#8M ¿Mucho tiempo más para obviedades?

Hombres, a la hora de adjetivarnos, todas sabemos que somos cariñosas, sensibles, "diosas", simpáticas, intensas, dulces, cálidas, expresivas, atentas, intelectuales, laboriosas, bondadosas, comprensivas, madres nutricias.

 

A todos, ¡gracias! Aunque, a la hora de trabajar, de tener autonomía en nuestras decisiones empresarias o políticas o de oficios, de ser verdaderas actoras sociales y económicas de nuestro país, las cualidades que eran positivas resultan negativas. Los adjetivos cambian sustancialmente, para convertirnos en débiles, locas, peligrosas, "ingenuas", sensibleras, invisibles y, a veces prostitutas.

 

No es la intención aquí recorrer los versos de Sor Juana Inés de la Cruz allá por el por el 1500 ni traer a cuento a la genial Simone de Beauvoir. Creemos sí que, tras siglos y más siglos de pedir permiso, estamos más cerca de un ataque de nervios que de la Diosa Venus. 

 

Casi 300 femicidios en un año, el que pasó. 300 mujeres asesinadas en nuestro país, en un año, en pleno siglo 21. 80 mil denuncias por violencia y abusos. ¿Qué será aquello que no se entiende? ¿Será que aún hay tensiones entre la esclavitud y la independencia? Aunque parezca mentira, sí las hay, pero recordamos que el femicidio ya está legislado. No hay vuelta atrás. Y es en la justicia donde esperamos más presencia de mujeres a cargo de tribunales: con excelentes calificaciones, sus nominaciones duermen cual bella durmiente. ¿Se hará justicia?

 

 Y qué si vamos con los empresarios de nuestra maravillosa Ciudad de Buenos Aires: sólo el 2,2% de los directores de empresas son mujeres, mientras tenemos el 48% de la matrícula en Ciencias Económicas cubierta por ellas. ¿Y las trabajadoras rurales? Son nuestras heroínas del motor de desarrollo.

 

 

 

¿Será por falta de idoneidad, varones? ¿Y qué con los sindicatos que no acatan la ley de cupo? ¿Y qué de los salarios un 30% más bajos? ¿Y las licencias por maternidad y paternidad? ¿Vamos a discutir mucho tiempo más si resulta redituable para las empresas o no? Ese progenitor volverá a sus tareas habiendo hecho un máster en educación, en organización, en ternura y paciencia.

 

Pragmatismo al palo. ¿Mucho tiempo más entre obviedades?

 

Argentina, que ha sabido ser cabecera de playa de la intelectualidad mundial, por tantos motivos políticos y sociológicos, está detrás de discusiones cuyos temas, a todos, nos gustaría cambiar. Logramos la paridad con artilugios y picardía femenina.

 

Buscaremos alguna estrategia para entrar al "Impenetrable", ese reducto de poder y negocios indescifrables que es la AFA. Y no para darnos un gusto, sino para recuperar, con nuestras manos transgresoras, la pasión argentina para las familias, para que deje ser una cofradía y volvamos al fair play en todos los ámbitos.

 

Fraternidad mundial, eso anhelamos. Para lograr bienestar y paz, dejando huellas y no cicatrices.

 

Hombres y mujeres complementados, sin estereotipos marginales.

 

Y ahora sí es tiempo de darle paso a la imbatible Beauvoir. Muchachos: la liberación de las mujeres es una condición sine qua non para la liberación de los hombres. Ella lo afirmó hace medio siglo atrás: “El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal”.

 

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