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Macri y la triple presentación de sí mismo

Obligado a reorientar la estrategia de comunicación tras los desaciertos de su gestión, protagonizó, en lo que va de marzo, tres discursos mediatizados que anuncian cuál será su imagen de campaña.
Obligado a reorientar la estrategia de comunicación tras los desaciertos de su gestión, protagonizó, en lo que va de marzo, tres discursos mediatizados que anuncian cuál será su imagen de campaña.

El 1 de marzo pudo verificarse, por cadena nacional, lo que podría considerarse el primer discurso de campaña de Mauricio Macri de cara a su reelección. Justo un día antes del fallecimiento de su padre, el Presidente brindó -entre el aplauso de seguidores y el escarnio de la oposición- el protocolar discurso de apertura de sesiones ordinarias ante el Congreso. Un par de semanas después, se lo vio en ocasión de una entrevista que le concedió al periodista Luis Majul. Y, finalmente, el 21 de marzo se presentó en las ya habituales reuniones de gabinete ampliado que se realizan en el Centro Cultural Kirchner (CCK). He aquí tres apariciones públicas, ampliamente recogidas por el ecosistema mediático, donde no sólo se reiteraron contenidos sino que, sobre todo, se evidenció la presencia de un tono electoral en el cual ciertos afectos parecieran tener un lugar singularmente diferente al ocupado hasta entonces, sobre todo aquellos a partir de los cuales se busca otorgarle al orador ciertos aires de fuerza y vigor.

Es cierto que, en lo que va de su mandato, la retórica de la improvisación, del liderazgo de proximidad, la transparencia y la alegría tan gestionada por el aparato comunicacional de Cambiemos fue dando paso a una caracterización que el profesor José Luis Fernández definió como “un figurín gris y silencioso”. Tan cierto como que, salvo por la “alegría”, la “esperanza” y alguna eventual alusión a los sentimientos de su “corazón” que hizo durante el discurso presidencial de septiembre de 2018, Macri no suele prodigar pasiones.

 

 

No obstante, mucho se ha dicho en estos días sobre los primeros pasos en la trayectoria de campaña de Macri y no es una novedad que a todos les llamó la atención que, en cada una de sus tres recientes intervenciones, se mostrase “enojado” y “caliente”. ¿Por qué ese nuevo ímpetu?

Dentro de las diferentes dimensiones del análisis del discurso político y de la puesta en escena que cada intervención pública comporta, un aspecto a considerar es aquel que atiende a lo que la jerga especializada denomina como ethos y pathos. La primera de estas categorías remite a la presentación de sí, es decir, la imagen que un enunciador se construye a partir de su discurso, no sólo desde el plano lingüístico sino también comportamental, gestual, etcétera. Se trata de una presentación que vincula tanto lo dicho como lo no dicho, así como el lugar -institucional, en este caso- desde el que se profiere el discurso, su puesta en escena, la corporización o los tonos de voz. Por su parte, el pathos alude al trabajo con y sobre las emociones y sentimientos del público al que se dirige, el modo en que estas pueden ser reconocidas, movilizadas y conducidas a través del discurso.

 

 

Los tres discursos pertenecen a géneros muy distintos entre sí. El primero, eminentemente protocolar; el segundo, derivado de una entrevista periodística y; el tercero, una especie de perorata dirigida a los prodestinatarios, en otras palabras, a los destinatarios partidarios. Y, sin embargo, los tres tienen muchas cosas en común.

En el plano del contenido, Macri apela constantemente a su propia “convicción”; polemiza implícitamente con los dichos de Roberto Lavagna sobre el “crecimiento” del país; identifica las tres plagas que tuvo que sobrellevar su gestión -la salida de capitales de mercados emergentes, la sequía y la “causa de los cuadernos”- y remite constantemente a obras menores, como las “cloacas y el agua limpia” en detrimento de la inscripción en una determinada trayectoria política. Como señaló ante el gabinete ampliado, se trata de hacer hincapié en “la cantidad de cosas que han pasado y hemos hecho” porque “lo que queremos transmitir es nuestro trabajo”. Los macristas, dice Fernández, no entran en detalles, ni en acontecimientos trascendentales -como podría ser una época de crisis o la propia dictadura militar-, sino que apuntan a hablar del presente y del futuro en términos más bien macros.

 

 

El poco manejo de la improvisación, tal como sucedió en el discurso ante el Congreso, muestra a las claras un Macri que queda en offside ante un auditorio que lo interrumpe de manera constante. Su imagen deviene, como nos sugiere Gastón Cingolani, en víctima de la espontaneidad, repitiendo siempre la misma frase: “Los insultos hablan de ustedes, no de mí”. Sobre el final, sus gritos terminan por conformar una arenga que oscila entre lo motivacional y lo patético (en el sentido literal y también retórico del término). Estas pasiones que, como dijimos, pasaron de la alegría al enojo, se entretejen en los discursos que, ahora, forman parte de su estrategia electoral. Compleja estrategia en la que, por ejemplo, el Presidente afirma que su trabajo “es el peor del mundo” -en la entrevista concedida a Majul- al tiempo que comparte, en su Instragram, un video en el que dos ciudadanos de a pie sostienen que el problema del país son los propios argentinos. Tal vez esos argentinos que, como señaló al cierre de su participación en el CCK, deben aprender a “remar en bote y no a ir a upa”.

Por otra parte, en la intervención del Presidente en el marco de la reunión de gabinete ampliado, se advierte un discurso que, en principio, se dirige a sus funcionarios pero que, propio de la mediatización del mismo, se viraliza a pocas horas de haber ocurrido. Y allí, la estrategia del “equipo”, tan explotada por el macrismo, se hace carne en volver a poner sobre el tapete qué entiende el Presidente por la política. La política, para Macri, no es la política de las grandes multitudes, sino la del esfuerzo individual y el mérito; no es el acto partidario, sino el timbreo. No es, básicamente, la política tal como fue comprendida -al menos- durante los 12 años de kirchnerismo.

Macri se esfuerza por confesar que está “caliente” o “un poquito enojado”, procurando darle un lugar a su “enojo”, mientras su lenguaje corporal expresa lo contrario. Eso es lo que sucedió en el CCK, pero también en la entrevista televisada por canal América, donde dijo: “Por momentos estoy caliente por las mentiras que se dicen”.

Estos primeros tres discursos de campaña se parecen, también, por lo que no dicen. Ni en ellos, ni en los mensajes que publicó en sus redes, tiene lugar la tristeza o el dolor que podría suponer la muerte de un padre. No se trata, claro está, de juzgar qué es lo que efectivamente siente Macri, sino cómo se muestra a través de su discurso. A diferencia de lo que suele hacer Cristina Fernández de Kirchner, esa emoción no es parte de su estrategia de campaña.