No es la batalla de los sexos ni la guerra de los Roces. Es la batalla de los decálogos. El ex ministro de Economía Roberto Lavagna salió este sábado a mostrar su propio plan de diez puntos para “un gobierno de unidad nacional”.
No es la batalla de los sexos ni la guerra de los Roces. Es la batalla de los decálogos. El ex ministro de Economía Roberto Lavagna salió este sábado a mostrar su propio plan de diez puntos para “un gobierno de unidad nacional”.
En este escenario, la posición del senador Miguel Ángel Pichetto merecería la intervención del VAR. Pero esto no es fútbol.
El precandidato presidencial sacó este programa a la cancha apurado por la jugada del Gobierno, que esta semana lo primereó con la convocatoria al sector blando de la oposición para la firma de un acuerdo basado en un decálogo de compromisos muy convenientes para el programa de ajuste diseñado por el Fondo Monetario Internacional. Lavagna fue el primero en rechazar la invitación masticando bronca -se deduce ahora- porque lo habían madrugado.
En el lavagnismo sugieren, incluso, que la movida del Gobierno fue inspirada en esta iniciativa, que se habría filtrado en los últimos días y les habría dado la idea a los cerebros de la Casa Rosada.
En sus publicaciones en la red Twitter, Lavagna contó que diseñó este plan, que contrasta con el macrista por su matriz progresista, junto a Pichetto, la líder del GEN, Margarita Stolbizer; el radical anti Cambiemos Ricardo Alfonsín y el gobernador santafesino, el socialista Miguel Lifschitz.
El caso de Pichetto despierta suspicacias porque aparece de los dos lados del mostrador: en los búnkeres del ala del peronismo federal que rechazó el pacto con la Casa Rosada se lo sindica como el coautor de la jugada del Gobierno junto al ministro del Interior, Rogelio Frigerio.
“Esto es resultado del diálogo real y la reflexión compartida. Seguiremos dialogando y recibiendo aportes para transformar este presente de manera real, sin marketing”, agregó Lavagna en la red social del pajarito. De esa manera, retomó el argumento que había usado para rechazar el convite del Gobierno.