Crisis Fruticola

En Río Negro creen que “una política de comercio internacional” salvará al Valle

En diálogo con Letra P, el secretario de Fruticultura de la provincia analizó la actualidad de los productores. “Tenemos muchos problemas”, se sinceró.

En el día que los chacareros del Alto Valle de Río Negro y Neuquén regalan toneladas de fruta en Plaza de Mayo, uno de los responsables para que el sistema de producción les otorgue la ansiada rentabilidad que demandan explica las causas de los problemas y cuál es la mejor vía para salvar a una histórica economía regional. “Debemos tener una muy buena política de comercio internacional”, le asegura a Letra P el secretario de Fruticultura rionegrino, Alberto Diomedi. Luego de un encuentro con enviados del Ministerio de Agroindustria de la Nación, en el que se despliegan acciones directas para los procesos de producción que se avecinan antes de la primavera -con una inversión cercana a los 100 millones de pesos-, habla de la protesta de las Federaciones de productores que reparten peras y manzanas en el centro porteño, o de las mejores vías para darle fin a un conflicto de larga data.

 

-¿Qué reflexión hace de la situación de los productores y cómo se entiende el reclamo en Plaza de Mayo?

 

-Ellos están en su lógico deber y derecho de reclamar. La situación no es fácil porque el año, desde que empezó, no fue para nada sencillo. Recorrí el Valle el último fin de semana y observé como un alto porcentaje de la tierra no recibirá los trabajos culturales del invierno (movimiento de suelo, fertilización y poda) y eso afecta a los productores. También hay que hablar del proceso inflacionario que se vive y sacó del circuito a varios. Lo que pasa en Plaza de Mayo no sé si es una protesta o una forma de mostrarle al país lo que sucede con una economía regional, con sus reales problemas. A consecuencia de lo que pasamos en los últimos años, se llegó a esto. Es bueno que se sepa cuánto sale producir un kilo de manzana.

 

-Los productores dicen que, lentamente, en el Valle hay un proceso de extinción de la Fruticultura

 

-Es muy complicado. Es cierto que se perdieron muchos productores pero también hay que pensar que el mundo se puso muy “productor” de peras y manzanas. El Alto Valle era el número uno pero hoy, si se observa la región, también están Chile, Brasil, Uruguay, Colombia, Ecuador, Méjico, Estados Unidos y Canadá. Europa y Asia tampoco paran de producir. Hay nichos, calidades y cantidades que expanden la oferta. Decir que se está extinguiendo es fuerte, pero es cierto que tenemos muchos problemas.

 

-¿Cuánto afecta a la Economía la importación de fruta?

 

-Eso impacta en unas 60 mil toneladas. Eso tiene que ver con la oferta y la demanda de nuestra fruta. Nosotros, desde aquí, obligamos que se informe del stock de fruta en frío. Muchos especulan el mejor precio pero, si no hay fruta en el mercado, se importa fruta. Hay que tener cuidado con eso, ser equilibrados, porque los italianos también pueden determinar cerrar las puertas para nosotros.

 

-Con todo lo que dijo ¿qué panorama tiene de la producción?

 

-Tenemos que trabajar y afianzar lo que tenemos hoy. La calidad de nuestra fruta se paga y quiere en el mundo. No hay una pera que reemplace el sabor de nuestras peras, esto lo vimos en una visita hace poco tiempo (a Italia), por eso debemos tener una muy buena política de comercio internacional. El mundo quiere nuestros productos pero no los espera. Desde la provincia de Río Negro trabajamos de manera integrada con la provincia del Neuquén y autoridades nacionales.

 

-¿Qué piensa sobre la creación del Instituto de la Pera y la Manzana?

 

-Mi propuesta es invitar a todas las autoridades nacionales y provinciales, además de los integrantes en la cadena de la Fruticultura, para que salga un Norte consensuado entre todos en octubre o noviembre. Muchos hablan del tema, pero pocos saben del tema. El poder político anterior (por el kirchnerismo) no me lo dejaba hacer pero espero hacerlo entre esos meses. Acá el único problema es la fruticultura.

 

Rolando Figueroa y Alberto Weretilneck. La Patagonia está en alerta.

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