Las valijas de José

El arzobispo Di Monte: desde la dictadura a los Kirchner, siempre cerca del poder

Ultraconservador, el sacerdote que acercó a De Vido al monasterio de General Rodríguez tenía mala relación con Bergoglio. La polémica campaña por Malvinas, Moneta y la Basílica de Luján.

La detención del ex ministro de Obras Públicas José López cuando arrojaba bolsas de dinero sobre el terreno del convento Nuestra Señora de Fátima, ubicado en el partido de General Rodríguez, llevó a la sorprendente revelación sobre el nexo entre el ex ministro de Infraestructura Julio De Vido y el arzobispo emérito Rubén Di Monte, quien pasó sus últimos años de vida en el monasterio donde falleció, en el mes de abril.

 

De orientación conservadora, Di Monte forjó durante la dictadura una relación cercana con los integrantes de la Junta Militar y sus ministros, así como con el ex presidente Carlos Menem y con el matrimonio Kirchner. “Nunca tuvo peso dentro de la Conferencia Episcopal, pero siempre se ocupó de mostrarse cercano al poder de turno”, dice el director de la revista Criterio, José María Poirier.

 

Nacido en Luján, Di Monte fue designado obispo auxiliar de Avellaneda, durante la dictadura, y se quedó a cargo de la diócesis cuando Antonio Quarracino, entonces obispo, fue enviado al Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), en Colombia.

 

“Desde ese lugar, Di Monte forjó una relación cercana con la Junta Militar. En 1982, para quedar bien con (Leopoldo) Galtieri, encabezó una polémica campaña para regalar rosarios a los soldados que iban a Malvinas. Eso generó muchas críticas en los demás obispos,”, relata Poirier.

 

De poca relación con el gobierno de Raúl Alfonsín, a mediados de los ´80 Di Monte fue designado arzobispo de la arquidiócesis de Mercedes-Luján, donde tuvo una gestión “muy pobre y cuestionada por otros obispos por lo clerical y conservadora”, pero que le sirvió para acercarse a Menem.

 

El 26 de mayo de 2003, Néstor Kirchner lo bendijo con su primera decisión administrativa. Bajo el número 57/2003 resolvió modificar la distribucion del presupuesto nacional “a los efectos” que demandase “la ejecución del proyecto Basílica Nuestra Señora de Luján”.

 

Kirchner visitó la basílica por primera vez en octubre de ese mismo año y firmó allí mismo el contrato de restauración del edificio, que tuvo a su cargo la empresa Teximco S.A. Según informó en ese entonces el Gobierno, los trabajos, que incluían arreglos en la fachada principal, las torres y el balcón demandarían una inversión de 4,9 millones de pesos. Entre los asistentes a la ceremonia estuvo el banquero Raúl Moneta, propietario de una estancia en la zona. Negado por el kirchnerismo, Moneta llegó a la basílica invitado por su amigo, el arzobispo Di Monte.

 

Desde entonces, Di Monte forjó una cercana relación con Julio de Vido y con su mujer, Alessandra Minicelli, y se transformó en el “consejero espiritual” del matrimonio. A través del ex ministro, se mantuvo siempre cerca de los Kirchner, a quienes recibió varias veces en Luján, mientras ellos congelaban su relación con Jorge Bergoglio, por entonces arzobispo de Buenos Aires.

 

“La relación entre Di Monte y Bergoglio siempre fue mala y eso quedó muy claro cuando Bergoglio fue presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, de la que participan todos los obispos”, dice Poirier.

 

Cuando se jubiló, a los 75 años, Di Monte dejó Luján y se mudó al convento de General Rodríguez, que solían frecuentar ex funcionarios y donde fue detenido el ex número dos de De Vido.

 

Federico Otermín y Nicolás Kreplak
En Unidos temen del poder de Maximiliano Pullaro para imponer condiciones en el proceso de reforma constitucional.

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