El confinamiento produjo un boom de ventas de paquetes de harina pero resintió fuerte las ventas a granel, el corazón del negocio de la industria. Según datos de la Federación de Molineros (FAIM), las ventas del paquete de kilo en comercios y supermercados subieron hasta un 50% en relación al año anterior. El tiempo que duró la pandemia llevó a buena parte de los consumidores a producir panificados en el hogar, con compras de hasta tres o cuatro unidades por persona. El problema de ese fenómeno, que explota con recetas en redes sociales, es que no alcanza para sostener al sector molinero.
Un 65% de lo que sale de las plantas se vende a panaderías y proveedores de alimentos. Pero como cayeron casi 50% las ventas de panificados en mostrador, bajó el mismo porcentaje la venta a granel a esos comercios.
“Los panaderos venden hoy, básicamente, pan. Ni facturas, ni tortas, ni otros productos”, confió a Letra P una fuente del sector. Eso hizo que caiga el negocio, que padece la cuarentena con igual impacto que otros locales.
Fuerte baja en las ventas de las panaderías.
El problema de la crisis de la harina es que la industria molinera cuenta con unos 140 molinos, que en un 99% son pymes. Por ahora, no hay problemas de empleo, pero la extensión del encierro podría generar quebrantes importantes.