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Massa, el candidato del "laburante"

Se muestra humilde para reconocer errores y convencido de que es la alternativa. Se presenta como hijo de padres inmigrantes y apela a la indignación superficial para llegarle a la clase media.
Se muestra humilde para reconocer errores y convencido de que es la alternativa. Se presenta como hijo de padres inmigrantes y apela a la indignación superficial para llegarle a la clase media.

De los candidatos en construcción analizados hasta aquí -Macri, Cristina, Lavagna-, Sergio Massa es el primero que oficializó su pre-candidatura por Alternativa Federal y no oculta su deseo de ocupar el sillón de Rivadavia. Dice, sin vueltas, en ocasión de su última entrevista con Alejandro Fantino: “Quiero ser presidente y voy a ser presidente de la Argentina”, sin precisar del todo cuándo. Tal vez sea porque, con 46 años, se sabe en carrera por mucho tiempo.

Decidido a plantear una interna dentro de su espacio político para “dejar que la gente elija en las PASO a quien considera que deben ser los candidatos”, dice, también, que va a estar donde lo “pongan los votos”.

 

 

Massa apunta a la construcción de un “gran acuerdo de unidad nacional” que es, para él, una “obligación”. Como se advierte también en el discurso de Roberto Lavagna, invita a los sindicatos, a distintos actores políticos, a la “sociedad civil” y a esos de “afuera de la política” que evoca cada vez que tiene ocasión, “los tinellis, los donofrios, los manes”. No obstante, el punto que lo diferencia del ex ministro de Economía es el acento que pone en la necesidad de “dirimir liderazgos en la oposición”. Reconoce, por ejemplo, la importancia de Juan Manuel Urtubey, de Juan Schiaretti, de Miguel Pichetto, aunque su autoreferencia no tarda en aparecer: “Yo, obviamente, tengo vocación de liderar”.

 

 

El 2 de abril, tuvo su acto de lanzamiento en el predio que la Sociedad Rural tiene en Palermo. Una ceremonia que fue milimétricamente preparada, con un público presente que reunió a sectores del sindicalismo, a ex combatientes de Malvinas -atento a la fecha- y a esas “personas de la sociedad civil” que evoca en su discurso. Sus familiares cercanos también cumplieron, en el ritual, un papel significativo. Las cámaras fueron estratégicamente registrando sus rostros a medida que eran evocados, directa o indirectamente, en la alocución: su mujer y su hija, al cuestionar la violencia machista; sus padres, al referir a los valores enseñados en casa. Toda una puesta en escena en la que se cuidó destacar un auditorio pleno de sillas, un escenario con un pequeño atril que porta el eslogan #HayAlternativa y una pantalla gigante detrás que, acompañando las palabras de Massa, fue ilustrando, cual zócalo televisivo, las frases sobresalientes de su discurso.

 

 

Fiel a su rol de “líder opositor”, como se definió en diálogo con periodistas de TN, sus palabras cargan una alta dosis de polémica en cada uno de sus intercambios públicos. Tanto en el acto de lanzamiento de su campaña como en las variadas entrevistas que brindó -con Fantino para Animales Sueltos, con “Chiche” Gelblung en Crónica o con los periodistas del programa “Minuto a Minuto” de C5N, entre otras- apunta a remarcar todas y cada una de las derrotas del oficialismo; porque “el problema es Macri, y el camino que eligió para la Argentina”. Y, sin embargo, más allá de la confrontación, el ex Intendente de Tigre construye un discurso claramente programático. Esto es, la definición del qué se va a hacer, esos diez compromisos que asume con el votante y presentó en su lanzamiento de un modo claramente personalista. Son compromisos que asume él, no el espacio.

Por su parte, el ethos de Massa, es decir, su presentación de sí, posee varios rasgos a partir de los cuales es posible diferenciarlo del resto de los candidatos en disputa. No sólo por lo que dice sino, también, por el modo en que se expresa y por los diversos componentes que pueden constituir, en cada caso, su imagen. Se exhibe seguro, firme, asertivo, aunque sin vehemencia, caracterización desde la cual advierte, en referencia a los sindicatos: “Tengo el coraje y la firmeza para que si alguien me quiere llevar puesto, me lo pueda llevar puesto yo”.

 

 

Probablemente, uno de los rasgos más notorios sea que se presenta como un candidato que es y se dirige a la clase media argentina, “al laburante”. Él es “primera generación de argentinos” porque sus padres son inmigrantes que “llegaron con una mano adelante y otra atrás”. De hecho, hace años que Massa adopta ese perfil y, aún habiendo afrontado algunas derrotas, parece no abandonar ese horizonte.

En ese marco, suele emplear un léxico en cierto modo más popular que el de sus oponente. Lejos del razonamiento de especialista, habitual en Lavagna, en el discurso de Massa abundan las frases comunes de la doxa, como “así no hay jubilado que aguante” o “no tienen coronita”. Asimismo, el discurso que dirige a ese colectivo de identificación recoge gran parte de los lugares comunes de la política: la cuestión de la protesta callejera, en la que se dirime, según él, el derecho a la manifestación y el de la libre circulación; el lugar que el Estado debe darle a los extranjeros, diferenciando la salud -que debería ser “universal”- de la educación -que debería ser paga-; la idea del esfuerzo en relación a los valores, fundamentalmente ligados al trabajo.

 

 

Parte importante de su presentación de sí tiene que ver, además, con el reconocimiento que hace de su propia trayectoria política, sobre la que afirma haberse equivocado y aprendido del error: “En 2015 me quedó grande”, le dijo a Fantino, y “el marketing, los globitos, las falsas promesas le ganaron a mis dudas”. De aquí que pida reiteradas disculpas, se autodefina como humilde y utilice, argumentativamente hablando, ese recurso del reconocimiento del error como un fortalecimiento de su propia figura política.

Pero su trayectoria le sirve, además, para exponer su reputación y, en este sentido, se asienta en su trabajo como legislador -suele blandir la autoría de la leyes de extinción de dominio y del arrepentido-, como director del ANSES o como intendente de Tigre, modelo que utiliza para mostrar que ciertas cosas son posibles, porque “ni San Fernando ni Tigre son islas”.

 

 

Dentro de la performance de Massa también se destaca el nutrido manejo que hace de sus cuentas oficiales en redes sociales, con actualizaciones constantes de su contenido. En enero, por ejemplo, comenzó su campaña con un peculiar carpooling “por las rutas argentinas” -una especie de adaptación del Carpool Karaoke del programa norteamericano The Late Late Show- que fue publicado en su canal oficial de Youtube y en su cuenta verificada de Facebook. Allí se lo puede ver a Massa recorriendo el país en compañía de dirigentes políticos de cada zona, mientras conversan sobre el modo en que la crisis económica afecta a las diferentes regiones. Se trata de micro-videos que fueron pensados especialmente para las redes.

Al fin de cuentas, en una ocasión se lo escuchó decir, en clara intertextualidad con los enunciados de Macri y de Cristina, que “entre el enojo de unos y el silencio de otros hay espacio para la palabra firme y serena”; y eso es, precisamente, lo que Massa procura mostrar.

Massa, el candidato del "laburante"

Se muestra humilde para reconocer errores y convencido de que es la alternativa. Se presenta como hijo de padres inmigrantes y apela a la indignación superficial para llegarle a la clase media.

De los candidatos en construcción analizados hasta aquí -Macri, Cristina, Lavagna-, Sergio Massa es el primero que oficializó su pre-candidatura por Alternativa Federal y no oculta su deseo de ocupar el sillón de Rivadavia. Dice, sin vueltas, en ocasión de su última entrevista con Alejandro Fantino: “Quiero ser presidente y voy a ser presidente de la Argentina”, sin precisar del todo cuándo. Tal vez sea porque, con 46 años, se sabe en carrera por mucho tiempo.

Decidido a plantear una interna dentro de su espacio político para “dejar que la gente elija en las PASO a quien considera que deben ser los candidatos”, dice, también, que va a estar donde lo “pongan los votos”.

 

 

Massa apunta a la construcción de un “gran acuerdo de unidad nacional” que es, para él, una “obligación”. Como se advierte también en el discurso de Roberto Lavagna, invita a los sindicatos, a distintos actores políticos, a la “sociedad civil” y a esos de “afuera de la política” que evoca cada vez que tiene ocasión, “los tinellis, los donofrios, los manes”. No obstante, el punto que lo diferencia del ex ministro de Economía es el acento que pone en la necesidad de “dirimir liderazgos en la oposición”. Reconoce, por ejemplo, la importancia de Juan Manuel Urtubey, de Juan Schiaretti, de Miguel Pichetto, aunque su autoreferencia no tarda en aparecer: “Yo, obviamente, tengo vocación de liderar”.

 

 

El 2 de abril, tuvo su acto de lanzamiento en el predio que la Sociedad Rural tiene en Palermo. Una ceremonia que fue milimétricamente preparada, con un público presente que reunió a sectores del sindicalismo, a ex combatientes de Malvinas -atento a la fecha- y a esas “personas de la sociedad civil” que evoca en su discurso. Sus familiares cercanos también cumplieron, en el ritual, un papel significativo. Las cámaras fueron estratégicamente registrando sus rostros a medida que eran evocados, directa o indirectamente, en la alocución: su mujer y su hija, al cuestionar la violencia machista; sus padres, al referir a los valores enseñados en casa. Toda una puesta en escena en la que se cuidó destacar un auditorio pleno de sillas, un escenario con un pequeño atril que porta el eslogan #HayAlternativa y una pantalla gigante detrás que, acompañando las palabras de Massa, fue ilustrando, cual zócalo televisivo, las frases sobresalientes de su discurso.

 

 

Fiel a su rol de “líder opositor”, como se definió en diálogo con periodistas de TN, sus palabras cargan una alta dosis de polémica en cada uno de sus intercambios públicos. Tanto en el acto de lanzamiento de su campaña como en las variadas entrevistas que brindó -con Fantino para Animales Sueltos, con “Chiche” Gelblung en Crónica o con los periodistas del programa “Minuto a Minuto” de C5N, entre otras- apunta a remarcar todas y cada una de las derrotas del oficialismo; porque “el problema es Macri, y el camino que eligió para la Argentina”. Y, sin embargo, más allá de la confrontación, el ex Intendente de Tigre construye un discurso claramente programático. Esto es, la definición del qué se va a hacer, esos diez compromisos que asume con el votante y presentó en su lanzamiento de un modo claramente personalista. Son compromisos que asume él, no el espacio.

Por su parte, el ethos de Massa, es decir, su presentación de sí, posee varios rasgos a partir de los cuales es posible diferenciarlo del resto de los candidatos en disputa. No sólo por lo que dice sino, también, por el modo en que se expresa y por los diversos componentes que pueden constituir, en cada caso, su imagen. Se exhibe seguro, firme, asertivo, aunque sin vehemencia, caracterización desde la cual advierte, en referencia a los sindicatos: “Tengo el coraje y la firmeza para que si alguien me quiere llevar puesto, me lo pueda llevar puesto yo”.

 

 

Probablemente, uno de los rasgos más notorios sea que se presenta como un candidato que es y se dirige a la clase media argentina, “al laburante”. Él es “primera generación de argentinos” porque sus padres son inmigrantes que “llegaron con una mano adelante y otra atrás”. De hecho, hace años que Massa adopta ese perfil y, aún habiendo afrontado algunas derrotas, parece no abandonar ese horizonte.

En ese marco, suele emplear un léxico en cierto modo más popular que el de sus oponente. Lejos del razonamiento de especialista, habitual en Lavagna, en el discurso de Massa abundan las frases comunes de la doxa, como “así no hay jubilado que aguante” o “no tienen coronita”. Asimismo, el discurso que dirige a ese colectivo de identificación recoge gran parte de los lugares comunes de la política: la cuestión de la protesta callejera, en la que se dirime, según él, el derecho a la manifestación y el de la libre circulación; el lugar que el Estado debe darle a los extranjeros, diferenciando la salud -que debería ser “universal”- de la educación -que debería ser paga-; la idea del esfuerzo en relación a los valores, fundamentalmente ligados al trabajo.

 

 

Parte importante de su presentación de sí tiene que ver, además, con el reconocimiento que hace de su propia trayectoria política, sobre la que afirma haberse equivocado y aprendido del error: “En 2015 me quedó grande”, le dijo a Fantino, y “el marketing, los globitos, las falsas promesas le ganaron a mis dudas”. De aquí que pida reiteradas disculpas, se autodefina como humilde y utilice, argumentativamente hablando, ese recurso del reconocimiento del error como un fortalecimiento de su propia figura política.

Pero su trayectoria le sirve, además, para exponer su reputación y, en este sentido, se asienta en su trabajo como legislador -suele blandir la autoría de la leyes de extinción de dominio y del arrepentido-, como director del ANSES o como intendente de Tigre, modelo que utiliza para mostrar que ciertas cosas son posibles, porque “ni San Fernando ni Tigre son islas”.

 

 

Dentro de la performance de Massa también se destaca el nutrido manejo que hace de sus cuentas oficiales en redes sociales, con actualizaciones constantes de su contenido. En enero, por ejemplo, comenzó su campaña con un peculiar carpooling “por las rutas argentinas” -una especie de adaptación del Carpool Karaoke del programa norteamericano The Late Late Show- que fue publicado en su canal oficial de Youtube y en su cuenta verificada de Facebook. Allí se lo puede ver a Massa recorriendo el país en compañía de dirigentes políticos de cada zona, mientras conversan sobre el modo en que la crisis económica afecta a las diferentes regiones. Se trata de micro-videos que fueron pensados especialmente para las redes.

Al fin de cuentas, en una ocasión se lo escuchó decir, en clara intertextualidad con los enunciados de Macri y de Cristina, que “entre el enojo de unos y el silencio de otros hay espacio para la palabra firme y serena”; y eso es, precisamente, lo que Massa procura mostrar.