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El Instagram de Yrigoyen

El Instagram de Yrigoyen

09/09/2019 17:01

Cuenta la leyenda popular que a Hipólito Yrigoyen le editaban exclusivamente para él un diario con las noticias que deseaba leer. De esta forma, el presidente se mantenía informado de lo que sucedía en el país. El nivel de desconexión con la realidad fue tan alta que, incluso, hay quienes lo consideran como una de las tantas causas del golpe del 30.

Tanto la clase política de hoy y de ayer dejan la sensación de que leen noticias muy alejadas de la realidad. Ejemplos sobran, la vida de los ciudadanos corre por un carril muy distinto al de la clase dirigente que lee y edita su propio diario. Un diario que a su vez nos lleva metafóricamente al famoso cuento infantil de Hans Christian Andersen “El nuevo traje del emperador”, en el que dos charlatanes e impostores que se hacían pasar por tejedores se presentaron delante del emperador diciendo que eran capaces de tejer la tela más extraordinaria del mundo. El cuento termina con que, en realidad, el rey estaba desnudo y el único que no se había dado cuenta era él.

Esta experiencia del gobierno de Cambiemos no es la excepción, solo que en lugar de editar un diario hablaron desde una posición superior de cómo las redes sociales, los focus group, la microsegmentación, los mapas de calor, los mensajes de WhatsApp, el chat de mamis y hasta una cámara GoPro inserta en el casco que el Presidente usaba al visitar obras buscaba tomar los gestos de asombro de los rostros de sus interlocutores venían a contar sobre una nueva forma de hacer política.

Demasiadas pirotecnias tecnológicas que no son más que una moderna versión del supuesto telar del cuento de Andersen, que casualmente aquí también contaba estelarmente con dos charlatanes.

Ahora con los resultados de las PASO puestos se puede ver cómo la real politik o la “vieja política”, a decir de algunos, se llevó puesta a toda esa pirotecnia tecnológica.

Un tipo común que paseaba un perro, un joven a bordo de un auto recorriendo una provincia, un recién arribado a la política porteña y una aniñada candidata a legisladora dieron un verdadero batacazo a la estrategia diseñada por dos sastres que venían hace muchos años invictos haciendo los mejores trajes para el rey. ¿Quién le iba a enseñar de hilos, agujas, moldes, telas o costura? ¿Sastres pasados de moda? ¿ viejos diseñadores?

No fueron las redes ni los métodos los culpables, sino la desconexión o negación de la realidad de aquellos que planificaron la campaña. Y sumado a ello la sobreponderación existente en las campañas digitales que viene haciendo estragos en la comunicación actual, sea en política o en consumo masivo.

Si evaluamos la experiencia reciente de la política argentina, debemos reconocer que ganó la política, la simple, la llana y la territorial. Obviamente que ganó ayudada por la pésima situación económica existente, que ni el rey ni los sastres vieron, o quizás no quisieron ver. O tal vez se hayan distraído mientras analizaban métricas y mapas de calor.

Vimos algo de historia y de literatura. pero como hablamos de visión e imagen no podemos dejar de hablar de cine en este paseo por la reflexión y el análisis político. Nuestro presidente encarna en este análisis justo con el personaje de la película The Truman show, quien a su vez coincide y reescribe la metáfora del cuento de Andersen.

En la película, el personaje interpretado por Jim Carrey vive una realidad paralela, producto del programa televisivo que lo tiene como principal estrella y que de cuya existencia el no está enterado. Mientras que todos los televidentes saben de la vida de Truman, al igual que el ciudadano de a píe sabe de su realidad, sus miserias y sus problemas. Esa realidad paralela que viven algunos no es otra cosa que la metáfora de ver aquello que queremos ver, de no tener autocrítica y despreciar a quienes critican de forma constructiva o incluso piensan diferente.

Los superhéroes del relato han sucumbido, en este y en casi todos los gobiernos que a su manera han editado su propio diario, radio, programa televisivo y, por qué no, su propio Instagram.

El resultado en este caso para algunos es durísimo y lo que no tiene es solución, pero al parecer la realidad siempre supera a la ficción. Y, parafraseando al slogan de una conocida bebida: “La imagen no es nada, la sed ( o el hambre en este caso) es todo”.