, por ejemplo, en la mirada sobre la Justicia, pero coinciden en uno, fundamental: ambas son activas feministas. Abogada, hincha de Vélez y estudiante del profesorado de biodanza, la sindicalista habló con Letra P sobre la perspectiva de género -o, más bien, su ausencia- en la Justicia y los principales ejes de la reforma judicial que impulsa el presidente Alberto Fernández.

 

Zoom. Lospennato, con Letra P.

 

-¿Qué tiene que ver el episodio de hostigamiento y violencia del fiscal Santiago Terán hacia la periodista Lucila Trujillo con la perspectiva de género y la reforma judicial?

-Tiene todo que ver. De hecho, desde la Mesa de Mujeres de la UEJN sacamos un comunicado en donde repudiamos los dichos del fiscal, pero además decimos que conductas como esa se ven bastante seguido. Se dan vuelta argumentos, se usa la convención de Belem do Pará para justificar un fallo sin perspectiva de género. Esto, de alguna manera, fue lo que planteó este fiscal Terán: las mujeres tienen que armarse para poder defenderse y hace apología de la legítima defensa como una herramienta. Todo dado vuelta. Es un tema de derechos humanos de las mujeres, es el Estado el que debe protegerlas. Entonces, es todo al revés.

 

 

-Además, es pensarlo como un problema de inseguridad y no como un problema de desigualdad...

-Sí, además es estructural. Nos pasa en lo gremial: recibimos constantemente denuncias de acoso y nos cuesta mucho avanzar, porque son señores con enorme poder y las mujeres no se animan a hablar. Yo llevé adelante el caso de Geminiani (NdR: el juez de la Cámara de Casación Juan Carlos Geminiani fue sancionado por el Consejo de la Magistratura por acoso laboral y violencia de género contra una empleada, a la que encerró en una oficina tras, supuestamente, haber desobedecido una orden) y, cuando hablábamos de la perspectiva de género en el Consejo de la Magistratura, todo el tiempo nos decían: “Pero si él maltrataba también a los varones…”. Nos costó muchísimo que se entendiera lo que pasaba. Finalmente, salió y con una sanción muy pequeña en comparación a lo que hizo, que fue detener a una empleada y mandarla presa, pero es la primera sanción y esperemos que, una vez que la Corte la confirme, porque él apeló, lo ingresen al registro famoso que se creó dentro del Consejo de la Magistratura para aquellas denuncias de magistrados que estén vinculados con violencia de género.

-La semana pasada, cuando empezaron las audiencias para la reforma judicial en el Congreso, usted se indignó públicamente porque entre los primeros expositores no había ninguna mujer.

-No sé qué pasó, porque la lista es grande y sé que hay mujeres en las siguientes audiencias, pero esa es la imagen de lo que realmente sucede. Parecería que los grandes juristas en materia penal y constitucional son todos hombres. Estuve hablando con compañeras de organizaciones de mujeres vinculadas con el Derecho, la red de Profesoras de Derecho Penal de la UBA, asociaciones de abogadas feministas, y ninguna fue convocada. Y tienen mucho para decir. Me parecía que era importante visibilizar hacia fuera.

 

 

-En la letra de la reforma, ¿dónde pondría énfasis en relación con la perspectiva de género?

-El proyecto incluye tres ejes grandes: las fusiones y las unificaciones, la implementación del sistema acusatorio y el fortalecimiento de la Justicia del interior. Son tres megaproyectos en uno y por esa razón se le escapan un montón de cosas. Pensándolo desde la perspectiva de género, la ley reglamenta una forma de concurso diferente de la ley que existe y ahí es donde debería figurar que quienes toman los exámenes tienen que saber de perspectiva de género. Después, que el contenido de los exámenes esté atravesado por la perspectiva de género y, además, tiene que incluirse la posibilidad de cupos o un sistema de evaluación de antecedentes que tenga en cuenta las barreras de acceso para las mujeres a la carrera judicial.

-¿No son temas que ya estaban en agenda?

-Todas esas cosas venían discutiéndose en el Consejo de la Magistratura y ahora, en el nuevo sistema, no las veo. Si van a generar un sistema nuevo, más allá de que después podemos discutir si el sistema nos gusta o no nos gusta, dejen algo asentado ahí. En el Poder Judicial venimos diciendo que quizás el cupo como medida sola no sirve porque muchas veces terminan accediendo a esos lugares mujeres que no tienen una visión de género, sino que son más bien machistas.

-¿Qué otro punto le parece importante?

-Cuando se habla de fortalecimiento de las justicias del interior, el mapa de género nos muestra que hay muy pocas mujeres ocupando lugares importantes.

 

LOS NÚMEROS DE LA DESIGUALDAD
Los datos sobre la desigualdad en la Justicia son contundentes: Según el mapa de género de la oficina de la Mujer de la Corte Suprema, el 61 por ciento del personal administrativo está integrado por mujeres, pero, a medida que se asciende en la pirámide, ese porcentaje se reduce. Las funcionarias llegan al 44 por ciento y sólo el 28 por ciento de mujeres accede a roles jerárquicos: 25 por ciento entre camaristas; 37 por ciento en la Defensoría General de la Nación; 28 por ciento en la Procuración General de la Nación y, en las cortes, la diferencia es todavía más notable entre ministras y ministros. Un estudio de la Dirección General de Políticas de Género (DGPG) del Ministerio Público Fiscal de la Nación confirma estos datos: del total de 187 fiscales designadas/os por concurso entre 2000 y 2016, el 27 por ciento son mujeres (51) y el 73 por ciento (136), varones.
Según Lospennato, las barreras de acceso a los espacios de decisión, en términos interseccionales, no figuran en la agenda judicial: “Hay un tema fundamental que no está en ningún lado y es el del ingreso democrático al Poder Judicial, que ya hay una ley que la corte no aplica. Se aplica en el Ministerio Público Fiscal, en el Ministerio Público de la Defensa, pero en el Poder Judicial está suspendido. Lo que implica el ingreso democrático es que cualquiera se puede anotar en un registro, dar un examen, y si estás, por el puntaje, entre los primeros veinte puestos, vas a sorteo. Y eso genera, por ejemplo, que no toda la gente venga solo de un solo sector social, que no sean solamente varones para el fuero penal o mujeres para el fuero de familia, no seguir con esos estereotipos. El Consejo Consultivo debería aconsejar algo que esté vinculado con esto.

 

-Como sindicalista, ¿cómo se para frente al reclamo de que se terminen los privilegios para los funcionarios y las funcionarias del Poder Judicial?

-Ahí me encuentran del otro lado: no son privilegios, son derechos y no podemos ir abajo de ese piso. Tiene que ser para todos. Eso es clarísimo. Además, se habla de eso, pero no de que no tenemos convenio colectivo de trabajo. Nos dicen “hay ciertos privilegios”, sí, pero hay otros que no tenemos. De hecho, el Estado argentino está denunciado ante la OIT porque no intima a la Corte a que haga un convenio colectivo. Ellos son la última voz para definir cuestiones en materia laboral y, sin embargo, como patronal no se sientan a negociar ninguna cuestión en materia laboral. Sería una gran forma de democratizar que la Corte se hiciera responsable de que tiene trabajadores y de que es una patronal. La negociación de las cuestiones vinculadas con las trabajadoras, desde lactarios hasta jardines maternales (hay uno solo en la sede de Inmigrantes), son muy difíciles.

 

 

A pesar de las enormes dificultades de acceso a la Justicia para las mujeres, como trabajadoras y como ciudadanas, Lospennato tiene esperanzas de cambio. Está convencida de que “hay una resistencia dentro de la Justicia y es feminista”. En cada edificio del Poder Judicial, en cada fuero, nacen colectivos de mujeres que, cada vez más, se animan a alzar la voz. “Desde esas redes tenemos que sostenernos y apoyarnos para que ese germen de resistencia feminista avance y logre que el Poder Judicial deje de ser machista y patriarcal.”