TURBULENCIA PERMANENTE

A 32 meses de asumir, el Gobierno vuelve a ponerse el traje de bombero

Macri llegó al poder para que Argentina no fuera Venezuela. En marzo de este año aseguró que "lo peor ya pasó". Cinco meses después, la debacle económica lo obliga a retomar esa estrategia discursiva.

Lo dijo Marcos Peña el domingo durante una entrevista con La Nación. Lo repitió Nicolás Dujovne en los primeros minutos de este miércoles en el programa de Alejandro Fantino. "Tenemos una responsabilidad muy grande: evitar una mega crisis como la de 2001”, fue la frase con la que, curiosamente, buscó transmitir tranquilidad ante un escenario económico por lo menos complicado.

 

A 32 meses de gestión y ante lo que por ahora es un fracaso de su plan económico, el Gobierno se ve obligado a sacar del placard el traje de bombero que el propio presidente Mauricio Macri había guardado con una frase que lo hizo esclavo en la Asamblea Legislativa de este año: “Lo peor ya paso”.

 

 

Ese día, el jefe de Estado volvió a utilizar esas cuatro palabras en su discurso de apertura de sesiones legislativas como parte de su retórica optimista. Ese slogan, que esa mañana del 1 de marzo nada tuvo de improvisado, ya había sido empleado en varias oportunidades por el mandatario.

 

Ante los legisladores, repasó su gestión y prometió una mejora visible en la economía: “Ahora vienen los años en los que vamos a crecer, las transformaciones que hicimos empiezan a dar frutos, a sentirse", resaltó con entusiasmo cuando aún el Gobierno sostenía su recalculada meta inflacionaria en 15% para el año y el dólar estaba a $20,40.  

 

Sin embargo, los datos económicos que se conocieron en abril comenzaron a preocupar al Gobierno: la inflación de marzo fue del 2,3% y acumuló en el primer trimestre del año un 6,7%. La idea del 15% para fin de año parecía desvanecerse, pero los funcionarios de Cambiemos se negaban a reconocerlo y presionaban a los gremios para que cerraran las paritarias en torno a ese número.

 

 

 

“Lo más complejo de la inflación está terminando ahora. Sabíamos que los primeros cuatro meses eran más complejos por los reacomodamientos tarifarios que faltaban. Nosotros seguimos trabajando para cumplir la meta del 15%”, se escuchó decir al jefe de Gabinete, Marcos Peña, en varios medios de comunicación.

 

Mientras tanto, en los mercados financieros comenzaron a encenderse las primeras luces de alarma con la suba del dólar. Es que en los primeros días de mayo se inició la corrida que generó que la divisa alcanzara los $25,40 a fin de ese mes, obligando al Banco Central a subir la tasa de política monetaria en 675 puntos al 40%. La estrategia para frenar la escalada de la divisa no funcionó.

 

En ese contexto, el Gobierno negociaba con el Fondo Monetario Internacional (FMI) un préstamo de 50.000 millones de dólares para calmar los mercados. A cambio, Macri se comprometía a reducir más rápidamente el déficit fiscal, a desarmar las Lebac y a cerrar el año con una inflación del 27%, con un tope del 32% que obligaría al Gobierno a acudir al directorio del Fondo para pedir flexibilidad.

 

Pese a los pronósticos negativos de los economistas y ante las críticas de la oposición, el Presidente seguía mostrándose optimista sobre el futuro: “La turbulencia cambiaria la consideramos superada, pero es importante reconocer el momento de nerviosismo que se vivió en varios sectores de la población. Hubo miedo y angustia", sostuvo durante una conferencia de prensa en Olivos.

 

El 14 de junio, se inició una nueva corrida cambiaria que sepultó la tranquilidad del equipo económico de Macri. De hecho, fue el fin de Federico Sturzenegger como presidente del Banco Central y Luis Caputo ocupó su lugar. El valor del dólar continuó subiendo y alcanzó, en ese momento, el máximo histórico de $29,57.

 

Fue entonces cuando el Gobierno dejó de hablar con  optimismo y reconoció que se venían “meses difíciles”. “El shock externo y la crisis cambiaria van a tener un impacto con algunos meses recesivos”, admitió Peña.

 

 

 

Un mes después, Macri calificó de “tormenta” la situación económica y reconoció que hubo un “exceso de optimismo” en las metas de inflación. “Muchos argentinos sienten frente a la tormenta que estamos atravesando que estamos afrontando una crisis similar a otras del pasado, pero yo creo que no es así”, dijo en referencia a la crisis de 2001.

 

Lo cierto es que las medidas desesperadas que toma el Gobierno para contener el dólar, calmar a los mercados y generar confianza en los inversores externos no están dando resultados. Con un dólar por encima de los $30, una economía en recesión y un inflación que promete terminar el año por encima del 32%, los funcionarios decidieron volver ponerse el traje de bomberos para combatir el incendio que pensaban haber dejado atrás.

 

"Tenemos una responsabilidad muy grande: evitar una mega crisis como la de 2001”, aseguró Dujovne este miércoles, abandonando así cualquier eufemismo para relativizar el complicado panorama económico. Curiosa fórmula para recuperar la confianza.

 

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