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“Me gustaría que CFK difundiera sus reuniones para que vieran su amplitud"

El legislador porteño destroza la política laboral del Gobierno, asegura que la reforma laboral no seduce “ni a los empresarios” y reclama una “amplitud” dentro del peronismo para lograr la unidad.
Por 01/02/2019 12:24

Carlos Tomada recibe a Letra P en su oficina privada, a metros del Congreso y el Instituto Patria, el búnker de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner desde que dejó la Casa Rosada. Por sus años en la gestión, y luego su desembarco a la Legislatura porteña, no visitaba ese edificio hace años.

Es un departamento repleto de anécdotas, fotos y distinciones de sus 12 años como ministro de Trabajo, primero de Néstor Kirchner y luego de Cristina. Ese primer piso, situado en pleno barrio de Monserrat, fue escenario de muchos encuentros del Grupo Calafate, aquel conglomerado de dirigentes peronistas que apuntalaron el proyecto nacional de Kirchner. “El principio de todo”, recuerda Tomada, que todavía guarda publicaciones periodísticas de sus primeras notas como funcionario.

 

(FOTO: AGLP)

 

A fines de 2018, Tomada almorzó con Cristina. Abrió las puertas de su casa y la ex presidenta llegó con Alberto Fernández, Jorge Taiana y Máximo Kirchner. Una charla política de horas entre viejos conocidos, algunos amigos entre sí. Como todo ese grupo de comensales, Tomada brega por la unidad del peronismo y activa diálogos y encuentros con dirigentes para llegar a las elecciones presidenciales con "todos juntos y en un amplio frente".

En diálogo con Letra P, cuestiona la política económica del Gobierno y a los empresarios que "defienden el modelo". A su vez, confía en la unificación del movimiento obrero y no descarta una gran paso peronista para definir al candidato presidencial. Además, adelanta que trabajará en la campaña y, mientras tantea el terreno electoral, admite que no descarta una candidatura nacional. Con respecto a la estrategia para la Ciudad de Buenos Aires, pide "ampliar" el esquema y aclara: “Hay que sumar a cualquiera que quiera confrontar con el macrismo”.

 

BIO. Nació el 4 de mayo de 1948 en la Ciudad de Buenos Aires. Egresado de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, se recibió de abogado en la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1973. De 1987 a 1989 se desempeñó como Director Nacional de Relaciones del Trabajo y, en 2002, como Secretario de Trabajo de la Nación. Desde 2005 hasta 2006 fue presidente del Consejo de Administración de la OIT. Asumió como ministro de Trabajo en 2003 y estuvo en el gabinete kirchnerista hasta el 10 de diciembre de 2015, cuando asumió como legislador porteño.

 

-Usted fue muy crítico de la gestión de Jorge Triaca… ¿Cómo ve el trabajo de Dante Sica?

-Yo no soy crítico de la gestión de una persona. No lo sería tampoco ahora. Las políticas públicas en materia laboral, de empleo y sindical de este Gobierno han sido todas direccionadas, desde el primer día y su primer figura, el Presidente, en contra de los derechos de los trabajadores, sindicatos, jueces, abogados laboralistas.

En este Gobierno reina la visión acerca de que el mundo del trabajo es un obstáculo. Un mero costo. Es un problema. Siempre. Incluso, los trabajadores son un problema. Son vagos, ponen obstáculos, tienen que tener menos licencia y dedicarse más a trabajar. El simple análisis y enumeración de los resultados en materia del trabajo son todos largamente negativos y preanuncian un escenario mucho peor.

-A propósito de la figura presidencial y su rol, a Cambiemos se le cuestiona una centralidad en la toma de decisiones y falta de juego propio de los ministros. ¿Cómo fue durante el gobierno kirchnerista? ¿Se movía con autonomía?

-Nunca compartí esas lecturas críticas con respecto al funcionamiento del presidente y su relación con los ministros. Me molesta la doble vara. Yo creo que la Constitución es clara en lo que dice. Nuestro gobierno es unipersonal. El Presidente emerge de una elección y él designa a sus colaboradores, que lo asisten en la toma de decisiones.

 

 

 

-Durante su gestión como ministro usted abría la puerta del Ministerio de Trabajo y negociaba con todos los sectores ¿Era decisión suya? ¿Alguien le indicaba cómo resolver esos conflictos?

-Tuve una enorme ventaja porque sabía perfectamente cómo pensaban Néstor y Cristina. Fui adaptando la práctica cotidiana a las directivas que recibía de ellos, lo que pasaba en la realidad, mi propia experiencia. Pero nunca fui un libre pensador. El libre pensador hace otras cosas, está en otros lugares y está bueno que los haya.

 

Recibía a todo el mundo. Como nunca había pasado antes en el Ministerio de Trabajo, abría las puertas de la máxima autoridad de las centrales de trabajadores, una comisión interna y los autoconvocados. Era una práctica que habíamos incorporado y es mi manera de entender la responsabilidad de un funcionario que quizás no pasa por poder solucionar todos los problemas pero sí escucharlos a todos los problemas. Eso quedó como una impronta y de mejor o peor forma nadie discute que eso fue un rasgo un central de nuestra gestión.

-¿Cómo evalúa la interlocución del Gobierno actual con los trabajadores?

-No hay. Ha habido amagos, mucha cosa discursiva. Inclusive algunos en algún tiempo se pueden haber engañado en relación a lo que significaba ese pseudo diálogo. La realidad demostró que no existía ninguno. Este Gobierno hizo lo que quiso y creo que todos los sectores obreros, la CGT y la CTA ya tienen claro que no tienen nada que esperar del diálogo con este gobierno.

-Por estas horas, el Gobierno dice que apunta a una reforma laboral por “goteo"y evitará avanzar con paquete legislativo, como sucedió anteriormente  ¿Qué futuro le ve a esa estrategia?

-No existe la teoría del derrame. No sirvió en ningún lugar del mundo y tampoco va a funcionar en este permanente amago de reforma laboral. A esta altura la reforma laboral le interesa solamente al Gobierno y al FMI. El Gobierno insiste sabiendo que no resuelve ninguno de los problemas de la Argentina. A esta altura, ni a los empresarios les importa la reforma laboral.

 

 

(FOTO: AGLP)

 

-¿Por qué a los empresarios no les serviría discutir el mercado del trabajo?

-Le puede interesar a algún sector de las grandes empresas que piensan que se pueden sentir beneficiados porque esta iniciativa va a debilitar al sindicalismo. Ese es su punto de coincidencia con el Gobierno. Las reformas laborales en la Argentina, más allá del punto concreto que aborden, persiguen debilitar el sindicalismo. Las que se hicieron después de la crisis del 2009 en todo el mundo, también en Brasil, más que nunca quieren debilitar al sindicalismo.

Debe ser una prioridad número 28 en cualquier agenda seria. La productividad y la competitividad no pasa por una reforma laboral. Están pensando en una reforma laboral en donde la gente trabaje menos cuando, ahora, la gente trabaja más. Está desesperada porque no tiene trabaja y los que pueden trabajan diez horas. Además, en la Argentina se crearon cinco millones de puentes de trabajo con la legislación que está vigente ahora.

-¿Qué evaluación hace del rol de la CGT durante el mandato de Macri?

-El movimiento obrero en Argentina es muy heterogéneo. Y, además, porque ha habido distintos momentos. Hoy la CGT ha abandonado cierta preocupación por la gobernabilidad y claramente no creo que deje pasar la reforma laboral.
 

 

Hay un sector que resiste y se ha ido agrandando. Es dable imaginar que en 2019 va a haber una tendencia a la convergencia de los distintos sectores sindicales. La prioridad y lo que hay conciencia en todo el movimiento obrero es que este Gobierno no puede seguir después del 10 de diciembre porque sólo le queda para ofrecer a los trabajadores sangre, sudor y lágrimas.

-¿La única posibilidad de unificación sindical pasa por la llegada de las elecciones presidenciales?

-Una unidad más en la acción. No me parece que sean tiempos para pensar en congresos, comités central confederal y una unidad federal. Unidad de acción, de criterio, hoy hay una necesidad de confrontar con el macrismo y luego llegará el tiempo para trabajar por una unidad institucional.

-Usted fue ministro durante la totalidad del gobierno kirchnerista ¿Qué sensación le generan las denuncias de corrupción y los procesamientos a ex funcionarios del gabinete anterior?

-No tengo ninguna duda de que hay que rechazar la corrupción y que todos aquellos que tengan alguna responsabilidad tendrán que dar cuenta como está ocurriendo en la Justicia. Si realmente el Poder Judicial siente que está administrando justicia será, entonces, la Justicia la que tenga la última palabra. Yo tengo mis dudas...Tengo que decir que sería una inocencia imperdonable de mi parte que no agregara a este principio general, otro principio general que dice que están utilizando el Poder Judicial en un claro sesgo de política partidaria.

-¿Cuál sería ese sesgo?

-Si no existiera ese sesgo no estaríamos viendo las cosas que estamos viendo y la impunidad con la que actúa el Gobierno nacional en todas las líneas, sino habría una misma vara para conductas similares. Tampoco tendría que haber la cantidad de prisiones preventivas que tienen preso a gente inocente, a quien no se le ha comprobado ningún delito. Sino estaríamos viendo una situación distinta, donde todos estaríamos más tranquilos con respecto al Poder Judicial. Y la verdad que hoy está todo muy intranquilo. Me imagino que muchos funcionarios de este Gobierno deben estar intranquilos.

 

 

 

-¿A qué se refiere con "intranquilo"?

-Si este Poder Judicial va a actuar con la misma vara muchos de ellos van a estar presos. No quiero vivir en una Argentina de cacería, pero son las reglas que aparecen. Espero realmente que este Poder Judicial actúe de manera tal de garantizarle tranquilidad a todos los argentinos.

-¿Durante su gestión como ministro de Trabajo alguien intentó o le insinuó ofrecerle un soborno o algún favor?

-En 12 años y medio he hablado con todo el mundo. Puedo hablar de cosas que me pasaron y no me pasaron. Jamás los presidentes, mis colegas, me han insinuado nunca un acto delictivo. Nunca. Y lo puedo decir con la más absoluta tranquilidad. Tampoco voy a decir que trabajé en un mundo donde esas cosas no ocurren. ¿Alguna vez me pusieron una valija sobre el escritorio o te dijeron que fueras a buscar un sobre? No, jamás me pasó eso.

-Parte del empresariado ha acompañado y sostiene al Gobierno de Macri ¿Cómo cree que jugarán en la campaña? ¿Acompañarán el modelo de Cambiemos?

-Todavía no lo tengo claro porque no sé cuánto daño van a tolerar más en función de una ideología. No creo que haya un sector más ideológico que nuestros empresarios. Son capaces, les pasó en los noventa. Yo lo vi. Y pensé que habían aprendido, pero se volvió a repetir ahora. Son capaces de aplaudir a cuatro manos a un gobierno que los está destruyendo y seguirlos votando. Algunos empresarios sufren el síndrome de Estocolmo con el Gobierno de Macri.

Sin embargo, esa postura no es uniforme. Hay muchos sectores empresarios que están hartos y alzan la voz. Se quejan. Protestan. He visto a pequeños empresarios asfixiados por el precio de las tarifas. No sé cómo va a llegar este escenario al momento de las elecciones. Tengo miedo y preocupación porque se ha naturalizado el ajuste. Entonces, me preocupa que terminemos festejando que hay estabilidad del dólar a 40 pesos. Lo triplicaron en cuatro años y ¿lo vamos a estar festejando? ¿Vamos a festejar que la inflación sea del 30%?

 

(FOTO: AGLP)

 

-Dentro de las distintas tribus peronistas, usted viene bregando por la unidad… ¿Ve posible una unidad del PJ y el kirchnerismo con dirigentes como Miguel Ángeli Pichetto, Sergio Massa y Urtubey que sostienen que Cristina Fernández de Kirchner es un límite?

-En este año que ha pasado he visto saludarse, abrazarse, conversar a dirigentes que nunca más creí que lo iban a hacer. Todos para dejar de lado las diferencias y poder conformar un frente antimacrista.

No lo digo románticamente. Sé que ha sido duro. Siempre está la doble lectura del oportunismo. A mí no me importa. Que sea por lo que sea pero yo he visto que eso es posible. A esta altura creo que todo es posible. Moyano y Cristina se reunieron, se entendieron, habrán hecho algunas aclaraciones pero ahí había dos personas que habían estado seriamente enfrentadas por distintas razones, inclusive no necesariamente de alto vuelo político. Pero ahí estaban. Alberto Fernández hablando con Cristina, hoy un hombre muy cercano.

-¿Habló últimamente con la ex presidenta?

-Hablo cada tanto con Cristina

-¿La ve con intenciones de liderar y competir en 2019? 

-Ella es lo que es. Descubrir su liderazgo en sectores de los populares me parece que hoy por hoy es medio obvio. También es referente clara de un amplio sector político. Me parece que eso la hace una protagonista insustituible en este año electoral. Y ella lo asume. Cada vez que ella dice algo se conmueve el escenario político. Eso no lo decide nadie, ocurre porque ocurre.

 

 

 

-Se repite que tiene reuniones, que busca la unidad, pero no se la escucha ni se la ve, mientras los presidenciales empiezan la carrera ¿Por qué no habla? 

-Porque no cree que sea el momento. En algún momento, de tanto hablar se pedía que deje de hablar. Ahora que no habla quieren que hable ¿Qué les pasa muchachos? Son tiempos distintos. Hay tiempos para comunicar y otros en que los hechos son más importantes y comunican más. Me gustaría que CFK mostrara más su reuniones para evidencia la amplitud que tiene hoy. Y la diversidad de sectores que tienen interés en hablar con ella.

-¿Se la imagina como candidata a presidenta?

-Sí ¿A qué otra cosa?

-¿Ve posible un acuerdo entre Cristina y Massa?

-Sí, claro.

-¿Alentaría esa posibilidad?

-Yo no decido (risas). A ese nivel, deciden ellos dos. Hay que ver quién quiere y quién no quiere.

-¿La mejor estrategia del peronismo es apelar a la unidad o, después de muchos años, podría haber una interna para definir al candidato presidencial?

-La idea de la unidad no descarta el paso previo de una disputa en las PASO. Podría ser el método para saldar sus diferencias, que las hay en algunos temas. Pero hay convergencia en la mayoría de los temas. Si ello lleva a la necesidad de una interna me parece bárbaro. Las internas dinamizan.

 

(FOTO: AGLP)

 

-¿Qué lectura hace sobre la eventual candidatura de Roberto Lavagna?

-Todavía no hay candidatura. Es más la opinión de algunos que lo rodean. Son formas, a veces, de tantear el ambiente. Me parecería razonable que si tiene vocación y ganas lo haga. 

-¿Ve algún punto en común entre Lavagna y el kirchnerismo?

-Sí. ¿Por qué no? ¿Con qué sector popular el kirchnerismo no puede encontrar coincidencias?

-Pero hay un sector del kirchnerismo que dice que Lavagna representa los intereses de los grupos económicos...

-No estoy pensando en Roberto Lavagna aislado y solo dentro de una cápsula. Si hablamos de Lavagna hablamos por lo que hoy hay atrás o podría haber atrás. No tengo ninguna duda que, en ese sentido, lo apoyan una serie de sectores populares que a mí me parecería bien que participen de un amplio frente.

-¿Dónde se ve en octubre de 2019?

-Me veo activo en la política. Trabajando, participando como lo he hecho siempre. Más que siempre porque en 2019 está en juego algo muy grande. Si no hay cambio de gobierno y sigue el macrismo la Argentina del 2023 no la vamos a conocer. No se va aparecer a la Argentina que vivieron nuestros abuelos, nuestros padres. No va a ser una mejor argentina, para algunas personas seguramente sí. Voy a estar en política en defensa propia, como espero que estén la mayoría de los argentinos.

 

 

 

-¿Va a ser candidato nacional? ¿Diputado? ¿Senador?

-Si se diera lo tomaría con gusto. Mientras que el trabajo siga siendo un tema de debate en el mundo y en la Argentina, y sea un escenario de disputada contrahegemónica, creo que algo para decir sobre eso tengo. La ausencia de trabajo es lo que genera las migraciones, las guerras, porque el extraordinario reclamo de las mujeres se celebra, no casualmente, el 8 de marzo -Día de la Mujer Trabajadora- porque es en el trabajo donde la brecha se observa de una manera muy clara y muy dura.

-¿Qué balance hace de su mandato como legislador porteño?

-En estos cuatro años en la Ciudad he aprendido muchas cosas de la Ciudad y que me comprometen mucho con la Ciudad. Hace falta seguir trabajando y mejorar nuestra performance. En la Legislatura porteña se toman decisiones que le van a cambiar la vida a los porteños. Y los porteños no lo saben y aunque tratemos de hacer visible nuestras posturas el blindaje que tiene el Gobierno de (Horacio) Rodríguez Larreta es mayor que el de Macri. 

-¿Hace alguna autocrítica ante los resultados electorales del peronismo y el kirchnerismo en la Ciudad?

-En los últimos años ha habido una clara postura de confrontación con el Gobierno y no sé si el problema es que no tenemos una propuesta para la Ciudad. Eso no es cierto. Hay y tenemos una propuesta para la ciudad. Hemos hecho todo lo posible para hacer más visible los reclamos. Hay una Ciudad de Buenos Aires que los habitantes  no saben que existe. Y no hablo de las villas. Las villas se conocen más que el estado en el que están las escuelas. Hay colegios donde el recreo es en la escalera, donde los chicos se mueren de frío. Hay una infraestructura de la Ciudad que no ha sido removida en estos años que tiene que ver con la educación y la salud pública.

La crítica puede ser no haber logrado conformar un frente más amplio. Deberíamos haber tratado de lograr un frente más amplio. Creo que, como están las cosas hoy, tampoco nos alcanzaría. Pero habría que intentarlo. 

 

 

-¿Y cómo se instrumentaría ese frente?

-Hay que contar definitivamente con un Partido Justicialista amplio, plural, que estén todos los sectores activos. Pienso en un frente amplio con todas las otras tradiciones culturales que hay en la Ciudad. Y con eso estar dispuesto a hablar con cualquiera que este dispuesto a confrontar con Macri. Hay que sumar otras fuerzas. Incluso, aceptando no ir como fuerza principal.

-¿Ve margen para una alianza que no incluya únicamente al PJ y al kirchnerismo?

-Sí, claro. Tiene que ser.

-¿Está abierta la puerta para el massismo porteño?

-Sí, cualquiera que confronte con el macrismo.

-¿Matías Lammens?

-Sí, claro.