Enemigos íntimos

Urtubey-Romero, un pacto político con la mira en Salta, la Nación y la Justicia

Trabajan en una estrategia conjunta para las legislativas 2017. El gobernador se enfoca en su plan presidencial y el senador no se preocupa por sus causas por enriquecimiento. El rol de El Tribuno.

El histórico encuentro que el 11 de marzo cruzó al gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, y su archirrival y antecesor, Juan Carlos Romero, va más allá de un pacto de no agresión tras largos años de enfrentamiento: es un acuerdo político. Va desde el rearmado del PJ provincial con la chance de competir unidos en las elecciones del año próximo hasta el control de los medios locales más influyentes, con ramificaciones que llegan hasta la Justicia salteña.

 

Urtubey y Romero fueron los protagonistas de una guerra de índole personal de larga data, tan álgida que cuesta encontrar casos similares o siquiera comparables en otras provincias. Tres meses atrás firmaron una paz enfocada en el mediano y largo plazo. Más claro: en las legislativas 2017 y las nacionales 2019. Una paz que sólo se pudo alcanzar en un contexto específico, formado por dos variables. Una, la salida del kirchnerismo del Gobierno nacional; la otra, la llegada de Mauricio Macri a ese escalón de poder. Un dirigente con el que ambos mantienen una aceitada relación.

 

“El kirchnerismo dividió y nos enfrentó: fuimos parte de esas consecuencias”, dijo Romero tras esa cumbre. Y hasta arriesgó un respaldo a Urtubey en su puja presidencial: “Si el gobernador de Salta tiene éxito en su presentación nacional, hay que apoyarlo”.

 

Otro punto importante que sirvió para allanar el camino hacia el reencuentro fue que dejaron de compartir objetivos. Tras muchos años de Urtubey luchando por retener la Gobernación y Romero pujando por arrebatársela, ahora el mandatario ya no podrá ser candidato en 2019 y Romero, tras perder los comicios del año pasado por más de 20 puntos de diferencia, ya manifestó que no volverá a ser candidato al cargo que ocupó entre 1995 y 2007.

 

WIN-WIN. Este acercamiento le permite a Urtubey mantener a Salta controlada y sin conflictos, que no le surjan problemas en el pago chico para enfocarse en su candidatura presidencial. También le alcanzó para que El Tribuno, el diario más importante y de gran influencia en la opinión pública salteña, baje desde fines del año pasado -y así se mantuvo en lo que va de 2016- su línea de confrontación con Urtubey. A su vez, la publicación empezó a dedicar algunas páginas extra a la crítica sobre la administración de Salta capital, en manos de Gustavo Sáenz, quien llegó a la Intendencia como candidato del Frente Renovador de Sergio Massa y no esconde sus aspiraciones a la Gobernación en 2019. No preocuparse por la portada del matutino es una victoria para Urtubey. El dueño de El Tribuno es Romero.

 

A Romero, en cambio, las mejores noticias de este pacto de paz le llegan desde el Poder Judicial. Como informara Letra P tiempo atrás, al senador lo persigue una ola de denuncias por enriquecimiento ilícito y malversación de fondos públicos, delitos presuntamente cometidos durante su gestión como gobernador. Estas causas tienen su correlato en Buenos Aires: tanto en la gestión de Amado Boudou como en la actual de Gabriela Michetti, la presidencia del Senado jamás habilitó los pedidos de desafuero que llegaban para que el senador salteño se presentara a declaración indagatoria. Fuentes de la Justicia salteña admitieron a este medio, por otro lado, que todos esos expedientes se aletargaron en los últimos meses. Una forma elegante de decir que, por el momento, no saldrán del cajón en el que están guardados.

 

ACUERDO. La construcción de una alianza electoral es más compleja y, según esbozan desde Salta, en el corto plazo no dependerá de la buena sintonía entre Urtubey y Romero sino de su propia conveniencia. La evaluación que se hará, en épocas más próximas al cierre de listas y de alianzas, será la imagen del Gobierno nacional y del presidente Macri en la provincia.

 

El año que viene, la provincia norteña renueva tres de sus siete bancas en la Cámara de Diputados de la Nación, las de Evita Isa, quien responde al gobernador y es parte del bloque Justicialista; Guillermo Durand Cornejo, diputado y ex candidato a intendente de PRO, y Pablo López, quien en 2013 dio el batacazo y se transformó en legislador por el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT).

 

Lo que deslizan tempranamente operadores políticos del peronismo salteño es que, hoy, en Salta podría partirse el escenario en tres: el peronismo de Urtubey y Romero, el macrismo y el massismo. Si el año que viene Macri mantiene su buena imagen en el distrito, lo más lógico sería que los ex rivales y hoy aliados jugaran por separado, lo que aseguraría al oficialismo una banca –como mínimo- y dejaría al romerismo compitiendo mano a mano con PRO y el Frente Renovador por las dos restantes.

 

Si, en cambio, Macri sostiene la pendiente en su imagen que no logra detener desde que asumió la Presidencia, podrían arriesgar una lista única del PJ. Esta chance todavía está muy verde y se definirá con todas las encuestas posibles desplegadas sobre la mesa. Lo que tiene definido Romero es que intentará hacer pesar su apellido y pondría en la línea de competencia por una banca en el Congreso nacional a su hija Bettina Romero, de 37 años y con buena llegada al macrismo. Tiene relación directa con el ministro de Gobierno bonaerense, Federico Salvai, hombre muy cercano a la gobernadora María Eugenia Vidal.

 

Lo que descartan en las filas de Urtubey es que, llegado el momento de elegir al sucesor en la Gobernación, ese nombre surja de un “consenso” con Romero. Si el acuerdo alcanzado sirve para reordenar administrativamente al PJ local, seguramente se utilice ese sello como paraguas del futuro candidato a gobernador. Se lo presentará como un candidato del peronismo, pero será el candidato de Urtubey.

 

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