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1989

1989

27/10/2019 11:46

 

“Nos lanzamos hacia lo prohibido y deseamos lo que se nos niega”. Gran frase del clásico Ovidio repetida hasta el hartazgo por Nietzsche, uno de los filósofos modernos que hoy estaría cautivado por la red de 280 caracteres. ¿Quién se animaría a atravesar la línea de los leones, si no lo hiciera envalentonado por esa sed de arrojarse a lo vedado de la que hablaba Ovidio? En esta oportunidad, el peronismo recorrerá ese camino inexplorado, ya que su actual e indiscutible conductora, Cristina Fernández, tomó la decisión inédita de pasarle el bastón de mariscal a Alberto Fernández, un cuadro político partidario más porteño que el Café Tortoni, con el cual el peronismo se apartará de su histórica saga de líderes con olor a tierra adentro, arrancando desde el fundador del movimiento Juan Perón, pasando por Carlos Menem y llegando hasta Néstor Kirchner.

En tal sentido, lejos quedarán las imágenes de coloridas figuras políticas con tonada riojana y patagónica, curtidas por los calurosos y soleados veranos de Anillaco, al igual que por los fríos y ventosos inviernos de Río Gallegos, que hoy ya se están viendo reemplazadas por un aglomerado de jóvenes metropolitanos que se mimetizan con un líder político moldeado en el sofisticado ambiente de la Universidad de Buenos Aires, así como en los fogones animados con las melodías setentistas de Litto Nebbia y el flaco Spinetta.

¿Será ello premonitorio de una nueva hoja de ruta política que incorpore un apartado especial referido al esquivo vínculo del peronismo con el electorado de clase media porteño y, de paso, con el de la Cataluña argentina, la provincia de Córdoba? ¿O simplemente será una reconstrucción del modelo 2003 con centro en el eje político entre el conurbano y las provincias periféricas?

 

 

En ese aspecto, la acuciante necesidad de generar divisas por vía de exportaciones, en un contexto donde China no empuja el precio de las materias primas al cielo, exigirá al virtual presidente Alberto Fernández la generación de un flamante libreto político que, al tradicional guión K, le incorpore un capítulo específico sobre la relación con las provincias, léase productores y electores, que comprenden los núcleos generadores de riqueza que, salvo Vaca Muerta, se encuentran localizados en el interior bonaerense y en el cordón de la pampa húmeda de las provincias de Santa Fe y Córdoba.

En ese terreno, el latiguillo de la productividad y las exportaciones que ya amaga a convertirse en el hit del próximo verano, choca de frente con la expectativa inmediata de que el nuevo gobierno mejore los salarios reales o, al menos, neutralice los estragos en el bolsillo producidos por la inflación. Este duelo entre la coalición productivo exportadora asentada en las provincias, versus la coalición redistribucionista anclada en el área metropolitana, se definirá por penales. Final incierto. Hic Sunt Leones.

 

 

Es precisamente en este ámbito, donde emerge la grieta de origen de la fórmula presidencial Les Fernández, definida por Cristina bajo la presión del resultado electoral provincial de Córdoba del 12 de mayo pasado. Aquel fue el momento clave que parió esta nueva aventura del peronismo. Apenas el gobernador Schiaretti amagó ese domingo con convertirse en el bastonero de una tercera vía política sólida, Cristina primereó y anunció el 18 de mayo, el sábado siguiente, la unción de Alberto Fernández. Golpe de knock out que habilitó la inmediata adhesión de ocho gobernadores peronistas, la pulverización de la aventura política de Roberto Lavagna, aunque al alto costo de reproducir en la fórmula presidencial, las tensiones entre los intereses políticos y económicos divergentes del binomio Menem-Duhalde en 1989.

 

 

En esa oportunidad, a Menem le tocó administrar sus intereses políticos nacionales, mientras que a Duhalde le correspondió proteger su capital político en la provincia de Buenos Aires. Inclusive, el lomense hasta se desenganchó de la silla vicepresidencial en 1991 y volvió a La Plata a custodiar sus intereses territoriales provinciales, apoyándose sobre el jugoso Fondo del Conurbano negociado oportunamente con el riojano. En ese aspecto, Cristina hoy reproduce tal situación, aunque a través de una figura de su propia cantera, Axel Kiciloff, que hoy no está explicito con que fondos contará para gobernar la provincia inviable. ¿Será un Fondo del Conurbano II la letra chica de aquel café a solas en la segunda semana de mayo pasado? Si no fue así, este partido también se definirá por penales. Final incierto. Hic Sunt Leones.

Al gobierno del presidente virtual Alberto Fernández le tocará administrar un contexto internacional inédito para el peronismo pos democracia. No es el mundo unipolar de Menem en 1989. Tampoco es de las súper materias primas de Kirchner 2003.

Por último, al gobierno del presidente virtual Alberto Fernández le tocará administrar un contexto internacional inédito para el peronismo pos democracia. No es el mundo unipolar de Menem en 1989, donde los escombros del Muro de Berlín, le indicaban claramente el camino tomar: globalización, Consenso de Washington, privatizaciones y desregulaciones. Tampoco es el mundo de las súper materias primas de Kirchner 2003, fogoneado por una China que crecía al doble dígito y que permitió sostener políticas de estímulo del mercado interno, en tándem con otros países de la región que no paraban de crecer, a la par de sostener políticas de inclusión social.

En esta nueva etapa, al peronismo le tocará enfrentar un mundo plagado de incertidumbre, donde ningún alineamiento “carnal” le brindará mayores ventajas y donde el leit motiv del momento es forjar acuerdos que permitan fortalecer el potencial exportador del país, sin distraerse demasiado con el color ideológico del potencial socio comercial. Que el gato sea blanco o negro importa poco, mientras cace ratones. Más aún, esta necesidad de pragmatismo se profundizará en la medida que persistan los inéditos conflictos en la región. Ayer fue Ecuador y Perú, hoy es Bolivia y Chile, mañana bien podría ser un conflicto entre Brasil y Venezuela por los derrames de petróleo en el nordeste del país. Argentina quizás podría aprovechar esas divergencias regionales, ya que hoy, toquemos madera, somos casi la única democracia estable de la región. ¿Nos tentaremos nuevamente con el daño autoinfligido? Final incierto. En Argentina siempre es así. De esta línea en adelante, los leones.